17 julio 2012
Lo único que saben mis manos atadas es que construían futuros. Luego hicieron que se equivocaran: promulgaron leyes contra la inteligencia y les gritaron que sus actividades estaban prohibidas. El castigo era estar atadas. Sin ellas el corazón dejo de pensar, la cabeza ya no latía y la vida era presente, ahora, asustadas de mañana por si no llega o llega, si tienen hambre, lloran y ríen. Se quedaron en nada por que demasiados cabezas cuadradas defendieron las normas de uno o dos puños intransigentes.
Los pies, también aterrados, se pusieron a correr. Huían sin jamás haber hecho daño alguno. Se alejaban en cualquier dirección, tropezaban, caían y se levantaban sin que ningún cuerpo les siguiese. Estaban solos caminando y, de repente, se formaron las sendas de otros días, distintas elecciones que podían libertar a sus amigas si escogían bien sus pasos. Así fue como las piernas pidieron motor a las entrañas, la nariz olio cambios inminentes y los ojos lloraron alegría por que no había parte hecha prisionera o huyendo que no estuviese empujando en una misma dirección, la libertad.
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5 julio 2012
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Escrito por laratagris
3 julio 2012
Andres se había esculpido la resignación del que triunfara. Ahogaba sus días en una vida aburrida, a la espera de la próxima aventura que le rodearía hasta hacerlo crecer. Tenía una habitación vaciá para todos los recortes de periódicos que hablarían de sus hazañas. Un cómodo sillón sería su descanso de tanta lucha y ajetreo, cada día comprobaba que no se deteriorase, se sentaba a envejecer solo y cansado. Los tiempos mejores estaban por llegar.
Rara vez sonaba el teléfono. Le gustaba escuchar su timbre antiguo, estridente, monocorde. Imaginaba su oportunidad, soñaba que no la desaprovechaba mientras dejaba que el molesto ruido se fuese apagando en la sala a oscuras. Nunca salía por miedo a que ese fuese el momento en el que la vida le iba a sonreír y, si alguna vez se veía obligado a dejar la casa, siempre regresaba mirando el número de mensajes del contestador; con uno solo sonreía y se sentía tan feliz antes de borrarlo sin escucharlo. Su móvil recogía polvo sobre la mesa, rompía las cartas nada mas recogerlas, borraba los e-mails pensando que el que destruía era el definitivo, sin perder la ilusión de saber que ese era su momento pero el no había fracasado al intentarlo.
LaRataGris
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27 junio 2012
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12 noviembre 2011
Hasta ahora la ciudad triste nos apagaba en matices de negro y gris. Cada edificio era el tono de una misma escala cromática, homogeneizando un abrazo sombrío y desalentador. La roca y el cemento se habían convertido en prisiones para nuestros espíritus libres. Sólo eramos bichos muertos sobre el arcén. Nos movíamos pero eran estertores, reflejos de una vida consumida. Me asfixiaba aquel sobrevivir de la manada. – ¿Te gustaría salir corriendo?- y siempre era la misma pregunta a la que me aterraba contestar. Agachaba la cabeza y hacía como si no escuchase las voces en mi interior- ¿Te gustaría?.-
Todo aquello formaba parte de una fórmula que yo desconocía. Una ecuación que alguien había calculado para saber cuanto tenía que aplastarnos para que siguiésemos trabajando sin que el descontento nos levantase. No eramos felices pero tampoco sabíamos que hacer para cambiarlo, aquella era la única existencia que habíamos conocido. Pintábamos el interior de nuestras casas de colores pero la realidad que nos construían en el exterior seguía enquistándose sin remedio.
Un día cualquiera mi amigo un millón doscientos veintisiete mil cuarenta y tres se dibujó un corazón verde sobre la piel del pecho. Salió a la calle siendo el mismo número de siempre, con la plomiza camisa tapando la rebeldía, se le intuía distinto. Era una forma de caminar, una media sonrisa ocultando algo… parecía uno de esos niños a los que la escuela aún no ha podido enseñar a no divertirse. No podíamos dejar de mirarlo y no sabíamos por que. Antes de llevárselo preso me confeso su pecado y sentí miedo al saberlo, que no se me notase la rareza, que no empezase a comportarme como si no hubiese perdido la esperanza…
Borré mis huellas de todos los colores felices de casa. Pinté las habitaciones de tristeza, quemé mis ideas y empecé a pensar igual que me comportaba, todo fue inútil. Los perros siguieron su rastro hasta dar conmigo.- señor tres billones setecientos seis mil, se le acusa de intentar ser diferente.- y acabé atrapado en una prisión más pequeña. Yo no había hecho nada pero era tarde para defenderme.
