”Mohernos”

28 noviembre 2017

Habían pintado las paredes con dibujos inofensivos, con alguna palabra escrita, algo fuertecilla: Polla, joder, hijo de puta,…y risitas nerviosas

Eran tipos duros mezclando vino barato con el refresco de cola de la marca blanca del super, Eran niños jugando a disfrazarse de todo aquello que creían que les hacia más mayores. Se infantilizaban en realidad. Se lo potenciaban para que cuando de verdad llegase la madurez al amo le fuese sencillo controlar todos sus inseguridades.

Serían adictos a esa diversión rápida, de bajadas largas. Querrían seguir siendo Mohernas” antiguallas, con vocación a la ceguera.

LaRataGris

Más mohernidad bien entendida en:Payhip o Comic Square

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Grass graff

9 septiembre 2013

En verano todo parecía distinto. Las calles se llenaban de emigrantes intentando recuperar sus raíces por un mes. Sobretodo venían los catalanes, pero también de la capital, de la ciudad de málaga y uno de bilbo con su mujer y su salvaje. Al crio de la canija le encantaba aquella variedad, aquel mezclar acentos en una misma lengua. Los mayores siempre mantenían un aire andalú algo rebajado pero sus cachorros eran demasiado finos, hablando de rebeldía y trastadas. Ellos fueron los que le explicaron que en las ciudades estaban rompiendo las paredes a golpe de spray y rotuladores, que la gente que tenía algo que decir ya no lo hacía en papel, igual que los que solo se querían hacer notar. Aquel agosto empezó a firmar como Grass Graff con los nietos de la Francisca.

– Quédatelos- le dijeron al acabar el verano- en barna es fácil conseguir más colores y si quieres, cuando se te acaben, ya te enviaremos más botes.

El otoño puede ser duro en un pueblo de tres calles, donde el único adolescente que vive todo el año es un vándalo al que le gusta manchar todas las casas blancas. Los dedos saben bien a quien señalar y no se reparten las culpas. Así fue como se terminaron todos sus sueños grafiteros. Acalló los rotuladores y se dedico a los mulos como manda la decencia: los llevaba hasta el pasto, luego a la fuente y, por el camino, de vez en cuando, siempre que nadie mirase, como un acto reflejo, disimulando todo lo que podía, solo a veces pintaba alguna piedra del campo. Luego la giraba para que sólo pudiese verla la tierra y seguía con la vida que le sabía a poco.

También podía hacer un rallajo sin sentido, que no se molestaba en esconder por su apariencia casual. Era como si a un cualquiera se le hubiese caído un rotulador y lo hubiese recogido inmediatamente. El monte empezaba a llenarse de ellos como algo inocente, un descuido sin sentido hasta que te alejabas.

En invierno su obra estuvo completa. Solo era realmente visible desde una carretera secundaria. Conforme rodeabas la montaña se iban uniendo cada uno de los puntos en un dibujo imposible de describir con palabras. Primero solo una parte que iba cobrando forma conforme los vehículos zigzagueaban por aquellas curvas sin final, luego una explosión al ver el cuadro terminado. Innumerables fotos y vídeos intentaron dar una explicación de aquella montaña increíble, firmada por Grass Graff no tardo en conocerse como tal: la montaña de Grass Graff. Igual que pólvora encendida se fue extendiendo por el mundo de las redes hasta conseguir que artistuchos con ansias de maestros se acercasen buscando al genial autor. Había quien buscaba las rocas pintadas para cambiarlas de de sitio, añadía sus propios colores, querían ser parte de aquello o destrozarlo. No parecía existir la indiferencia y por eso las autoridades prohibieron el paso, cuantificaron, mediante las imágenes existentes, hasta la china más pequeña y convirtieron aquello en la octava maravilla del mundo.

En primavera el pueblo despertó de su sueño, la señora Encarna recordó el nombre que repitió en un pleno del ayuntamiento. -Si el hijo de la Canija nos pinta las paredes que le hicimos encalar…- querían aprovechar todo aquel turismo artístico que parecía generar tanto movimiento. Su vandalismo empezaba a cobrar otra dimensión, más digerible, integrado en el paisaje y por eso le pidieron que volviese a colorear el pueblo… Pero el ya tenía nuevos intereses, tenía que llevar los mulos más lejos por culpa de la cultura y pronto sería verano cambiándolo todo.

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Disidencia artística

21 julio 2011

Temblando cogió los pinceles y la latita de pintura color miel. Llevaba tanto tiempo asustado, sin atreverse a sacarlos, que casi no se fijo en que estaban despeinados, con la mitad de los pelos caídos y la otra a punto de desaparecer. Mojó la puntita en la miel y salpicó una pared protegida por sombras y silencio. Era un color horrible para vender una revolución, nada agresivo, ni alentador o persuasivo… casi quedaba escondido en las mismas penumbras que lo ocultaban a el. Aún así trazó la idea clandestina y salió corriendo antes de que alguien lo viera. No respiró hasta estar tres calles más allá, cerca de su refugio.

Subió las escaleras de tres en tres, sin saber de donde sacaba las fuerzas que le habían ido quitando los años. Abrió tan deprisa como pudo y se encerró de un fuerte golpe- Es sólo una pintada- pensó- nadie me ha visto, no buscaran culpables por una chiquillada.

Al día siguiente Marta le preguntó con la mirada y el asintió ligeramente. Seguía teniendo miedo. – No quiero hacerlo de nuevo- le gritó con un susurró a la hora de comer- ya no tengo quince años.- Ella no dijo nada, se limito a sonreírle de una forma boba y complaciente. Aquella tarde se perdieron en un cine, una vieja película y palomitas… jamas volvieron a hablar sobre aquello.

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