Este año he tenido la suerte de que me pidieran un mural para la nueva biblioteca del Folch i Torres. Al acabarla los niños y niñas me han regalado un dossier en el que reinterpretaban mis garabatos.
Yo esto tenía que compartirlo de alguna manera por que es de esas experiencias bonitas que a veces te pasan en la vida y, esas cosas, hay que repartirlas por todos los rincones. Casi que yo ya es con lo que me quedo de este año que acaba.
El pueblo no tiene héroes. Si que hay quien, en un momento dado, comete el error de idolatrar a cualquiera que ostente algo de poder. Los lideres sobran y es necesario apartarlos.
Pero los enemigos del pueblo prefieren levantar estatuas a semidioses inaccesibles, impermutables,… impresiones en buen papel de una idea fácil de vender y mas sencilla de quemar.
Si todo se desmadra sera sencillo hacer caer estos ídolos de barro, romper su figura y decirle al pueblo-¿Ves? no existen los dioses.- Por eso no hemos de tener héroes.
Y si el enemigo atrapa a uno y nos lo enseña con desdén, con la superioridad de quien tiene la autoridad de su parte, el pueblo lo ignorara, continuara caminando porque una imagen no es un pueblo.
Ya no quedaba nadie que reinterpretara los resultados. La computadora continuaba recogiendo datos, no le importaba que el último humano hubiese caído. Los satélites, a los que estaba conectada, habían captado todas y cada una de las muertes y aún así continuaba recogiendo cualquier cambio que no llegaba. No había duda alguna, no quedaban mujeres, ningún hombre, sobre la faz de la tierra, algo que el ordenador no sabia asimilar. Para su base estadística aquel número reducido a cero solo era una evidencia que alguien, más preparado, tenía que explicar.
Los antiguos fantasmas aún recorrían sus salas desiertas, campaban sobre datos objetivos, igual que cuando solo quedaba un millón trescientos mil o unicamente dos, nada cambiaba para su lógica del trabajo. Con aquellas antiguas cifras hubo quien gritó: «desastre», otros decían «limpieza», unos tercero explicaban «ciclo natural», » lucha clases»- O es que ¿no veis como solo sobreviven los más económicamente apto?-,….
Aquella ausencia física era tan evidente que hubiese sido cómico ver a cada muerto defender su postura, doblando los tontos por ciento, haciéndolos propios para que se justificase su ideología. Pero eso no sucedería, la maquina continuaría recogiendo cualquier variación que pudiese surgir. Al menos así estaría hasta que la batería auxiliar se agotase totalmente. Aún pasarían años con estadísticas inexplicables y es que ya no quedaba ningún monstruo que reinterpretase los resultados.
LaRataGris
Y estadística pura, un cien por cien de disfrute en Comic Square o en Payhip
Nada hacia pensar en Juan como alguien extraño. En términos generales era como cualquier otro hombre: un bípedo de orgulloso colgajo balanceándose ajeno a su voluntad. Era, en el sentido más clásico del término, un macho de homo sapiens, aunque quizá tu quieras catalogarlo como a un neanderthal. Puede que esa forma de comportarse tan simiesca fuera lo que más resaltaba en comparación a otros humanos, daba igual del genero que fuesen.
Evidentemente no pertenecía a este tiempo, aunque él se sentía pegado al lugar. Se creía el dueño de todo y todas. Sus padres lo habían educado como a un todopoderoso, un amo sin poder real, vestigio de otra realidad que, en realidad, quedaba lejos. La gente, algo más evolucionada, había empezado a mirarlo como a un bicho raro, sin cabida en el mundo. Y el mundo, que giraba incluso con él, hubiese sido un lugar más tranquilo sin sus tonterías. Por eso al morir, aunque desaparecía el último hombre sobre la tierra, se acababa una especie, nadie lo echo de menos, nadie intento salvarlo.