Le pusieron precio a mi libertad; cada idea revolucionaria que entregase, cada cachito de inteligencia que les diera equivaldría a diez minutos menos de condena. Cumplí siete de los ocho años y pude salir a un mundo muy distinto al que abandoné. Nos habíamos sacrificado y la ciudad parecía haberse contagiado de nuestro esfuerzo. Todo se había llenado de color y ya no era la tumba que abandoné. Helicópteros de limpieza lanzaban cubas de pintura allí donde empezaba a deslucir. Ríos de colorante impregnaban cada calle, arrastrando a los transeúntes que también quedaban teñidos en la operación. Los responsables de la ciudad la habían pintado de optimismo y los perros velaban por que nadie manchase las paredes de verdad. Nuestro incidente les sirvió para darse cuenta de que la ilusión de libertad nos tendría mejor controlados que el desánimo, el sistema nos había integrado a su manera, habían transformado la ecuación para un mismo resultado.
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17 octubre 2011
Nos aterrorizaba el silencio, también el ruido o el color azul, los olores, las fichas de ajedrez, los peces y cualquier cosa. Nos habían enseñado a sentir pánico por lo que no considerasen normal, por las excepciones y las palabras capaces de cambiar la mente. De repente una barra de pan era peligrosa, se había descubierto, habían decidido y todos teníamos que comprar un novedoso producto más fiable y nutritivo, al menos hasta el próximo cambio de mercado. Con el miedo llegaron los vendedores de valor. Lo vendían en cualquier esquina a precios desorbitados, comerciantes autorizados con todos los permisos en regla. En el barrio se consumía rápido, se necesitaba mucho y se agotaba deprisa. Vivíamos para sentirnos seguros.
Medianoche murió de un exceso de valentía. Se derramó mi frasco de coraje y el gato lamió las baldosas hasta sentirse tan poderoso que quiso volar. En seguida me prepare una infusión de alegría pero la felicidad no pudo enmascarar mi nuevo espanto. ¿Cuanta dosis podría aguantar antes de pasarme lo mismo?¿ cómo sobreviviría el resto de mes sin dinero para sustituir el arrojo perdido?
Ansioso me escondí en un rincón mientras cada segundo se me echaba encima para aplastarme. Me dolía el roce del aire y las paredes encogidas.- Jordi- improvise excusas a mi proveedor habitual- sabes que te pagare.- Pero ya nadie se fía, la vida puede ser extremadamente corta después de un instante. Mis amigos tenían las dosis justas, la familia la cantidad exacta y no querían sacrificar ni uno sólo de sus días por mi torpeza. Me obligué a bajar por el cadáver del minino, cociné su cuerpo para recuperar algo de lo perdido y me lo comí sin más. Me empecé a sentir raro, distinto. Le maullé a la luna desde el tejado de casa, saboreé una nueva sensación de tener siete vidas y quise gastar una de ellas antes de volver a sentirme atrapado en mi cuerpo de cobardías.
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11 octubre 2011
Lorena se levantó despacio, dejando que toda su estructura molecular bailase con el universo. Abrió los ojos y una cara poco amigable le gritó- más deprisa, corre, empieza a funcionar.
Empujada caminó demasiado rápido, se convirtió en carrera olvidando todas sus moléculas más resistentes.- Revolución- le suplicó cada poro de la piel- busca felicidad, ella te ayudara- pero Lorena sintió miedo. Ya había perdido media vida en ráfagas de velocidad y, ahora, no quería que su vigilante le robase otra media por pensar libertad. Le pidió clemencia sin haber hecho nada y el reestructuro sus rutinas para que no volviese a imaginar tonterías.
Se levantaría antes, comería menos y la aceleraría un poquito más. Siempre pinchándole, azuzando, sacándole todo el jugo hasta convertirla en una muñequita, una autómata simple, de respuesta ágil y predecible.
Cuando la mente empezó a ser un estorbo, en el mismo instante en el que su cuerpo comenzó a moverse por reflejos adquiridos, Lorena dejó de existir.
Todo lo que realmente era se había disgregado en el infinito. Se había quedado en un algo seguro, sin miedo y sin vida.
