La ley del sol

21 agosto 2018

No amaras a nadie por encima mio

Cada día amanecía un Sol nuevo. Un Sol que no era peor o mejor estrella que la anterior.

Habíamos aprendido a ignorarlo, simplemente estaba ahí, la luz y el calor necesario para la vida y, la vida, era todo eso tan cotidiano.

Él se sabía indispensable hasta que llegaba la noche y el astro moría arropado en el manto de ella, languidecía hasta consumir su último rayo.

Enamorada de la luna, Rosalía, solo caminaba cuando el ya había desaparecido. Le declaraba su amor al firmamento juguetón, mientras lo esquivaba a él.

-¡Arrrgh!- Grito el hijo del millonésimo sol- Falta una de mis ovejas. La han de enterrar en mi presencia si es que ha muerto- Rugió como un salvaje hasta que el resto de puntitos le hizo caso.

ya no podían seguir ignorando su calor. Estaba enfadado y exigía un sacrificio.

Buscaron a la mujer escondida entre las sabanas blancas de pereza.

– ¡Bruja!- El juicio no era necesario, la arrastraron del pelo hasta la plaza pública, protegida unicamente por una piel suave y apetecible.

-La ley- Dijo el sol- es inmutable. Nazco y muero por vosotros, quien no entienda el amor que me ha de profesar se consumirá conmigo.

-Jamas podre amarte- Le desafió ardiendo como el nunca podría

-¿Te atreves a ni siquiera fingirlo?

-No seria justo- Así fue como escribió su propia condena mientras que el resto aseguraba que el sol, más bien fingían, que ese sol no les pedía sumisión.

LaRataGris

Su derrota su éxito

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La condena del gigante

4 octubre 2012

Erase una vez un hombre que se había hecho grande a si mismo. De una sola y diminuta célula se multiplico, se hizo niño y, como tanto gusta decir en la tierra de las oportunidades en la que vive, fue creciendo hasta convertirse en el gigante que es ahora. Pero no pienses que paró en algún momento. Si su cuerpo se detendrá, si el metabolismo de gente tan sumamente enorme tiene un fin, ni se conoce, ni se esta estudiando. Al resto le basta con asustarse de su envergadura, respetarlo por el terror que provoca con el retumbar de sus pasos y los huracanes de inspirar, espirar.

Un día su cabeza choco contra el techo del cielo, su cuerpo se encorvo y sintió como seguir subiendo devolvía su mirada hacía la tierra. Gruñó enfurecido mientras sus poderosos brazos buscaban la forma de elevar el firmamento, empujó, maldijo y todos se echaron las manos a la cabeza un poco más espantados de lo que habitualmente estaban. – Tenemos que romper la cúpula que lo aprisiona- gritaron horrorizados- tenemos que permitir que siga creciendo.- Era obvio que el jamas dejaría de expandirse, necesitaba más espacio y, si no lo tenía hacía arriba, se tumbaría hasta ocupar el mundo que ellos habitaban.

Siete hombres treparon por sus piernas, un helicóptero vigilaba el ascenso y en sus casas los espectadores espectaban el espectacular espectáculo televisivo. Enmudecían con cada traspiés, vitoreaban las hazañas y, cuando abrieron el agujero se abrazaron y lanzaron cohetes, tocaron fanfarrias mientras el gigante continuaba aumentando su volumen y el oxigeno se escapaba hacía otro mundo, un mundo donde estar sin que algo desmesurado empuje constantemente.

LaRataGris


País y pueblo

30 junio 2011

País y pueblo