Respeto a lo mio

1 diciembre 2016

Respeto a lo mio

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La puerta gastada

2 diciembre 2013

Entró; la puerta se lo permitió. Se abrió lentamente para dejarle pasar, lo complicado era poder salir. Ya era una puerta vieja y cascarrabias que chirriaba cada vez que la empujaban, estaba Rota y no funcionaba como deben funcionar todas las de su especie.

Al principio intentaron arreglarla, era inaudito una puerta que unicamente sirviese para entrar, ni tan siquiera se respeta a las que tienen un cartel para obligarlas a esa única función que decir de una sin cartel, ni cerrojo o cerradura…quisieron domarla sin que ningún técnico encontrase una solución. Al tercer diagnostico se cansaron de intentarlo y colgaron un prohibido el paso que, como podrás imaginar, nadie respetó.

Los hombres y mujeres allí encerrados empezaron a vivir en su pequeño país, colonizaron las tierras de todo el edificio. Cada nuevo inquilino era recibido con ilusión, avasallándolo con preguntas sobre el exterior. La vida se reproducía.

Como ya he dicho entró. Era un mundo asfixiante, sin horizontes. Se pasaba el día frente a las ventanas, soñando su antigua vida en los coches fugaces de la calle, cada transeúnte parecía el reflejo de alguien que había conocido, cada edificio era otro lugar lejos de aquella prisión- rompamos los cristales-. La idea surgió de la nada, alimentaba sus esperanzas incluso cuando el consejo se lo prohibió. Para ellos las ventanas no eran más que un televisor natural de la vida, no estaban hechas para escapar.

Ella, Libertad, siguió rondando aquella idea, respirando contra los ventanales y trazando planes sobre el vaho. Su melancolía enfermiza comenzó a calar entre los más jóvenes y, los adultos, hicieron lo único que es plausible con la mala hierba.- No tenemos otra opción- se lamentaron…

Bajaron al sótano donde el suelo,aún sin habitar, los recivió amoroso. Sobre sus paredes escribieron su nombre y la frase- lo que es no ha de cambiar. Lo que es sera.

LaRataGris


“Teato” de dinero

3 agosto 2011

Primer acto. Velatorio.

Cortes, el dueño, presenta el pésame a la viuda. Besa su mano, le hace una reverencia, se inclina, se inclina, se inclina y se inclina hasta que el lumbago le obliga mirar hacía arriba con una sonrisa forzada.- A sus pies, señora- y cae literalmente empujado por el dolor.- Siento tanta pena por su marido. Que muriese así… de esa manera.

-No guardó ningún ticket- le responde ella con seriedad- Siempre le decía que me los diera, por si se intoxicaba, que yo pudiese reclamar con la factura en la mano. Que si se moría yo tuviese derecho a pedir una buena indemnización por la mala digestión pero… no hay pruebas.

Se levanta como puede y respira aliviado.- Le dejo una tarjeta por si alguna vez quiere volver a mi restaurante. Desde el incidente hemos mejorado el servicio.

-Adiós.

Fin del primer acto.

Cada uno elige un camino distinto. La Viuda llora el dinero que ha dejado de ganar. Mientras, el dueño, se siente bien por que ningún comprobante le obliga a pagar el funeral. El difunto se pregunta si debería resucitar en esas condiciones y el público no sabe por donde van los tiros.

Segundo acto. Cementerio

Aparece una ardilla en escena. Se queda en medio del escenario y no pasa nada. Palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras… cientos de ellas rellenando nada.

Fin del segundo acto.

La ardilla… el público.

Tercer acto. Fin.

Fin del tercer acto.

El escenario vacío. En la platea se escuchan murmullos de intranquilidad. Alguien reclama su dinero, gritan, rompen sillas…no sale nadie a calmarlos.

Apagan las luces del teatro y la violencia no para. Pasa una hora, dos,… mil años y, de repente, el biznieto de la ardilla original viene a dar una explicación.-Es la irrealidad que nos rodea.

Un iluminado recoge el testigo y se forma una mesa redonda. Pseudointelectuales cifran las repercusiones y el debate relaja a las fieras.-En este mundo, si vendes algo, te preocupa que si muere te pueda denunciar, no el simple acto de morir.

Fin.

Acaba con la ilusión de que les ha servido de algo, han aprendido y los mil años de lucha parecen justificados.

LaRataGris