Frío trabajo

22 enero 2019

Aquella mañana el frío había caído como un bloque de cemento, demasiado pesado y grande. De repente la cama ofrecía una poderosa fuerza de atracción, impedía que la gente apartase las mantas. Jorge se asomó como un caracol asustado, enseñando tímidamente sus ojos.

-¿Qué hora es?- Gwen tenía el despertador al lado, solo le faltaba la iniciativa de acercarse lo suficiente como para distinguir los números parpadeantes.

-Tu ya estas mirando, ¿por qué no te fijas?

Pero en realidad, el reloj, estaba a millones de años luz, sobre una mesita bañada por los sombras.

-Debe ser hora de seguir durmiendo- Con esa convicción, no era realidad pero la trataron como tal, se sumergieron de nuevo en su mar de tela. Se encontraron nadando entre besos y caricias.

No querían seguir dormidos, preferían jugar, pero lo que seguro que no querían era ir a trabajar, hacia demasiado frio.

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Canción de primavera

13 febrero 2017

Primavera, que fácil es bailarte y sentir la cálida luz solar sobre mi cuerpo, renacer en cada uno de tus amaneceres. Pero hoy es crudo invierno. Las notas se congelan en mi garganta, y yo necesito que se quemen bajo el sol de un verano asfixiante.

– La, la, la, la- intento calentar el aire y el se agarra a mi como un abrigo empapado; llueves y giras, viento.

Quiero voltear con el, que cada paso rompa una gota antes de chocar contra el suelo.

Me denudo para resfriarme, por que es fácil cantarle a la primavera pero yo vivo este invierno, donde vuelo y me hago felicidad a fuerza de ser feliz, solamente feliz, unicamente feliz. Incluso donde duele y no quiero estar, pero sueño contigo, primavera.

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Morir de madrugada

16 marzo 2015

Murió en carretera, igual que había malvivido el último año. Con el sueño de un lugar que se acerque a las estrellas, ¿De qué sirve soñar ahora? Caminó por las ciudades perdidas, donde cada edificio ocupa su lugar para que todo sea un caos controlado. Durmió junto a los parias, al lado de los mejores y los mucho mejor, que hasta el enemigo da calor en un invierno de calle.

Adiós amigos, escribió sobre sus labios fríos y, su compañero de cama de aquella noche, le robo un beso de palabras antes que vinieran a recogerlo: para los días de congelarnos, le abrazó, chao bohemio, buen viaje. Dejó sobre sus parpados entornados, escrito suavemente con las ásperas yemas de los dedos: Es de los que vagaban en vida, uno de los nuestros, permítele pasar, para que así el barquero supiese que si iba sin paga era por que se la habían robado para comer, nada más.

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Grass graff

9 septiembre 2013

En verano todo parecía distinto. Las calles se llenaban de emigrantes intentando recuperar sus raíces por un mes. Sobretodo venían los catalanes, pero también de la capital, de la ciudad de málaga y uno de bilbo con su mujer y su salvaje. Al crio de la canija le encantaba aquella variedad, aquel mezclar acentos en una misma lengua. Los mayores siempre mantenían un aire andalú algo rebajado pero sus cachorros eran demasiado finos, hablando de rebeldía y trastadas. Ellos fueron los que le explicaron que en las ciudades estaban rompiendo las paredes a golpe de spray y rotuladores, que la gente que tenía algo que decir ya no lo hacía en papel, igual que los que solo se querían hacer notar. Aquel agosto empezó a firmar como Grass Graff con los nietos de la Francisca.

– Quédatelos- le dijeron al acabar el verano- en barna es fácil conseguir más colores y si quieres, cuando se te acaben, ya te enviaremos más botes.

El otoño puede ser duro en un pueblo de tres calles, donde el único adolescente que vive todo el año es un vándalo al que le gusta manchar todas las casas blancas. Los dedos saben bien a quien señalar y no se reparten las culpas. Así fue como se terminaron todos sus sueños grafiteros. Acalló los rotuladores y se dedico a los mulos como manda la decencia: los llevaba hasta el pasto, luego a la fuente y, por el camino, de vez en cuando, siempre que nadie mirase, como un acto reflejo, disimulando todo lo que podía, solo a veces pintaba alguna piedra del campo. Luego la giraba para que sólo pudiese verla la tierra y seguía con la vida que le sabía a poco.

También podía hacer un rallajo sin sentido, que no se molestaba en esconder por su apariencia casual. Era como si a un cualquiera se le hubiese caído un rotulador y lo hubiese recogido inmediatamente. El monte empezaba a llenarse de ellos como algo inocente, un descuido sin sentido hasta que te alejabas.

En invierno su obra estuvo completa. Solo era realmente visible desde una carretera secundaria. Conforme rodeabas la montaña se iban uniendo cada uno de los puntos en un dibujo imposible de describir con palabras. Primero solo una parte que iba cobrando forma conforme los vehículos zigzagueaban por aquellas curvas sin final, luego una explosión al ver el cuadro terminado. Innumerables fotos y vídeos intentaron dar una explicación de aquella montaña increíble, firmada por Grass Graff no tardo en conocerse como tal: la montaña de Grass Graff. Igual que pólvora encendida se fue extendiendo por el mundo de las redes hasta conseguir que artistuchos con ansias de maestros se acercasen buscando al genial autor. Había quien buscaba las rocas pintadas para cambiarlas de de sitio, añadía sus propios colores, querían ser parte de aquello o destrozarlo. No parecía existir la indiferencia y por eso las autoridades prohibieron el paso, cuantificaron, mediante las imágenes existentes, hasta la china más pequeña y convirtieron aquello en la octava maravilla del mundo.

En primavera el pueblo despertó de su sueño, la señora Encarna recordó el nombre que repitió en un pleno del ayuntamiento. -Si el hijo de la Canija nos pinta las paredes que le hicimos encalar…- querían aprovechar todo aquel turismo artístico que parecía generar tanto movimiento. Su vandalismo empezaba a cobrar otra dimensión, más digerible, integrado en el paisaje y por eso le pidieron que volviese a colorear el pueblo… Pero el ya tenía nuevos intereses, tenía que llevar los mulos más lejos por culpa de la cultura y pronto sería verano cambiándolo todo.

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