Compra compañero

8 septiembre 2014

Dice el pequeño comercio que te conoce. Que si lo necesitas te abrirá un pequeña cuenta para los años difíciles, para que le vayas pagando poquito a poco y así le puedas seguir comprando, jamas olvides comprarle.

El gran empresario te lo fracciona todo sin intereses, se lo gestiona una financiera amiga y también quiere ser tu amigo. Conoce tus deseos oscuros, susurra tentaciones para que suenen a grito y, por supuesto, cómprale.

La idea es que todo comerciante, un mindundi o uno enorme, quiere dinero para subsistir, para crecer, para seguir siendo tu amo incluso cuando te ama. Por eso arden las tiendas y la gente roba, reparten lo que consiguen para que hasta el que no tiene para comer pueda hacerlo. -todos sabemos hacer algo- gruñen los saqueadores- todos necesitamos zapateros, dentistas, constructores,… soñadores. Todos queremos comer bien y disfrutar de la vida.- Pero cuando se quedan sin cosas por rapiñar, cuando parece que tendrán que volver a ser esclavos, entienden verdaderamente las palabras: no necesitan los materiales, el dinero, ellos son su propia riqueza e intercambian sus manos. Todos tienen casas por que el albañil las levanta, por que el también come del granjero y escuchan música, leen poesía… comparten necesidades para poder vivir mejor.

LaRataGris


El vendedor de seguros

11 abril 2011

Dice mi doctora que me deriva preferente para las pruebas, me llamaran lo antes posible y, aún así, me pide perdón por el futuro retraso que acabara con mi vida. Mientras ella enumera los motivos y excusas un albañil divide su consulta en dos. La mitad para Montse el resto lo realquila el gobierno a un tratante de esclavos.

– Están recortando gastos- me comenta mi médica pluriempleada como camarera- por qué usted no tendrá mutua ¿verdad? Eso aceleraría el proceso.

Siempre alaban sus beneficios. Más puestos de trabajo, recuperación económica del país,…un tratamiento a tiempo para mi enfermedad. Por desgracia no me puedo permitir ninguna. Me conformo con mi lento fallecer en la sala de espera, abrazado al seguro que me ha vendido un celador, garantía de un bonito entierro.

De repente le grito al ordenador del mostrador. Atacado de dolores construyo como puedo las frases, le increpo y finalmente, derrumbado, le suplico- por favor, dame hora, no tengo nada más…no puedo…más- pero los números no entienden de vida y el capital necesita curarse por encima de las personas….

LaRataGris