Infantil

23 septiembre 2008

He perdido la noción del tiempo. Sé en qué año estamos, aunque no sé muy bien qué significa esto. Dos mil cinco, nací en el treinta y tres, así que ahora debo tener nueve o diez años, aún soy joven.

Miro a mi alrededor, estoy rodeado de viejos. Cada día más arrugados encorvados del peso de su propia edad, presos de un cuerpo frágil. Me comparo con las imágenes del televisor, de las revistas, también llenas de ancianos. Deben tener entre veinte y treinta y pico. Nunca se sabe con esto de las operaciones. Aún sigo siendo un crío a su lado.

Una vez pasé por quirófano, no por aparentar lo que no soy, no tenía arrugas que planchar. Quise retrasar mi madurez y ahora debo aparentar tres años- ¿a que nadie diría que ya tengo dieciocho?

Pensar en esto me da dolor de cabeza. El otro día escuché en el telediario que se habían disparado las ventas de aspirinas infantiles. Es curioso porque ya no veo niños por las calles. A parte de mí, todos son como momias. Incluso el presentador, actuando como un adolescente que no se admite tal cual es, no como yo, que nunca renegaré de mis cuatro añitos tan bien llevados.

Debo ser el último niño de la tierra. Me tomo mi aspirina sin un buen resultado. Nunca lo tiene pero soy joven, eso es lo importante, tengo nueve meses.

LaRataGris.


La cultura del dinero

17 septiembre 2008

1.El precio de un CD.

Veinticinco de Noviembre:

Oscar siempre apuntaba el dí­a en que había tenido una idea que él creía excepcional. Lo hizo al escuchar hablar del canon que debía salvar la cultura y él consideró estúpido. -“ Te dicen que no puedes copiar un CD si no pagas a su autor“- escribía a finales de mes -“ y, por otro lado, te explican que los compactos serán más caros para sacar el dinero que no obtienen de la piratería. Así, si no copias algo prohibido te están timando, pagas más del uso que le darás. Te incitan a delinquir para no ser un primo“- concluyó tajantemente su aseveración, marcando el año en que había concluido el tema y rubricándolo con su firma. Igual que siempre terminaba sus ideas geniales.

2.La idea genial.

Oscar vivía en una tensión constante, a la espera de que los momentos de lucidez no le pasasen desapercibidos. Siempre llevaba consigo una pequeña libretita, en la que poder dejar cualquier pensamiento, y dos bolígrafos, por si alguno de ellos fallaba le quedase el otro.

No podía descansar ni en el placer de un sueño, por eso, pasada la medianoche se despertó oprimido por la ansiedad. Palpó a oscuras, buscando su libreta y, sin encender la luz, garabateó como pudo la fecha y una palabra para recordar al despertarse lo que había imaginado.

Sonó el despertador, como un acto reflejo se incorporó para leer lo que había escrito- Veinticinco de Noviembre. Cuento-, atravesando en diagonal la página. Con una letra que más parecía un jeroglífico-«Cuento“ – pensó antes de comenzar a desgranar lo que podía ser“- recuerdo un caballo blanco, una película tonta de la tele y justo antes de ser atrapado por Morfeo…-sin darse cuenta, dejó que sus maquinaciones arrastrasen a la mano, guiando la pluma por los vericuetos de una de las historias más hermosas que nadie halla podido inventar. Un año le llevó concluir las veintisiete páginas, con sus revisiones y retoques, hasta que finalmente se sintió satisfecho y la coronó con la firma y el año en que concluyó.

Dos mil cuatro.

3.A cien un pensamiento.

