Compra chicle

6 diciembre 2016

la carpeta de compra se iba llenando cada vez más de basura comercial. El correo electrónico se iba quedando sin espacio, escondía las cosas importantes. Compra, una bola cada vez más grande, ahogando las palabras de amigos y familiares. Compra, cosas que ni te van ni te vienen. Compra, solo por que ya lo hiciste antes. Una vez compraste un chicle de menta en almacenes Onorato: donde te lo vendemos mas barato.

Compra, se lo compraste a tu sobrino, dejaste el número de teléfono, el e-mail para que constara en la base de datos, que te pueden bombardear a spam, que entras en el sorteo de un castillo medieval en la vieja escocia, te dijeron. Eso fue hace diez años y sigues en la jodida base de datos.

-Oiga- intentas que el comercial que llama cada día razone- Que yo ya estoy muerto, que no me interesan los derivados del petroleo, ni los libros que explican como convertir el agua en vino. No quiero saber el uso y origen de los PVC desde la era industrial, no necesito ningún muñequito de los cromos que regalaban con los patatas sabor melón. por favor, déjenme en paz.

Compra chicle, se escucha al otro lado

-Si lo hago ¿dejareis de agobiarme?

Por supuesto, responde con una sonrisa más allá del teléfono y los dedos cruzados, compra.

Y compras chicle y sigues en la base de datos.

LaRataGris

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Vacíos capitales

28 mayo 2015

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Mi mamá

29 septiembre 2014

Anna siempre entraba para pedir hora para su madre. Sin soltar el teléfono le indicaba cada paso que iba dando, cada detalle- Estoy entrando en la peluquería, ahora le digo al chico- y se enfadaba muchísimo con ella, le gritaba para no necesitar el móvil, acababa la función girándose para confirmar- el miércoles a eso de las diez, a ver si puedo sacarla de casa.

Un día antes de la cita, a veces con una hora de antelación, llamaba para anularla por que- la mamá ha tenido una recaída- o – hoy hace mucho frío para llevarla de arriba a abajo, esta lloviendo, demasiado calor o color en la vida- quien sabe si incluso aquella mujer ni siquiera existía. La mamá era una amiga para la soledad, que se produce de pisar prisas y acumular fortuna en largas y extenuantes horas de trabajo. ¿Fingir una voz enfadada, al otro lado del teléfono, podía hacerle más llevadero el haber llegado vieja y cansada al presente?- a las tres nos pasamos- y tal vez esta vez sea cierto, puede que al otro lado no sea una grabación la que le recuerda: ” el número marcado no existe, inténtelo de nuevo”.

LaRataGris