
Que dejen ya ese soniquete de las pensiones en el que siempre pagan los mismos o empezamos nosotras con nuestra retahíla.

Que dejen ya ese soniquete de las pensiones en el que siempre pagan los mismos o empezamos nosotras con nuestra retahíla.
Aunque le atraparon los demonios, a pesar de la derrota, murió con una sonrisa. Abrazando a la mujer que le había sufrido, tranquilo y feliz. No escondía sus miserias, no se arrepentía de nada.
El velatorio, siempre para los vivos, para mostrar cariño, para decir estamos aquí, contigo; aunque nadie estuvo cuando ella lloraba su vida alegre.
Descansa más la que se queda que el que se aleja. Se acaba la rumba, enciende un ritmo caribeño con el que escapar de la tristeza que se le supone.
LaRataGris
La maquinaria dijo: Clack Bum, mientras se alineaban sus engranajes. Giraban y las piezas se quejaban con un agudo chirrido.
Los operarios se movían mecánicos, engrasaban los pistones, pulsaban el botón rojo: Secundario uno: secuencia B, dos: luz indicadora.
Paseaba el encargado, balanceando su cuerpo sudado y gordo.
-Haced piezas-. Gritababa con las manos en horcajadas- Más piezas-. No dejaba de repetir para que se cumpliera el planning. Las previsiones tenían que ser ajustadas, satisfactorias.
Los humanos guardaban silencio; presionando el metal mientras constantes microsueños les mantienen despiertos. Tenían recurrentes pesadillas con la plancha, la mano y plastilina roja por sangre.
Silbaba un aviso, un turno almuerza mientras la mitad de la plantilla se desdoblaba para mantener el ritmo. Un cuarto de hora y un pitido más agudo los intercambiaba para que los prensas nunca descuidasen su: Pataplock, pataploch, como el tambor de una galera. Rítmica y rutinaria producción, que ningún esclavo descansase más allá de lo necesario.
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