Tonto quien lo crea

18 diciembre 2014

tonto quien lo crea


Mi mamá

29 septiembre 2014

Anna siempre entraba para pedir hora para su madre. Sin soltar el teléfono le indicaba cada paso que iba dando, cada detalle- Estoy entrando en la peluquería, ahora le digo al chico- y se enfadaba muchísimo con ella, le gritaba para no necesitar el móvil, acababa la función girándose para confirmar- el miércoles a eso de las diez, a ver si puedo sacarla de casa.

Un día antes de la cita, a veces con una hora de antelación, llamaba para anularla por que- la mamá ha tenido una recaída- o – hoy hace mucho frío para llevarla de arriba a abajo, esta lloviendo, demasiado calor o color en la vida- quien sabe si incluso aquella mujer ni siquiera existía. La mamá era una amiga para la soledad, que se produce de pisar prisas y acumular fortuna en largas y extenuantes horas de trabajo. ¿Fingir una voz enfadada, al otro lado del teléfono, podía hacerle más llevadero el haber llegado vieja y cansada al presente?- a las tres nos pasamos- y tal vez esta vez sea cierto, puede que al otro lado no sea una grabación la que le recuerda: ” el número marcado no existe, inténtelo de nuevo”.

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La importancia del número

1 septiembre 2014

Siendo una población de un millón doscientos treinta y seis mil habitantes, contabilizados a dedo, choca el pensar que sólo dos están censados, debidamente marcados y archivados en los libros de registro. Ambos se pasean orgullosos, sabiéndose ciudadanos, conocedores del sentido de su vida: formar parte de la masa numerada. El uno y el dos con nombre y apellido sobre una hoja debidamente sellada.

El resto, no vinculante por su inexactitud, bastaba con que pasara una segunda vez con distinto caminar para volver a ser contabilizado. Su número era aproximado y variable con muertes y nacimientos simples o múltiples. Los gemelos, los trillizos destrozaban toda estadística al no fichar cada día, por negarse a llevar un uniforme en el que se pudiese leer el número adecuado. Por eso el ayuntamiento, presidido por el señor uno, se preocupaba y lanzaba campañas para el correcto censado de la población autóctona y foránea. Prometía la no molestia una vez muerto, la perfecta identificación en vida ante multas que no le pertenecían y morir con todas las ventajas que ofrece el sistema de salud: camilla esterilizada y la atenta supervisión del personal cualificado para tal menester.

Para dos fue suficiente un pequeño sustillo del corazón. Un médico no numerado se apiado de ella y, aún sin saber su cuantificación, la atendió y salvó la vida. Lo primero que vio fue un póster oficial en el que incitaban al censo- deja de morir como un perro sin collar-. La combinación de morfina y superstición hicieron el resto. El censo lo empezaba a ordenar todo, la existencia misma cobraba otro sentido y número uno podría planificar una estrategia para dos. Un millón doscientos treinta y cuatro mil habitantes estaban perdidos.

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Los números

31 mayo 2013

Treinta del cinco de dos mil trece, cifras, un día. Hoy viene el jefe y me he lavado los dientes, me he duchado con el champú olor a menta y mi calcetín tiene un agujero, uno, números, espero que no se fije, que no me mire, que pase como la ansiedad cuando se va.

-¿ Tienes miedo?

– No, pero sus decisiones afectan a mi vida, la laboral y la privada, la familiar, la de ser muy, extremadamente, feliz… me quiere cambiar de tienda, por eso viene.

Yo también soy un numero. Desconozco el valor exacto, poco, pero soy el usuario veinticuatro noventa y ocho para el ordenador, contraseña de cambio periódico y ordenes concretas: ¿ Cuanto he de vender? ¿ Facturar? ¿ Penetrar en el target adecuado para que el número que me pagan sea rentable?

– Tal vez produzcas más en otro sitio, otro horario, otra gente.

– Ulceras es lo que produzco, pensarlo me mata. Me he acostumbrado al sitio en el que estoy, echare de menos a su gente, ver a mis hijos, abrazarlos, quererlos.

– En los tiempos que corren…

– Lo se, sólo somos números. Con un número creciente de parados queriendo ocupar tu sitio… Ya llego a mi parada, ya llega el…

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