Amor de teatro

14 marzo 2023

Amor de teatro

Carlota era demasiado insulsa. De ella no le gustaban sus conversaciones innecesarias o su presencia anodina. Cuando se cruzaba prefería fingir no verla a tener que aguantarla.

Pero la conocía desde hacía demasiado. Se cruzaban cada día: cada mañana yendo al trabajo, cada tarde de regreso; casi siempre en el segundo vagón, en los únicos asientos libres que quedaban. Coincidían tanto que empezaron a hablarse antes de saber que podían odiarse. De una forma casual y fluida se cedieron mutuamente el asiento para luego sentarse el uno al lado del otro y reírse de cualquier chorrada. Eran días en los que no parecía importarles lo idiotas que eran.

-¿Qué tal? ¿Cómo te va?- sabiendo que la respuesta era invariablemente: Bien, igual que ayer.

– Empezamos a coincidir demasiado. Ja ja ja- decía en broma y de verdad. Daban un rodeo a los temas habituales y adiós muy buenas con sus sonrisas de compromiso.

Carlota, igual que él, fingía con desgana, mostrando la misma cordialidad tonta y forzada.

Cansado, un día, apareció con varias hojas fotocopiadas, llenas de conversaciones.

Ella escogió un personaje y él cada noche redactaba según la personalidad elegida. Ella empezó a hacer lo propio sobre su príncipe azul; le indicaba como acercarse, que decir y la manera más suave de acariciarle con algún poema. Poco a poco las palabras fueron tejiendo la dulce mentira que cada uno quería escuchar.

Si los separaba la gente se buscaban con la mirada y la apartaban deprisa si se cruzaban. Se enamoraban de lo que habían creado.

-Te he llegado a querer tanto, oh mi fantasía, que ahora es a mi a quien no soporto.

LaRataGris


El cocinillas

10 marzo 2023

Quebrar


Like a gift

7 marzo 2023

Aproveché una oferta para comprarme algo que no necesitaba, que no podía pagar.

Un trasto demasiado grande, color crema y suave. No me combinaba con el Feng shui de la casa ni me transportaba al shangri-la y, aún así, le busque el rincón perfecto; lo deje Protegido con una colcha estampada.

Aunque compré la tela sin descuento hacia juego con el color de mis ojos y la puedo pagar a seis meses, con un interés razonable.

Mostré mi adquisición con orgullo, fotografié y presumí de preciosa inutilidad; etiqueté al vendedor por si alguien más quería disfrutar de mi dicha.

Fue un lujo instantáneo que me catapultó de inmediato al Olimpo de los corazoncitos y los likes de todas las redes sociales. Luego paso su momento y me puse como loco a buscar nuevas ofertas para viejas novedades.

Hipoteque mis pertenencias, sonreí al mundo, que maravilla ser sin tener.

LaRataGris.


Revisionismo Postmoderno

3 marzo 2023

Quebrar


La gran pandemia

28 febrero 2023

El seis de agosto de tres mil veintidós fue el pistoletazo de salida para la gran pandemia trashumante, a las tres de la tarde de un martes cualquiera. Claro que hubo días previos de síntomas, de gente muerta, de dolor y estallidos pero ese día, a esa hora, los internautas habían bautizado y extendido el nombre.

Como siempre que salía algo nuevo la gente hablaba como si cualquier enfermedad anterior fuese ridícula o inexistente : ¡más muertos! ¡más dolor! ¡más penas!

Y todo gracias a eliminar la sanidad pública. Cuando los enfermos no se pudieron permitir el pagarse la medicación el sistema colapso y se fue a la mierda. Algunas enfermedades fueron muy íntimas, otras se extendieron incluso cuando se les suponía erradicadas. La gran pandemia no solo era algo nuevo, era una bolsa con cualquier dolencia del pasado.

Incluso algunas clases, que se habían visto capaces de asumir el gasto, acabaron contagiándose de la pobreza, muriendo igual.

Algún egoísta pidió que se curase a todo el mundo por igual pero ya era tarde para tantos remilgos, en tres mil veintitrés, en menos de medio año, estábamos todas condenadas.

LaRataGris


Pequeños grandes lectores

24 febrero 2023

Quebrar


La bandera de la libertad. Capitan Harlock.

21 febrero 2023

Quebrar.


Palabras vacuas

17 febrero 2023

¿Qué?


Nuestras migajas

14 febrero 2023

-¡Que no nos quiten las migajas! – gritaba agradecido de ser pobre. Le habían dado un altavoz, le habían indicado la consigna y le pidieron que la repitiera. – ¡Que no nos quiten nuestras migajas!

Se lo decía a los otros pobres; lo gritaba al viento para que todos supiesen todo lo que había en juego, todo a lo que tenían que tenerle miedo.

Había que conformarse con la limosna – Que no nos quiten las migajas, por favor-. Como un cántico de una única y fallida revolución.

Pide amablemente los restos, que nos cuiden los benefactores: que nos mantengan vivos y si morimos que sea una muerte dulce y sin dolor. – ¡Que no nos quiten las migajas! que es lo único que tenemos- y aún así no perdemos el miedo a quedarnos sin esta nada – Que no nos quiten las migajas.

Con que poco nos conformamos, con que poco comemos- Que no nos las quiten y callaremos y no nos quejaremos y trabajaremos y seremos buenos si no nos quitan las migajas, pero que no nos las quiten que ya no sabemos defenderlas.

laRataGris.


Poderes invisibles

10 febrero 2023

Sube a la torre.