
Cuando todos deberíamos ser humanos pero algunos lo son más que otros.

Cuando todos deberíamos ser humanos pero algunos lo son más que otros.
Siempre hay una voz flotando en la habitación. Esta invasión de anuncios hace que el alquiler sea un poco más barato, que se puedan pedir medio centímetro más de casa.
Compra este coche, dice la voz melosa; Invierte en una apuesta segura o, la que hoy llena todas las habitaciones: ¿Alguna vez has pensado qué cambiarías de tí?
De una forma que parecería aleatoria las voces hablaban de gordas , narigudas, orejas de soplillo, fea, desgraciada, desaliñada y surte efecto.
Varios estudios le dan la razón: Se puede modificar el comportamiento del ser humano con los estímulos adecuados. La música adecuada, el tono justo y los insultos hirientes hacen mella.
– No quiero que nuestro hijo sea como yo – le dice acariciándose la barriga -. Tampoco como tú.
– Sería horrible – la abraza -, un baboso sin personalidad o una mangoneadora chillona.
-Tenemos que solucionarlo
Sin dejar de abrazarse, enamorados del concepto de perfección, le piden a la voz que marque el número de la compañía anunciante.
– No cogen – se asusta Ramón.
– No seas pusilánime – le recrimina Helena-. Estará la centralita colapsada.
Siete horas después consiguen contactar
– Eugenesia S.A. , dígame
– Queremos un niño perfecto.
LaRataGris
Ernesto abrió la ventana para que entrase el vampiro.
– Pasa libremente, esta es tu casa.- dejó tras de si la noche sin estrellas, moviéndose como una brisa juguetona. Primero apoyó sobre el frío suelo su descalzo pie izquierdo.
Unicamente llevaba una gasa semitransparente, de color negro, flotando sobre su piel pálida. Una sonrisa dibujo unos largos y afilados colmillos.
Tranquilo revoloteo por toda la habitación, parándose en los libros de la estantería, buscando entre viejos vinilos algún grupo que pudiese reconocer. Se clavo, sin darse cuenta, una pequeña chincheta y continuo mirándolo todo con desinteresado interés. De repente pareció darse cuenta de Ernesto y de una forma inesperada se lanzó sobre su yugular, arrancándole brutalmente la vida. Le mordió hasta dejarlo tendido, sin sangre que le diera color. Más tarde se marchó, dejando bien cerrada la puerta para que nadie más pudiese entrar en su casa.
Ernesto seguiría siendo su guardián aún cuando ya no podía ni seguir pagano su hipoteca.
LaRataGris