Por buena conducta

18 septiembre 2025

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A las siete asesino

20 agosto 2024

A las siete siempre esperaban al asesino: con sus uniformes impolutos y la pose marcial.

Oteaban el horizonte esperando verlo aparecer y, casi, era un alivio que no sucediera.

No había enfrentamiento, no necesitaban imponerse aunque, bien es cierto que, un asesino andaba suelto.

Mientras, él, el asesino, se reía de sus trajes condecorados, de la larga espera y de la hora prefijada.

Media hora más tarde podía salir a matar con tranquilidad. A las siete siempre estaba en casa. Preparaba una mochila con cuatro cuchillos, destornilladores y una lija del dos con la que despellejar a sus víctimas. Todo a los siete y media mientras, siempre a las siete, esperaban al asesino.

LaRataGris.


Fugaces

5 agosto 2024

No era más que un segundo, un instante tan bonito que le pretendían las horas. La una, las dos, las tres,… Tanto daba si era de mañana o de tarde, la noche más profunda también quería que aquel fuera uno de sus momentos.

Para convencerlo le mostraban el tic tac de su paso, le ofrecían un lugar preponderante en la esfera de su reloj.

– Podrías ser el cambio de hora- le tentaban-. Incluso, si quieres, puedes ser el segundo que se aleja de un día para entrar en el siguiente- le decía la medianoche.

Le regalaban los oídos, le suplicaban, le exigían pero el se fue como un suspiro, solo y sin darse cuenta.

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La hora del contagio

30 octubre 2020

La hora del contagio

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Mi mamá

29 septiembre 2014

Anna siempre entraba para pedir hora para su madre. Sin soltar el teléfono le indicaba cada paso que iba dando, cada detalle- Estoy entrando en la peluquería, ahora le digo al chico- y se enfadaba muchísimo con ella, le gritaba para no necesitar el móvil, acababa la función girándose para confirmar- el miércoles a eso de las diez, a ver si puedo sacarla de casa.

Un día antes de la cita, a veces con una hora de antelación, llamaba para anularla por que- la mamá ha tenido una recaída- o – hoy hace mucho frío para llevarla de arriba a abajo, esta lloviendo, demasiado calor o color en la vida- quien sabe si incluso aquella mujer ni siquiera existía. La mamá era una amiga para la soledad, que se produce de pisar prisas y acumular fortuna en largas y extenuantes horas de trabajo. ¿Fingir una voz enfadada, al otro lado del teléfono, podía hacerle más llevadero el haber llegado vieja y cansada al presente?- a las tres nos pasamos- y tal vez esta vez sea cierto, puede que al otro lado no sea una grabación la que le recuerda: » el número marcado no existe, inténtelo de nuevo».

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