Fue nada más acabar su historia cuando Oscar se vio impelido a escribir de nuevo. Sabía que aquellas líneas eran lo mejor que había escrito nunca, que cualquiera se sentiría orgulloso de hacerlas suyas y el, que quería compartirlas, quería evitar que cualquiera escribiese otro nombre al acabar aquel texto. Por eso apunto -“ Dos de Diciembre. La tierra para quien la trabaja pero, y los pensamientos, ¿a qué precio están actualmente?¿Defiende, realmente, la SGAE el derecho de todo autor?- dejó el texto inacabado, a la espera de informarse y luego confirmó sus sospechas, con las que terminó de escribir -“ No basta con las ideas. Para que el pensamiento te pertenezca primero tienes que pagarlo. Si no, aún con la autenticidad de la firma, es como un anónimo del que cualquiera puede apropiarse. Es curioso pagar por un placer que nace de uno mismo. Sobre todo si se tiene en cuenta que no se quiere sacar ningún beneficio de él“- miró sus bolsillos vacíos -“ Tendré que esperar a compartirlo hasta que solucione el problema del hurto intelectual.

4.Las multas del pensamiento.

Finalmente, Oscar, decidió arriesgarse. Un domingo de invierno salió a la calle con una silla y se puso en pie sobre ella. -“ Señoras, señores. Disculpen si les molesto en algo pero, aquel que no quiera escuchar es libre de marcharse sin haber recibido ofensa alguna a su intelecto“- Apenas cuatro se quedaron a escuchar el resto del discurso- «Soy escritor y mi dinero no es el suficiente para proteger mis textos de posibles ladrones. Por eso apelo a ustedes. Me gustaría compartir con ustedes un cuento que creo será de su agrado. Por favor, escúchenlo y, si en verdad lo consideran interesante, les agradecería unas monedas que me permitan atarlo a mi“ – Dicho esto sacó unos papeles y comenzó a leer para ver cómo, poco a poco, más gente se iba acercando a su círculo. Aquel día muchos llegaron tarde a sus citas y los móviles de sus oyentes se silenciaron para no interrumpir la hermosura de las palabras. Sin embargo, a pesar del placer, pocos dejaron constancia monetaria de la diversión que habían obtenido.

En cualquier caso, el experimento no había sido un fracaso y, pasada una semana, habiéndose corrido la voz, un público numeroso esperaba al nuevo juglar del reino. Y a la siguiente aún se apretaban más personas, cada siete días la aglomeración era mayor, hasta que, por fin, le dio a Oscar para pagarle a la SGAE.

-«Oscar Antonio Sánchez“- leyó el funcionario su carnet y el ordenador- «Celebramos que haya venido. Un segundo, por favor.»

Juzgó extraña la coletilla, era como si le estuviesen esperando sin él haber anunciado visita alguna. En apenas un minuto apareció tras la ventanilla otro funcionario, este con una carpeta de color negro en la que se leía su nombre sobre una pegatina.

-Señor Sánchez, pase por aquí, por favor – No parecía ser amigable a pesar de las buenas maneras- le informo que el señor Bayona, propietario legal del texto Historia de un cuento corto, le ha demandado por utilizarlo sin su permiso para obtener dinero. Aún no le habíamos enviado la carta pero su providencial visita nos ahorrará ese trámite. Si es tan amable de firmar sobre la línea de puntos y pagar su deuda desestimaremos emprender cualquier acción contra usted.

5.Sin dinero ni futuro.

Oscar no creía que la justicia fuese la mejor solución para alguien sin poder. Aún así, se embarcó en la defensa de lo que era suyo.

Reconoció al señor Bayona como uno de tantos. Lo recordaba por sus repetidas asistencias a su monólogo de los domingos. Nunca pagaba por lo que escuchaba y, sin aviso previo, dejó de aparecer por allí. Ahora volvía a verlo cada día, en todas las revistas donde le preguntaban cómo se le había ocurrido aquel bestseller que lo había hecho famoso. Había amasado tal fortuna que podía permitirse las minucias de un proceso largo. Oscar, en cambio, perdió su trabajo por las continuadas ausencias para asistir a las vistas y se había quedado sin nada por ganar lo que ya había perdido de antemano. Gastó su último euro en comprarse una libreta y desapareció de la vida pública. Sin dinero y, al precio que están las cosas, obviamente, sin futuro.

