Habitante

1 septiembre 2015

Habito las tierras yermas del extrarradio, dos veces excluidas por ser limítrofes a la gran ciudad que la ignora y periféricas a la vida de su propio núcleo. Pertenezco a una tribu mixta, mitad nómada mitad sedentaria: que cada día recorre kilómetros y kilómetros por la caza de unas pocas monedas y cada noche regresa a la vergonzosa ciudad dormitorio en la que se esconden los sueños.

Colecho en la cama vacía que siempre está ocupada. Dormito sobre el recuerdo de con quien no puedo coincidir más que en un: Buenas noches, buenos días; antes de desaparecer en el frío del trabajo o en la ausencia de las sabanas.

Soy habitante de la nada, ni de aquí, ni de allá. Apátrida de coraza blindado y de cuerpo en venta. Uno de los que ganan sudor con el esfuerzo de su pobreza.

LaRataGris

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Imaginando cielos – Revoluciones

8 enero 2014

imaginando cielos (sin texto)

Mira mi rostro, y dime en qué piensas. Sé que no me ves a mí, que no piensas en mí.

Tan sólo piensas en el terror que aguardo en mi interior.

Me ves y no piensas en mí, me ves y sólo rezas por ti, ¡para que no te pase!

Soy un muerto en vida, un pobre e indefenso diablo.

No eres capaz de fijarte en mis ojos, nunca lo has hecho. Pero en ellos, si te fijas, aún reflejan vida, no la tuya, sino la mía, porque hay fulgor en ellos, y el poco centelleo que en ellos hay, evidencian lo que llevo dentro pero, aún hay más, si te fijas, revelan algo que en ti falta y en muchos más.

Respiro, y soy consciente de ello. Porque esos ojos que no ves, ahora están más atentos que nunca.

Me pierdo cuando miro la extraña rama de un viejo árbol, y busco y encuentro rostros en él, como si almas guardara en su interior.

Ahora una simple gota de lluvia la siento en todo mi cuerpo. Mi cuerpo…

Hasta el poco tiempo que tengo lo pierdo a veces en mover los dedos de los pies, y al sentir que están ahí, me río, por majadero, por idiota, y por sentirme de esa forma aún vivo.

Sigo soñando, no creas que he dejado de hacerlo. Que aún me gusta soñar despierto e imaginarme entre sus brazos y en aquél lugar. Sueños que nunca se llegarán a cumplir. Quizás por eso sean los mejores…

Ahora la vida llega a mí como las olas a una apartada orilla. Nunca valoré tanto como ahora el canto de un pájaro, la sonrisa de un niño o sentir el calor del sol sobre mi cara pálida.

La muerte me busca jugando al esconder, y yo riendo la espero.

Álvaro Rojas

Ilustración: LaRataGris

Poema: Álvaro Rojas

Voz: Aurora Rodríguez

La poesía no muerde


Enfermo vitaminado

23 diciembre 2013

Se queja mi ojo izquierdo que ha mirado por encima de sus posibilidades, que esta cansado y palpita hinchado para que lo cierre, lo deje descansar y pueda ver la luz de un nuevo amanecer.

-Salvaje.- espetan mis labios- no hables, mira, continua y revienta si es necesario. No ves que hay otro esperando. Sacara el trabajo de dos si tu estallas, si te paras. Vamos- lo azuza empujado por el cerebro que insiste en controlarlo todo.

– Revienta, revienta, revienta…- caminan las piernas, se retuerce el cuerpo para que no descanse- que tome vitaminas, que se engañe, que se crea sano aunque se pudra por dentro. Que trabaje y, si no, que lo arranquen las manos, que lo muerdan los dientes, que se joda por estar siempre enfermo, siendo el malo que no hace caso, queriendo dormir con todo lo que hay por hacer.

LaRataGris


Desatado

17 julio 2012

Lo único que saben mis manos atadas es que construían futuros. Luego hicieron que se equivocaran: promulgaron leyes contra la inteligencia y les gritaron que sus actividades estaban prohibidas. El castigo era estar atadas. Sin ellas el corazón dejo de pensar, la cabeza ya no latía y la vida era presente, ahora, asustadas de mañana por si no llega o llega, si tienen hambre, lloran y ríen. Se quedaron en nada por que demasiados cabezas cuadradas defendieron las normas de uno o dos puños intransigentes.

Los pies, también aterrados, se pusieron a correr. Huían sin jamás haber hecho daño alguno. Se alejaban en cualquier dirección, tropezaban, caían y se levantaban sin que ningún cuerpo les siguiese. Estaban solos caminando y, de repente, se formaron las sendas de otros días, distintas elecciones que podían libertar a sus amigas si escogían bien sus pasos. Así fue como las piernas pidieron motor a las entrañas, la nariz olio cambios inminentes y los ojos lloraron alegría por que no había parte hecha prisionera o huyendo que no estuviese empujando en una misma dirección, la libertad.

 

LaRataGris