Carretera perdida

14 enero 2019

Su camino llegó a un punto muerto. Un no lugar que se abría carente de atractivo o promesas.

-¿Cómo es posible?- respiró en la soledad -¿Quien habrá construido una carretera a ninguna parte?

Tras él la huida fácil, podía regresar derrotado. Era tarde y se sentó a esperar, Como si eso fuese a generar una nueva vía.

Aquella noche, como en un cuento de navidad, le visitaron tres fantasmas. El primero le trajo una historia vieja y olvidada por la mayoría, el segundo solo se tomo una taza de café y cogió un poco de calor de una de las brasas antes de seguir camino, el tercero, de aspecto él mas terrible, deformado por los años y el peso de la realidad, fue el más amable de todos, aunque no traía nada que contar.

– Tendrás que equivocarte tu.

Al amanecer se despertó con el cuerpo pesado, cansado del duermevela de la noche. Por delante no tenía un sitio al que ir y nadie le esperaba detrás.

-Lo mejor- se dijo- será que Yo mismo me construya un espacio sin depender del camino de otros.

Se hizo a un lado y, aprovechando la estructura de su coche, levantó una pequeña casa en la que vivir. Tenia reservas suficiente hasta que el huerto diera sus frutos y, si alguna vez aparecía alguien más, habría espacio para todas.

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Miedo

5 septiembre 2018

-Tengo tanto miedo- dijo “V”- que me escondería en la boca del lobo por no verte llorar. Me asusta tanto la muerte que te mataría para que no sufrieras a manos de otro. Te quiero tanto…

Y a ella solo le quedaba sonreír en este amor violento que había heredado de su padre, de todos los machos del mundo.

Vivía atrapada en el corazón de un psicópata que no le preguntaba por el color del cielo. El pintaba sus dedos a través de los terrores de hombre acomplejado. Le habían enseñado a imponerse como a un pusilánime sin alma.

Mordía su carne cruda, su corazón, su esperzanza,… mientras “S” lloraba el silencio y la impotencia, la soledad.

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La condición estelar

26 junio 2017

Hay noches en las que las estrellas se sienten solas y desvalidas. Unicamente es un trabajo, salir al firmamento y brillar tan intensamente como les permita su composición, pero en ese instante de tristeza lo dejarían todo por sentir el calor de un abrazo.

La gente que admira su baile, los enamorados que se engañan regalándose cosas que no les pueden pertenecer, los eruditos astrónomos no son capaces de comprender esa pena que les golpea. Mientras, ellas, se marchitan a millones de años luz, haciendo solo aquello que les exige la naturaleza.

-No os podéis quejar- le recriminan los hielos perpetuos- Allí arriba, descansaditas

Las estrellas se preguntan sino tendrán razón.

-Tal vez no debemos quejarnos- Intentan autoconvencerse- Puede que halla alguien que este peor. Callá y obedece- se exhortan para que el sistema siga funcionando como exigen quienes no pueden brillar.

Portada Vota Charlie: Piezas

No te estrelles y disfruta de mis cucas aquí o aquí, donde tu más gustes.

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Mi mamá

29 septiembre 2014

Anna siempre entraba para pedir hora para su madre. Sin soltar el teléfono le indicaba cada paso que iba dando, cada detalle- Estoy entrando en la peluquería, ahora le digo al chico- y se enfadaba muchísimo con ella, le gritaba para no necesitar el móvil, acababa la función girándose para confirmar- el miércoles a eso de las diez, a ver si puedo sacarla de casa.

Un día antes de la cita, a veces con una hora de antelación, llamaba para anularla por que- la mamá ha tenido una recaída- o – hoy hace mucho frío para llevarla de arriba a abajo, esta lloviendo, demasiado calor o color en la vida- quien sabe si incluso aquella mujer ni siquiera existía. La mamá era una amiga para la soledad, que se produce de pisar prisas y acumular fortuna en largas y extenuantes horas de trabajo. ¿Fingir una voz enfadada, al otro lado del teléfono, podía hacerle más llevadero el haber llegado vieja y cansada al presente?- a las tres nos pasamos- y tal vez esta vez sea cierto, puede que al otro lado no sea una grabación la que le recuerda: ” el número marcado no existe, inténtelo de nuevo”.

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Los lobos de Luna

17 diciembre 2012

cuando nacio luna

El año en el que nació Luna, sus papás le compraron una cuna, un carrito, un parque de juegos, humidificador, walkies, videocámara, ropa, mucha ropa, más ropa de la que se podría poner en toda una vida, cuarenta y tres pares de zapatos, peluches, mantitas, un amigo imaginario, chupetes, biberones y un millón de trastos que en aquel momento no podían llegar a imaginar lo inútiles que eran. Guardaron todo aquello en la que sería su habitación y, como ya no cabía nada más, ni tan siquiera la pequeñísima niña, se la llevaron a dormir a su cama, dónde podían abrazarla mientras descansaban y ella tomaba tetita.

la_puerta_oscura_madre

Para Luna aquella era una habitación oscura, llena de sombras terribles y danzarinas. Cuando tenía que entrar su suelo crujía como aullidos de lobos tristes y su aliento era de miedo y gritos. le gustaba tan poco que siempre le pedía a su papá que la cerrase con muchos cerrojos, que le pusiera un candado y la llave se la llevase cualquier viento de paso. Sobre todo, no quería que aquel cuarto continuase mirándola fijamente mientras se relamía de hambre, quería que se lo llevasen de su casa para siempre.- Pero- le dijo un día su papá- esa es tu habitación, no podemos deshacernos de ella.-

