La importancia del número

1 septiembre 2014

Siendo una población de un millón doscientos treinta y seis mil habitantes, contabilizados a dedo, choca el pensar que sólo dos están censados, debidamente marcados y archivados en los libros de registro. Ambos se pasean orgullosos, sabiéndose ciudadanos, conocedores del sentido de su vida: formar parte de la masa numerada. El uno y el dos con nombre y apellido sobre una hoja debidamente sellada.

El resto, no vinculante por su inexactitud, bastaba con que pasara una segunda vez con distinto caminar para volver a ser contabilizado. Su número era aproximado y variable con muertes y nacimientos simples o múltiples. Los gemelos, los trillizos destrozaban toda estadística al no fichar cada día, por negarse a llevar un uniforme en el que se pudiese leer el número adecuado. Por eso el ayuntamiento, presidido por el señor uno, se preocupaba y lanzaba campañas para el correcto censado de la población autóctona y foránea. Prometía la no molestia una vez muerto, la perfecta identificación en vida ante multas que no le pertenecían y morir con todas las ventajas que ofrece el sistema de salud: camilla esterilizada y la atenta supervisión del personal cualificado para tal menester.

Para dos fue suficiente un pequeño sustillo del corazón. Un médico no numerado se apiado de ella y, aún sin saber su cuantificación, la atendió y salvó la vida. Lo primero que vio fue un póster oficial en el que incitaban al censo- deja de morir como un perro sin collar-. La combinación de morfina y superstición hicieron el resto. El censo lo empezaba a ordenar todo, la existencia misma cobraba otro sentido y número uno podría planificar una estrategia para dos. Un millón doscientos treinta y cuatro mil habitantes estaban perdidos.

LaRataGris


El vendedor de seguros

11 abril 2011

Dice mi doctora que me deriva preferente para las pruebas, me llamaran lo antes posible y, aún así, me pide perdón por el futuro retraso que acabara con mi vida. Mientras ella enumera los motivos y excusas un albañil divide su consulta en dos. La mitad para Montse el resto lo realquila el gobierno a un tratante de esclavos.

– Están recortando gastos- me comenta mi médica pluriempleada como camarera- por qué usted no tendrá mutua ¿verdad? Eso aceleraría el proceso.

Siempre alaban sus beneficios. Más puestos de trabajo, recuperación económica del país,…un tratamiento a tiempo para mi enfermedad. Por desgracia no me puedo permitir ninguna. Me conformo con mi lento fallecer en la sala de espera, abrazado al seguro que me ha vendido un celador, garantía de un bonito entierro.

De repente le grito al ordenador del mostrador. Atacado de dolores construyo como puedo las frases, le increpo y finalmente, derrumbado, le suplico- por favor, dame hora, no tengo nada más…no puedo…más- pero los números no entienden de vida y el capital necesita curarse por encima de las personas….

LaRataGris


En el umbral de la eternidad

4 febrero 2009

El señor Jorge de Salazar y Vete al Cuerno, que ahora tiene setenta y siete años,, lleva cincuenta y uno buscando el elixir de la eterna juventud.

Comenzó cuando a los veintiséis se dio cuenta que se empezaba a quedar calvo. Después de algo más de dos décadas de desorden y descontrol se gradua, con bastantes méritos y en un tiempo récord, en bioquímica, medicina y genética. Tras esto nadie vuelve a saber de él.

Se encierra en un laboratorio del que sólo sale para comprar cobayas y otro material.

Su dedicación al trabajo es asombrosa, casí no para a comer y mucho menos a dormir. Fallo tras fallo viendo cómo mueren sus conejillos de indias, va minvando su esperanza de ser joven, aún así sigue.

Hoy cincuenta y un años después del inicio de su gran epopea, cuando ya parecía haber perdido toda su fortuna familiar en una quimera imposible, hoy, por fín, una rata ha sobrevivido a todo el material inyectado.

Feliz, apunta la fórmula en una libreta, con todos los detalles de preparación, a fin de que no se le olvide.

Asegurada la fórmula prepara una gran cantidad destinada a su uso Casí tres garrafones de diez litros, el último no lleno del todo. La jeringuilla y todo esta dispuesto.

Cuando va a inyectarse el producto de años de encierro duda.

-” Y si no funciona con humanos. Podría haber creado mi muerte prematura.” Indeciso y temeroso pasa el resto de sus días sin comer, beber o dormir. Delante de los garrafones. Jactándose de que tuvo la inmortalidad en sus manos y se le escapó en el último grano del reloj.

LaRataGris.