6.Escondido.

Veintinueve de Noviembre.

Prácticamente no apunto nada, lo guardo todo para mi, aunque ahora mismo eso no tiene importancia. Cuando estás en un sanatorio mental cualquier cosa que puedas pensar es considerada una locura tonta que no lleva a ningún sitio. De todas formas, prefiero no arriesgarme, sé que los celadores registran mis pertenencias y alguno podría tener la inteligencia suficiente como para saber qué está leyendo.

Los demás locos respetan mi intimidad, no hablo con casi nadie y lo único que sé del mundo exterior es que todo ha sido como una canción de verano. No ha publicado nada más interesante, pero con lo que ha obtenido ya puede vivir tranquilamente. Me consuela el saber que yo me llevó parte de su fortuna al obligarle a pagar las minutas de sus abogados.

El doctor dice que me estoy curando de mi manía persecutoria, yo sé que si me sacan mataré a ese cabrón. Creo que se lo diré para que alargue mi estancia aquí, me siento a gusto porque tengo mucho tiempo para pensar y ya he escrito en mi cabeza cuatro cuentos más, querría acabar un quinto antes de salir, espero que sea posible.

dos mil cuatro

LaRataGris.


El pepino

2 septiembre 2008

Y de repente, amaneció un día en que un inmenso pepino había aparecido en medio de New York. Al principio algo que no me afectaba por que yo estaba cómodamente sentado en mi casa de Carcelona, a mogollón de kilómetros del problema. Pero claro las plantas crecen. Y, en un instante aquel vegetal enorme había invadido todas las calles y callejas de mi ciudad. La gente lo inmortalizaba como posesós, deseosós de ganar algún certamen fotográfico sobre cucurbitáceas. Tod?s pensaban que su instantánea obtendría el premio por retratar a la más grande y hermosa, aunque claro, siempre era la misma.

Como decía, Teníamos aquel gigantesco ser vivo por todos sitios, bloqueando algunas puertas y ventanas. Como a mi no me cortaba el paso fui por el pan que aún no había traído esa mañana. Por el camino recogí algunas cosas para una ensalada, el pepino era gratis, a pesar de que algun?s avispad?s le habían clavado cartelitos de se vende aún quedaban muchos cachitos libres.

Lo aliñe todo con su aceite, sal, la lechuguita, zanahoria y otros condimentos. Mientras me la comía puse la tele para ver si hablaban de mi plantita, bueno, la de tod?s.

Había llegado a todas partes, incluso a los parajes más recónditos del mundo. Sin hacer distinción entre países ricos y pobres. Al llegar había roto algunas cosas y la gente se sintió un poco molesta, pero se fue acostumbrando como a una de esas esculturas modernas que hoy día infectan las urbes. Además, había quien, después de mucho tiempo por fin tenía algo que llevarse a la boca. Y, quizás eso fuese lo peor que podía pasar. Lo dijo un hombre rubio, con barba; un americano, economista o algo así que sostenía la idea de destruirla- ási no devaluara nuestro dinero, de que sirve una sociedad basada en el libre intercambio si todo es gratuito.

El herbicida fue cosa de l?s salvador?s de la humanidad. Un retorno a la normalidad entre verde marchito. Y entonces, de repente, amaneció un día en que nada había cambiado y a nadie pareció importarle.

LaRataGris.


El internauta caído

26 agosto 2008

Estaba en la cocina, sentado en el suelo sobre unos garabatos que acababa de hacer con rotulador indeleble negro. Más allá se extendían los mismos trazos, en diferente disposición, representando un enorme circuito que le había llevado construir toda la mañana, ahora le daba los últimos retoques.

Algún mueble blanco también había sucumbido a su creación. Antes de que lanzara su herramienta de tinta al rincón más alejado, antes de que cayera como un muerte y dejara descansar su obsesión sobre el mármol verde.

