El sótano exquisito

15 mayo 2017

-Llegaré tarde- Juan abrió la puerta del sótano y bajó veintisiete escalones que giraban en el tramo final. Podía hacer ese recorrido en menos de cinco minutos, aunque había días en los que prefería sentarse a mitad del camino. Se quedaba pensativo, dejando que se escurrieran las horas hasta haber conseguido acumular una buena cantidad que luego dejaba ir por la ventana, para que los recogiese cualquiera necesitado de algo de tiempo.

Allí podía quedarse media hora o media vida hasta que, su madre, preocupada, lo llamaba desde el hueco de la puerta. Esos días sabía que si no hubiese escuchado su nombre hubiese podido gastar toda su existencia en la oscuridad más absoluta, despierto.

Había acondicionado el sótano para poder escribir un rato en soledad, era un lugar exquisito, incluso para no hacer nada.

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La puerta gastada

2 diciembre 2013

Entró; la puerta se lo permitió. Se abrió lentamente para dejarle pasar, lo complicado era poder salir. Ya era una puerta vieja y cascarrabias que chirriaba cada vez que la empujaban, estaba Rota y no funcionaba como deben funcionar todas las de su especie.

Al principio intentaron arreglarla, era inaudito una puerta que unicamente sirviese para entrar, ni tan siquiera se respeta a las que tienen un cartel para obligarlas a esa única función que decir de una sin cartel, ni cerrojo o cerradura…quisieron domarla sin que ningún técnico encontrase una solución. Al tercer diagnostico se cansaron de intentarlo y colgaron un prohibido el paso que, como podrás imaginar, nadie respetó.

Los hombres y mujeres allí encerrados empezaron a vivir en su pequeño país, colonizaron las tierras de todo el edificio. Cada nuevo inquilino era recibido con ilusión, avasallándolo con preguntas sobre el exterior. La vida se reproducía.

Como ya he dicho entró. Era un mundo asfixiante, sin horizontes. Se pasaba el día frente a las ventanas, soñando su antigua vida en los coches fugaces de la calle, cada transeúnte parecía el reflejo de alguien que había conocido, cada edificio era otro lugar lejos de aquella prisión- rompamos los cristales-. La idea surgió de la nada, alimentaba sus esperanzas incluso cuando el consejo se lo prohibió. Para ellos las ventanas no eran más que un televisor natural de la vida, no estaban hechas para escapar.

Ella, Libertad, siguió rondando aquella idea, respirando contra los ventanales y trazando planes sobre el vaho. Su melancolía enfermiza comenzó a calar entre los más jóvenes y, los adultos, hicieron lo único que es plausible con la mala hierba.- No tenemos otra opción- se lamentaron…

Bajaron al sótano donde el suelo,aún sin habitar, los recivió amoroso. Sobre sus paredes escribieron su nombre y la frase- lo que es no ha de cambiar. Lo que es sera.

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