Olor a salvajismo

3 agosto 2019

Hay, en mitad de un azul intenso e infinito, una gota de sangre roja, pequeña e insignificante. Debería pasar inadvertida en aquella inmensidad y, sin embargo, su color intenso atrae con su olor a varios tiburones. La huelen a kilómetros, la quieren hacer suya.

Atraviesan un océano en apenas un segundo: Dentellean, insultan, muerden la diferencia para sentirse fuertes. Sacan pecho, se vanaglorian de su salvajismo .

LaRataGris

Este verano en la playa, en la piscina, trabajando…donde tú quieras, disfruta en tus horas muertas de algunas historias que te sorprenderan.

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Políticamente corregido

18 febrero 2016

Políticamente corregido


Protocolo para la cuarentena

16 octubre 2014

Protocolo para la cuarentena


La delgada línea roja

11 octubre 2013

chiquines,

del 21 al 27 de octubre tengo el privilegio de compartir espacio con  los tremebundos monstruos que forman parte de  la exposicion colectiva: la delgada línea roja. Estoy deseando pasearme por ella y poder ver las maravillas que han hecho…

si estas cerca no te la pierdas.

cartel la delgada línea roja

Tremebundos monstruos:

Andrea Lucio, Azagra, Bellvi, Daniel Thomas, El Listo entertainment, Frances de Diego, François Pagés, Guillem Escriche, Jaime Martin, Kap, L’Avi, LaRataGris, Marcos Prior, Maribel Carod, Peponio, Raquel Gu, Revuelta, Ricardo Peregrina, Ricard Soler, Rouse, Sagar Fornies, Salvador Vinyes, Sr. Plástiko


El asesino de la inocencia

1 marzo 2012

El asesino de la inocencia


Lobo feroz ( revisitando caperucita roja)

31 agosto 2011

Los lobos no tenemos nombre, nos acompañan adjetivos que nos definen e intentan diferenciarnos a los unos de los otros. Somos salvajes, sanguinarios, voraces, brutales y crueles entre otros muchos miedos. Pero nos cuelgan el apellido y luego nos confunden entre todos. Yo soy el lobo feroz, en realidad uno de tantos, y esta es la historia de siempre, mi leyenda. Se ha contado tantas veces, se ha hablado tanto de ella, que ya ha dejado de ser verdad. Son habladurías, estupideces, cuentos para antes de ir a dormir.

Caperucita era una presa fácil, tan roja en mi bosque de marrones y verdes. Se paraba a cada instante a mirar las nimiedades de las flores, cantaba y silbaba como si provocase mi hambre… yo tenía tanta que me la hubiese comido de un solo bocado, aún así fui paciente. Espere mi turno, a tenerla en casa de la abuelita, alejada del camino y del cazador. Me creí muy listo pero ella lo fue más. Todo aquel mostrarse, el llevarme por la senda de las prisas me dejo a merced del trampero. Ella fue el cebo y yo mordí sus tiernas carnes llenas de veneno. Cuando me quise dar cuenta estaba en una jaula, en dirección a un zoo en el que exhibir mi ferocidad. Allí me convertí en el malo.

Mi estomago seguía rugiendo por que le diera algo y los niños estaban lejos y apetitosos. Sus madres les advertían sobre mi, me provocaban tras las rejas sin acercarse lo suficiente.

Aquella historia me había hecho tanto daño, la había escuchado tantas veces que empecé a asumirla. Lloraba cada vez que intentaba cazar algo. No importaba la trampa que me habían tendido, las mentiras que contasen para justificarse. Yo las conocía y aún así me sentía culpable por necesitar comer. Les pedí que me atasen, que me lanzasen en una bolsa, con el estomago lleno de piedras, a un río profundo para no tener que seguir sufriendo. Pero mi pena no era importante, ellos seguían necesitando un enemigo sobre el que contar sus victorias y volvieron a alimentarme…

LaRataGris