Egocentrismo
2 agosto 2012Sueños de la gata-luna
8 septiembre 2011Cuando por fin se durmió soñó que era una gata-luna que me bajaba estrellas del cielo. Yo soñé con ella disfrazada de instante y fue el mejor momento de mi vida. Había empezado a pasar fugaz por que la felicidad acelera las horas. Habían ocurrido tres años y yo seguía rejuveneciendo en sus juegos sin que afectase a mi edad.
La gata-luna me contó las historias que tenía que vivir, yo le presté mis ojos para que pudiese sentirlas y juntos ordenamos las estrellas que había bajado subida a mi espalda. El cielo ya no brillaba y nos convertimos en fugitivos de la realidad por desfigurarla con ilusiones. Cuando nos despertamos quisimos construir el sueño, nos llamaron soñadores y nos gusto.
LaRataGris
Y esto, en realidad, era un epílogo de esta historia
Renacer físico
9 junio 2011Cuando llegó a mayor, a una edad cansada y rígida, no supo continuar. Todo lo que había hecho pesaba demasiado en su espalda, lo aplastaba contra el suelo y le impedía jugar.
Intentaba tener un mismo ritmo y se quedaba sin respiración. Necesitaba renacer en un cuerpo más joven, poder saltar de nuevo hasta la luna como había hecho hasta hacía bien poquito.
Buscó en todos los libros una cura milagrosa para la vejez. Consultó a brujos, magos y hombres de ciencia… cualquiera que pudiese darle una solución. Pero se olvido de los niños. Ellos sabían como no crecer, como brincar y divertirse… eran lo que el quería ser y no se le ocurrió preguntarles.
Hasta el más pequeño sabía que eran pocos los que llegaban a la luna de un salto; que algunos subían por una escalera o montaban torres con sus bloques de construcción, lanzaban sus muñecos para que luego les explicasen lo que habían visto o simplemente la dibujaban del color de la noche…cualquier niño, por pequeño que sea, sabe que hay mil caminos diferentes, que si no haces algo es por que prefieres vivir una excusa.
LaRataGris.
Pequeñas construcciones
10 mayo 2011
Desde que nació su habitación se había convertido en un almacén de juguetes. Le regalaban peluches, sonajeros, coches, princesas y, sobretodo, cacharros que hacían mucho ruido. Todos tenían un botón y una frase típica, una canción o se tiraban pedos sin parar. Ocupaban tanto espacio que ella siempre los miraba desde la puerta.
Cada mes, su madre, lo recogía todo en bolsas de plástico, se las llevaba y ponía en su lugar nuevas diversiones que jamás utilizaba.
Un día alguien se equivoco y, donde tendría que haber habido un castillo con luces y sonidos, aparecieron unos bloques de construcción de formas simples y abstractas. Empezó a apilarlas mientras les buscaba el interruptor, la gracia, la cualidad de aquel juguete que parecía inventado para nada. No le encontraba las tripas pero, sin darse cuenta, las montañas de piezas fueron dibujando el contorno de una ciudad. Cansada de rebuscar volvió a la seguridad de su puerta y, fue entonces cuando, desde allí, consiguió ver los edificios que había construido.
Desde entonces, cada tarde, después de su hora de teleducacativa, se perdía por calles inventadas, corría por solitarias plazas y disfrutaba de sentarse sobre algún edificio mientras la urbe se iba haciendo más grande. Era tan divertido estar allí que cuando paso un mes le suplico a su madre que no tirase la villa hasta que hubiese podido trazar un mapa de sus rincones. Esta aceptó aunque no entendía que tenían de especial aquellos trozos de madera pintados de colores llamativos, se los dejaría treinta días más.
Para entonces su ciudad de futuro había ocupado toda la habitación. Se había empezado a nutrir de todo lo que encontraba a su paso. Reclutaba a los peluches, les daba un trabajo a los dragones y los coches se lanzaban en todas las direcciones, todos con las pilas quitadas para que no estropeasen la diversión con historias que no venían a cuento.
No lloró cuando vinieron a quitárselo. No sintió pena, ni tristeza. Ella ya había memorizado todas y cada una de las piezas y podía seguir construyendo en su cabeza, dando vida a un mundo en el que sólo le faltaría encontrar a sus amigos invisibles para que no le faltase de nada.
LaRataGris

Escrito por laratagris 