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16 septiembre 2011
Irene trazó un plan perfecto para quedarse con su hija toda una vida. Pintaron un cuento de hadas y escaparon hacía dentro por cualquier camino alejado, zigzagueando a través de bosques y montañas, cruzando ríos y tres océanos hasta llegar a un rincón secreto y resguardado donde ser felices.
El planeta notó que desaparecían, que le quedaba un hueco en su estomago y las tripas le gruñeron de hambre. El rugido del vientre sirvió para adiestrar a sus cachorros en el odio. Olisquearon el viento y se lanzaron al infinito en busca de carne fresca.
Aullaron insultos y amenazas a las presas huidas. Crujieron los dientes y arañaron suelo y cielo con sus fuertes garras. Los gritos de la jauría oscurecieron las nubes hasta conseguir que llovieran salvajes sobre toda la tierra. Volaron por huecos insignificantes, pequeñas rendijas por las que nunca hubiese podido pasar un corpulento animal.
En la casita de Irene el techo se derrumbo bajo el peso de las gotas-palabras, los cristales se quebraron por el miedo y ella empezó a pensar que su plan, quizá, no era tan perfecto.
Cuando escapó no pudo llevarse demasiadas cosas. Algunas herramientas que le cabían en la mano y muchísimas ideas. Por encima de cualquier material recogió todas sus reflexiones, conocimientos e imaginación, lo guardo en su cajita con forma de cabeza y empezó a utilizarlo en cuanto vio los destrozos. Juntas construyeron un tejado de paraguas, sustituyeron los vidrios por burbujas de jabón y cerraron la grietas, por donde habían entrado las nubes de tormenta, con palabras de lucha y libertad.
Cuando los lobos notaron donde no podían seguir bramando se agolparon ante las fisuras tapiadas. Golpeaban sin piedad, intentando abrirse hueco hasta las dos mujeres que, asustadas, seguían con su vida normal para no perder antes de tiempo. Irene enseño pensar a su niña, a elegir, calcular y montar revoluciones perdidas que acabarían ganando. A cambio ella le dio felicidad, seguridad y amor.
Su mundo acabo precipitándose. Los perros del sistema intentaron separarlas, chillando que era mejor para que no sufrieran…Pero Irene y su hija habían trazado un plan perfecto durante el tiempo en que tuvieron para estudiar. Habían vuelto a escapar por un camino pequeño, habían regresado a su cárcel mientras los lobos se ensañaban con muñecos vestidos de ellas. Le sonrieron al mundo, le dijeron que ya las podía utilizar y, mientras eran perdonadas, tejieron una red invisible entre otros desheredados.
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13 agosto 2011
Tuvimos que borrarnos. Desaparecer para poder seguir existiendo. Si alguien preguntaba eramos don nadie trabajando y hablando de fútbol. Seres integrados en un sistema al que no nos estaba permitido criticar.
La luna nos transformaba en hombres lobo. Corríamos salvajes entre las cuatro paredes de habitaciones herméticas. Las mismas jaulas que nos atrapaban se convertían en un pequeño bosque secreto en el que poder aullarnos los unos a los otros.
Cuando escuchábamos quejarse a la escalera y la puerta crujía de furia sabíamos a por quienes venían. Nos deshacíamos de todas las ideas que llevábamos encima y abríamos con nuestra mejor sonrisa, la más tierna sumisión. Las huellas recientes nos delataban, la mirada viva, el miedo… eramos libres en nuestro diminuto escondite y eso era suficiente para los funcionarios de la harmonia.
Portate bien anarquista, intégrate de una vez, acepta las injusticias o seras cazado por soñar libertad…
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La policía de Londres pide colaboración ciudadana para combatir el anarquismo
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8 agosto 2011
Nos sentaremos a esperar iluminación, que la vida se revele y todo tenga sentido. Nos quedaremos quietos, gritando que es un suplicio, que quema la piel y nos ahoga el aire. Seremos mártires de la causa, visionarios, profetas que saben del futuro más que del presente.
Atentos a nuestro cuadrado de poder, marcador de directrices, movimientos, filosofadores del ruido y el atropello. Nos dormiremos en los brazos blandos de la tranquilidad, soñaremos revoluciones y pintaremos soluciones mientras criticamos a quienes construyen vida en las calles. Jugaremos a rebeldía de andar por casa, enemigos del sistema en llantos y amigos por inactividad y miedo.
Ya no es miedo, es la derrota que precede a la batalla.
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