Al entrar, su madre lo encontró con la respiración entrecortada y un gemido constante en el que era difícil entender lo que decía, una frase que repetía mil veces; se ha ido la luz. Llorando lo recogió para llevarlo a la habitación, junto al viejo Pentium XXX modificado que le ayudaba a conectarse a un mundo alejado en el ciberespacio. Extendió los cables mientras su mano izquierda le enredaba el pelo en una lenta caricia.- Ya ha vuelto, cariño. No te preocupes, mami lo arreglará todo- Le rasgó la manga de la camiseta, anundándole el retal que había obtenido en el brazo, buscando una vena donde clavarle la aguja del terminal.

El pinchazo le produjo un dolor intenso y reconocible. Sonrió al sentir las punzadas distanciándole de la realidad. Abrió los ojos dejando que media pupila siguiese escondida en el párpado superior y, al estar totalmente implantado, reinició el equipo con un solo pensamiento. Esquivó la barrera binaria y el mar de información rompió en la paredes de sus vasos sanguíneos. Numeros y colores anegaban sus sentidos virtuales provocándole un leve aturdimiento, una extraña presión. Un olor a carne quemada se iba extendiendo. El cuerpo se convulsionó, las pupilas se dilataron mientras se formaba una frase en su fondo negro:

Este programa no responde,

sobredosis.

LaRataGris.


La casa de los espejos

20 agosto 2008

EL HOMBRE QUE NO QUIERO SER

No quisiera que todo lo que dije fuera palabrería vacua. Cascadas de sonidos que se pierden en la corriente de gente sorda. Y, aún así, que he hecho por conseguir uno solo de mis sueños. Si yo mismo no quise escuchar lo que decía. Fui actuando sin pensar que traicionaba mis ideales. Prospere, Amase parte del dinero que critique, incluso lo hornee para que la masa creciera. Cubrí mis pensamientos con trabajo, hipotecas, niños y algo de ilusión en forma de lotería. Escondí los espejos que me enseñaban las canas y arrugas; el ombligo que tapa pies de sátiro.

El alcohol sustituyo la desilusión de los primeros días, la tele por cientos de libros que consumían mi alma en depresiones. Mis cuerdas vocales se transformaron en trompetas y cohetes cuando retransmitían un partido de fútbol. Mis anhelos, llegar a fin de mes. Una carcasa hueca como la de cualquier cobarde…- escucha su mujer la retahíla de este loco al que no reconoce.

Lo mira aterrada, en aquella vieja atracción de feria- ¡ Max!- Mientras el esta en otro mundo, aquel gris que se ve reflejado en el espejo.

Sólo el esfuerzo de tres hombres consigue alejarlo; recuperar su alma para el engranaje que siempre debe rodar en la misma dirección. Después cerraron la casa de los espejos.

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La casa de los espejos no es más que un recinto circular, repleto de espejos, que no para de girar para desorientar así a las gente que entre en su laberinto. Sus paredes reflejan infinitas salidas falsas por las que intentar huir. No importa cual escojas, lo peor siempre se encuentra mirando lo más profundo de tu ser.

LaRataGris.

 


La estrella más cercana al Sol

5 agosto 2008

Subido en una escalera metálica, apoyado en la estrella más cercana al sol, peldaño a peldaño voy superando el miedo a las alturas para poder rozar uno solo de los rayos de ese trazo impreciso que es el dibujo de un niño.

Vaporosas nubes grises se transforman en siluetas conocidas que me saludan, que atravieso mientras acarician por detras de mis orejas susurrando que las estrellas pequeñas son más faciles de conseguir, siempre quietas en su balcón de cielo. Y las miro sin desearlas, sabiendo que si sería más sencillo recoger un puñado y echármelas al bolsillo, para regresar por propio pie a la tierra, pero no quiero puntos de luz. Así que continuo mi ascensión por un metal cada vez más rojo, sin que me abandone la idea que me ronda hasta llegar allí donde no puedo continuar.

