Los futuros que perdimos

14 mayo 2011

He construido mi vida de pasos pequeños, de sentarme a escuchar el vaivén de la luna en el cielo, de reírme de las cosquillas del viento y soñar siempre despierto. Me he fabricado un yo ideal al que siempre querré por no haberme traicionado nunca, ni siquiera cuando tuvo que venderme. Se acercó hasta mi y me dijo lo que ya sabía- Añorare todos los futuros perdidos, las posibilidades que el miedo borrara- Ese día empecé a correr, desdibuje todas las torres de mi ciudad y deje de tener rincones en los que esconderme de la no-vida. Mis futuros fueron una tenue línea de presente, un sobrevivir al pánico a base de sentirme aterrorizado.

Mi yo ideal se transformo en una sombra discreta, un aparentar insignificancia mientras se pudría mi carcasa. Protegido en la penumbra me susurraba canciones de esperanza cada noche, no me abandonaba.

Decidí que ya no tenía vida en el instante en el que los libros de autoayuda empezaron a tararear la misma canción, pero diferente. Yo quede relegado a algo menos que una nada, me sentía a la deriva, vacio y sin fuerzas. Me arranque la sombra por que el libro me explicó como me mordía, el daño y la tristeza que me inyectaba. Tenía un presente perfecto, nada me preocupaba y había dejado de añorar los futuros perdidos. La ignorancia del silencio ahora me protegía.

LaRataGris.


Miedos

18 abril 2010

Me encerré. Tres cerrojos, siete llaves y dos alarmas por si acaso fallaba algo. Aún así la casa silenciosa me parecía un peligro terrible. Cualquier crujidito se convertía en una bomba para mis oídos, las sombras se confabulaban contra mí. Me rodeaba una masa gris parduzca, me oprimía su descaro inventando formas diabólicas que me hacían perder los nervios. Busqué un interruptor…me detuve al instante, no sabía si sería peor aquella estancia en penumbra o que alguien supiese de mí por la luz de una ventana. Bajé las persianas, espanté los pocos rayos de luz que se atrevían a cruzar por alli y me quedé en la más absoluta de las oscuridades.

Me prohibi escuchar, oler, degustar,… sentir cualquier cosa y, aislado, no me percaté del primer cerrojo, del segundo, ni del tercero. Reventó una cerradura y saltó la alarma. Dos, tres y cuatro, con la quinta la otra alarma, seis y en la séptima mi enemigo aprovechó mi miedo, no lo ví, estaba demasiado preocupado por mi imaginación y las cosas terribles que creaba para mi…

LaRataGris


El buen perrito

10 febrero 2009

El buen perrito


En el umbral de la eternidad

4 febrero 2009

El señor Jorge de Salazar y Vete al Cuerno, que ahora tiene setenta y siete años,, lleva cincuenta y uno buscando el elixir de la eterna juventud.

Comenzó cuando a los veintiséis se dio cuenta que se empezaba a quedar calvo. Después de algo más de dos décadas de desorden y descontrol se gradua, con bastantes méritos y en un tiempo récord, en bioquímica, medicina y genética. Tras esto nadie vuelve a saber de él.

Se encierra en un laboratorio del que sólo sale para comprar cobayas y otro material.

Su dedicación al trabajo es asombrosa, casí no para a comer y mucho menos a dormir. Fallo tras fallo viendo cómo mueren sus conejillos de indias, va minvando su esperanza de ser joven, aún así sigue.

Hoy cincuenta y un años después del inicio de su gran epopea, cuando ya parecía haber perdido toda su fortuna familiar en una quimera imposible, hoy, por fín, una rata ha sobrevivido a todo el material inyectado.

Feliz, apunta la fórmula en una libreta, con todos los detalles de preparación, a fin de que no se le olvide.

Asegurada la fórmula prepara una gran cantidad destinada a su uso Casí tres garrafones de diez litros, el último no lleno del todo. La jeringuilla y todo esta dispuesto.

Cuando va a inyectarse el producto de años de encierro duda.

-» Y si no funciona con humanos. Podría haber creado mi muerte prematura.» Indeciso y temeroso pasa el resto de sus días sin comer, beber o dormir. Delante de los garrafones. Jactándose de que tuvo la inmortalidad en sus manos y se le escapó en el último grano del reloj.

LaRataGris.


Cátodos inodoros

5 noviembre 2008

Como un relámpago, siempre cae igual. Al menos, así ha sucedido esta vez, y no parece distinto a otras veces que lo vieron por televisión. Edificios caídos, gris por todas partes y olor a algo que nunca antes habían olido, por que los informativos nunca traían el olor.

Pocos que han sobrevivido, casi un milagro, o más bien no, deliberado, que nadie olvide lo que paso. Se necesita que alguien recuerde los vahos saliendo de la tierra, envolviéndolo todo, incluso a los fantasmas de carne quemada y ese olor nauseabundo, penetrante.

Nunca te puede pasar a tí, «Ayer pague el recibo de la luz, del agua, la comunidad, basura, circulación pero ese olor…»

De los vivos ya no todos andan, cojean o se arrastran: pero los que aún tienen movilidad saben donde ir, a cualquier sitio, lejos. Huir de allí encontrar algún lugar tranquilo donde olvidar. Pero alguien tiene que recordar.

Y entonces, si, hay un milagro, sobre la mesa de madera, una vieja marca que ya nunca funcionara, pero será suficiente, o tendrá que serlo. Si la encendieran en todos los canales verían imágenes del bombardeo: los vapores, hierro incrustado en cemento, cadáveres calcinados, mutilaciones, pero ya no estaría el olor de cuerpos putrefactos, sus cuerpos descompuestos que les insisten en que han sido ellos, que hoy el telediario explica su historia y que como todas las historias tiene un final. Y por un instante la ven encendida. Se imaginan terrores inimaginables y se marcha el olor, ese terrible olor, todo se olvida y nadie recuerda nada. Carta de ajuste.

LaRataGris.