La pobre niña se asustó tanto que dió un bote hasta los brazos de mamá y, llorando desconsoladamente, le pidió que no la dejase dormir allí solita nunca jamás.- Tranquila- la besó suavemente- no hace falta que duermas ahí si no quieres.

luz_de_lunaLuna dibujó un Sol enorme sobre una cajita de cartón, lo recortó con papá y lo pegaron en la habitación mas triste de la casa, para que nunca lloviese en ella. Mamá no dejaba decirles que no hacía falta, que con o sin Sol jamás llovería allí dentro. Y lo cierto es que desde entonces no ha caído ni una sola gota de agua sobre aquel suelo. Así que, a pesar de las reticencias, aún no ha podido decir que no haya funcionado, aunque la habitación siga estando triste.

el rapto de luna

Una noche los lobos que crujían el suelo salieron por el pasillo hasta la habitación de los padres, cogieron con delicadeza un bracito entre sus grandes colmillos y arrastraron suavemente a la niña hasta su cuarto.

Cuando la pobre se despertó sola, rodeada de aquellos ojos amarillos, lloró tanto que se dibujó un río sobre el suelo, gritó tantísimo que se hizo un rumor de viento entre las cuatro paredes y se cansó de tal manera que volvió a quedarse dormida a pesar del miedo que estaba pasando.

Cuando llegaron sus papás, asustados por el llanto, dormía inquieta sobre una cama de lobos gruñones.

-Ella nos pertenece- dentelleó el viejo lobo que vigilaba la puerta- No podéis venir a raptarla de su cuarto.- Acto seguido les enseñó unos dientes feos y sucios mientras les señalaba con el hocico el lugar por el que habían llegado y por el que podían marcharse.

Sin asustarse, sus papás, hincharon el pecho para parecer algo más grandes de lo que se sentían en ese momento. Con la voz mas firme que pudieron le dijeron a los lobos si le habían preguntado a ella dónde quería dormir- Puede que vosotros seáis los ladrones y no nosotros.-

la_mejor_sonrisa_del_lobo

Los lobos se miraron extrañados. Llevaban tanto tiempo autocompadeciéndose que se habían olvidado de los sentimientos de la niña. Se sentaron a esperar que despertase y, con la mejor sonrisa que puede tener un lobo, le preguntaron por lo que quería hacer ella.

-Me dáis miedo y quiero estar con papá y mamá- Los lobos, más tristes de lo que jamás habían estado, agacharon la cabeza y escondieron el rabo entre las piernas. Ellos nunca habían querido asustarla, sólo necesitaban jugar con Luna porque se aburrían. Pero, ahora, creían que eran demasiado malvados como para estar con ella.- Pero- dijo Luna- si dejáis de asustarme vendré a jugar con vosotros.

el_bosque_de_los_lobos

Los lobos no podían creérselo, abrazaron con sus patitas peludas a la niña que no quería verlos tristes y le prometieron que jamás volverían a asustarla. Entonces, entre todos sacaron los trastos inútiles que ensombrecían la habitación. Dejaron el río que había llorado Luna para no olvidar lo sucedido, el viento murmurado para siempre sentirse acompañados y el Sol de cartón para que no lloviese nunca. Pintaron árboles en las paredes, lanzaron confeti verde por el suelo y la habitación de Luna se convirtió en el bosque de los lobos felices. Tan contentos se pusieron que cantaron una canción y toda la familia se puso a bailar con aquellos aullidos a Luna, hasta que fue muy tarde y cayeron rendidos al suelo, donde durmieron toda la noche.

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Solo ante nada

13 octubre 2011

Solo ante nada


Creciendo sola

27 junio 2011

Cuando Irene era pequeña, mucho más chiquitita de lo que eres tu ahora, diminuta como poca gente ha sido jamás, vivía en una casa tan grande que se podía perder intentando salir de una habitación.

También estaban allí un papa y una mama. O eso le habían dicho que eran aquellos señores que aparecían a la hora de cenar-somos tus padres- le repetían una y otra vez. Y claro, ella no tenía por que dudar de ellos.

Aunque, por lo que a ella respecta, Lola, su profesora, podía ser su madre. Siempre estaba jugando con todos los niños de la clase, les enseñaba a formar una fila y les regalaba pegatinas de colores si se portaban muy bien. También le ponía tiritas si se caía y le sonreía muy a menudo. Desde luego a ella le parecía mejor madre que la otra, como las que salían en los cuentos. Pero Lola le decía con una de sus grandes sonrisas- Yo no soy tu mami- y era algo que tampoco tenía por que cuestionar, al fin y al cabo, se lo explicaba alguien que siempre estaba por ella, nunca le mentiría.

Igual que Ismael tampoco era su padre. El le explicaba que eran hermanos, él el mayor, el listo, el que tomaba las decisiones. Por eso la llevaba y traía del cole, le preparaba la merienda, la bañaba,…la cuidaba hasta que llegaran los desconocidos a la hora de cenar.-Claro que lo son- tenía que confirmarle cada día- lo que pasa que trabajan mucho para que podamos ser felices. Seguro que dentro de poco nos habrán comprado toda la felicidad que necesitamos y entonces se estarán todo el día con nosotros- y por supuesto que ella no dudaba de esa verdad.

Cada mañana mama despertaba a Ismael con una apresurada sacudida, le soltaba un -Te quiero, lleva a tu hermana al parvulario- junto a la ropa limpia y salía como una exhalación, dejando a los niños listos para que empezasen a prepararse.

Más tarde Irene se hizo más grande, mucho más grande de lo que le hubiera gustado y, entonces, tuvo que trabajar ella para comprarse la felicidad que los extraños no supieron regalarle.

LaRataGris.