Miro mi anhelo, solo alargar el brazo y acariciar su amarillo, soñar despierto. A menos que resbale, que pierdo el equilibrio que mi esfuerzo sea vano- ¡No ha de serlo!- con cuidadode no quemarme recojo la pequeñez que sostiene la escalera la guardo, y siento que agujerea mis pantalones escapando, arrancando rabia que dejo allí en recuerdo de lo que nunca olvidare, que la muerte de una caída me privo de arder cuando yo asi lo quise.

LaRataGris.


Constancia de los comportamientos compulsivos observados en espécimenes de esquemas herméticos

30 julio 2008

Mi vida se desmorona, en los últimos días he sufrido una serie de circunstancias que me han llevado a un caos total. Nunca podré asimilar el cambio. Me gustaba aquella mesa de cocina y cuando ayer mis madres se presentaron con la nueva me sentí un poco vacío. Eso era todo, ya esta, veinte años comiendo sobre ella, y para qué? para nada. Sólo para dejarla pudrirse en un vertedero inmundo mientras los que me rodean ven como me vengo abajo.

Hoy mi padre me ha preguntado por que lloraba a la hora de comer, y he estallado. No he podido evitarlo, como un pequeño homenaje a la que fue mi mesa preferida de la casa. Le suplico que no vuelva a desmontar mi vida con tanta facilidad por que no podría soportar otro giro tan tremendo en mi breve pero intensa existencia. «Veras hijo»- me dijo- «A veces tienes que aprender a reciclarte, a tu madre y a mi también nos costo dar este gran paso, pero si no lo hubiéramos hecho pareceríamos pobretones. Todos nuestros amigos evolucionan, uno incluso tiene una mesa de microondas. La nuestra que es una mesa normalita nos sirve par….»

No pude seguir escuchando, salí corriendo, dando un portazo, buscando mi cálido rincón. Y allí me senté entre la sombra de aquellas dos paredes, donde iba cuando me pasaba esto. Sollozando vi llegar a mi madre que se acerco y me dio un chicle, que por deficiencia materna era sin azúcar. Me lo heche a la boca dejándome inundar por ese sabor a hierbabuena y sonreí.

Ves como a veces no va mal cambiar, antes no tenías ni un triste chicle que echarte a la boca, pero ahora si y eres feliz ¿no?- ¿por qué no pudo callar como siempre hacía ante mi padre? Escupí el derivado del petróleo, otro nuevo cambio y comencé a llorar otra vez. Me quede allí y mi madre se fue, dejándome por imposible y nunca más me volví a quitar aquella ropa.

LaRataGris.


Estáticos en la escalera

15 julio 2008

Fue un jueves. Como casi siempre volvía de la universidad entre las 21:30-22:00 h. Hasta la última parada del metro, salir, escaleras mecánicas, caminando a la salida y otra vez escaleras mecánicas. Iban por la mitad, ya se veía la Luna fuera, cuando de repente, un fuerte crujido las hizo parar. Al principio hay unas vocecillas de protesta, pero pronto se calman.

Una hora de espera, la escalera aún quieta, la gente empieza a impacientarse. Algunos se sientan y el del extremo más cercano al final nos ofrece un cigarrillo, pensando en los demás no lo acepto, para que toquen a más.

Resulta que el gordito de delante vive dos calles por debajo de la de un amigo mío. Se llama Juan, viene de visitar a su madre, se está muriendo en el hospital.

Empezamos a pensar, a pensar que igual hay para rato y se corre la voz de que quizás halla que subir andando, por supuesto todos nos negamos, habráse visto, habiendo escaleras mecánicas vamos a caminar nosotros. HOMBRE!!! Bueeeno vale, el de la camiseta amarillo canario sí que quiere subir, dice que su mujer le estará esperando. Por suerte un buen hombre le deja un móvil, (Si es que lo qu eno solucione la amada tecnología).

Tres horas.

Hemos empezado a contar historias. Juan nos explica una de un amigo suyo que dice que la energía gastada en lujos sobrantes, como escaleras mecánicas, serviría para llevar alimentos al tercer muno. Todos nos reímos de la ignorancia de su amigo. «Si fuera así lo diría la televisión ¿verdad!!!?»- el pobre José esta empezando a delirar. Lo tranquilizamos.»No es por nuestra culpa, Dios lo quiso así para probarnos y estamos superando la prueba bastante bien».

Cuatro horas.

Luisa propone pedir una pizza por teléfono y como tenemos hambre decimos que sí. ( Aunque yo digo que no tengo el monedero para ver si me ahorro algunas pelillas). Las pizzas llegan dos horas y media tarde y exigimos que nos las cobre a mitad de precio, al principio no quiere, pero la perspectiva de no cobrar nada lo convence.

Antonio lleva un periódico y lee lo que nos estamos perdiendo de la tele. Hoy ponían una serie muy buena y por fin Macho le iba a decir a Julia que la quería como a una madre. Un fuerte OOOOH!!! por parte de todos y mientras, se oye un estruendo CRACK!!! volvemos al movimiento… Por desgracia, al pobre que nos ofreció tabaco lo pilla desprevenido. Esta sentado y se le coge la camisa entre los escalones. La sangre sólo salpica a los primeros.

Por fin arriba me encamino a mi dulce casita. Han sido dieciseis horas insoportables. Allí, encerrado. Espero que no vuelva a suceder jamás.

LaRataGris.


El comenubes

1 julio 2008

 

El Comenubes aspira fuertemente mientras el viento le trae su sustento. Frunce el ceño y arquea la boca en una sonrisa de desagrado, Eolos sopla de las ciudades. Se levanta con pereza, estira su cuerpo y bosteza despejándose de su largo reposo.

Desde su nacimiento no recuerda haberse movido nunca hasta ahora. Siempre estuvo sentado, aspirando nubes. Sin mediar palabras con viajeros, que por lo general eran escasos. Hoy, todavía sin mover los labios levanta rojizo polvo a cada paso que da. Cuando llega al final de su desierto, donde su madre le susurro al nacer que había un bosque, no halla nada. El arenal sigue donde alcanza su vista, solo tapado por construcciones humanas, que no dejan albergar menos vida que su propio hogar.

Por las avenidas, puntos negros que andan al unísono, siguiendo un ritmo silencioso. Sin duda los reconoce como de la misma raza que la de algunos de los caminantes que lo visitaron. Parecen los que en su mente se leía humanos, pero no cabe duda que han sido ennegrecidos por los cúmulos que salen de las fábricas.

Sus sueños no parecen haber variado, aún piensan en conquistas y poder, aunque tienen otros nombres para ello.

Comenubes se sienta y cierra los ojos, después de ver como cinco han acuchillado a otro por polvo blanco y papel pintado, decide que no quiere seguir mirando. Con una fuerte inhalación aspira el fantasma que escapa de las chimeneas, le queman los pulmones y la sangre se le hiela. Antes de caer por completo al suelo expulsa todas las nubes que en su vida comió y muere.

Los hombres, acostumbrados como estaban a la polución, caen también al suelo retorciéndose sin poder soportar la pureza del aire.

El comenubes en el suelo, no es lo que era. El pelo ya no lo tiene, se le ha caído y de los largos han nacido arboles, de los cortos flores. Los brazos y piernas se han desecho en pequeños fragmentos, cada uno forma nuevas razas. Del cuerpo se forman montañas, sendas y todo tipo de relieve. La cabeza, separada del resto, sigue igual, pero llorando. DE las lágrimas se forman los mares y la sangre que brota del cuello, aún sin helar, crea ríos y lagos.

Más allá parece que lo vemos sentado en su posición, es su hijo que nació de los genitales, como su padre aspira nubes y escucha los consejos de su madre, que para los dos es la misma. Ella lo mece girando sobre si y el sol. Le susurra cuentos de árboles y pueblos que se creyeron más altos que estos y perecieron. El nuevo comenubes sonríe de su estupidez y queda descansando.

LaRataGris.


Sereno

18 junio 2008

Sereno