Los super seres sensacionales 2017

23 abril 2017

Foto Los super seres sensacionales 2017Un año más os traigo este pequeño entretenimiento que les hago a mis cachorros para Sant Jordi. Con un libro que en realidad no les enseña nada, que no se ha de comprar y que les incita a leer…es decir que en realidad les enseña mi punto de vista.

Si quieres leertelo pincha: Los super seres sensacionales nº24317

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El bosque ineficaz

6 abril 2017

Los árboles perfectamente colocados al azar. Algunos, demasiado pegados, se acariciaban con sus copas de hojas perennes, dejando que sus ramas se entrelacen haciendo el amor al suave ritmo del viento. Otros, tristes y solitarios, desesperan en parcelas donde la luz dibuja sombras danzarinas, queriendo engañar a los sentidos cuando se mezclan con otros sombras pero no siente el roce de una piel de madera distinta a la suya.

La mayoría, retorcidos bajo el peso de la edad, son recorridos por insectos en busca de vida. Solo la araña espera paciente, impasible, a que las procesiones llamen a su puerta. Su casa, abierta al silbido del aire, tintinea suavemente. Los caracoles, también expectantes, en cambio, han cerrado su hogar a cal y canto hasta que la lluvia los saque de la espiral de sus tumbas.

Era a todas luces un bosque ineficaz, carente de utilidad para el ser humano. Cargaron de razones asfalto la sucia tierra, plantaron impecables árboles eléctricos, colocados en linea recta, equidistantes, inmensos. Erradicaron la molestia de los bichos y asfixiandose en su propia eficacia, en su maravillosa realidad.

LaRataGris


La raíz de la revuelta

28 mayo 2014

la raíz de la revuelta


El bosque sin cobertura

22 agosto 2013

El bosque sin cobertura


Celebrando otoño

29 octubre 2011

En otoño veías aparecer a mi padre cargado con dos enormes sacos de hojas secas, intentando no hacer demasiado ruido para que mi madre no le echase el sermón antes de tiempo y así poder alfombrar el suelo de casa con toda aquella hojarasca. En cuanto lo veíamos aparecer con su cara de sospechoso mi hermano y yo cubríamos todos sus pasos y la casa cogía olor a bosque, las habitaciones se llenaban de ocres y mama empezaba a gritar cosas sobre madurar y ensuciarlo todo. La escena acababa con un beso, con la promesa de recoger cuando el reloj de cenicienta anunciase el final y nuestros ojillos suplicando que permitiera la locura. Siempre nos dejaba perdernos entre los arboles pero le gustaba que pensásemos que sin su permiso nada de aquello tenía lugar.

Cuando ella daba su si cogíamos nuestros anoraks y la verdadera magia empezaba a brotar. Nos íbamos de picnic al balcón, junto a un pequeño río y allí celebrábamos que la mejor estación del año es en la que te sientes feliz.

Un día, cuando mi padre estaba tan mayor como para no traer hojas secas, cuando yo ya era lo suficientemente aburrido como para no seguir con el juego, le pregunte por que hacía todo aquello. El se limito a señalar la ciudad que se extendía tras la ventana y a susurrar como si fuese el viento- yo ya estoy viejo- me dijo después- pero pase lo que pase fuera yo traigo el viento de mi casa.

LaRataGris


Lobo feroz ( revisitando caperucita roja)

31 agosto 2011

Los lobos no tenemos nombre, nos acompañan adjetivos que nos definen e intentan diferenciarnos a los unos de los otros. Somos salvajes, sanguinarios, voraces, brutales y crueles entre otros muchos miedos. Pero nos cuelgan el apellido y luego nos confunden entre todos. Yo soy el lobo feroz, en realidad uno de tantos, y esta es la historia de siempre, mi leyenda. Se ha contado tantas veces, se ha hablado tanto de ella, que ya ha dejado de ser verdad. Son habladurías, estupideces, cuentos para antes de ir a dormir.

Caperucita era una presa fácil, tan roja en mi bosque de marrones y verdes. Se paraba a cada instante a mirar las nimiedades de las flores, cantaba y silbaba como si provocase mi hambre… yo tenía tanta que me la hubiese comido de un solo bocado, aún así fui paciente. Espere mi turno, a tenerla en casa de la abuelita, alejada del camino y del cazador. Me creí muy listo pero ella lo fue más. Todo aquel mostrarse, el llevarme por la senda de las prisas me dejo a merced del trampero. Ella fue el cebo y yo mordí sus tiernas carnes llenas de veneno. Cuando me quise dar cuenta estaba en una jaula, en dirección a un zoo en el que exhibir mi ferocidad. Allí me convertí en el malo.

Mi estomago seguía rugiendo por que le diera algo y los niños estaban lejos y apetitosos. Sus madres les advertían sobre mi, me provocaban tras las rejas sin acercarse lo suficiente.

Aquella historia me había hecho tanto daño, la había escuchado tantas veces que empecé a asumirla. Lloraba cada vez que intentaba cazar algo. No importaba la trampa que me habían tendido, las mentiras que contasen para justificarse. Yo las conocía y aún así me sentía culpable por necesitar comer. Les pedí que me atasen, que me lanzasen en una bolsa, con el estomago lleno de piedras, a un río profundo para no tener que seguir sufriendo. Pero mi pena no era importante, ellos seguían necesitando un enemigo sobre el que contar sus victorias y volvieron a alimentarme…

LaRataGris


El bosque salvaje

13 junio 2011

clorofila

Ilustración deMaria Jose Daffunchio y LaRataGris

Los bosques salvajes habían sido domesticados y sus rebaños vegetaban tranquilos en parques controlados. Apenas podían bañarse en sol, los rayos que llegaban tímidos quedaban atrapados en las sombras de los edificios y, las escasas caricias de luz, hacían que todos se peleasen por conquistar su roce. La vida se degradaba en aquel suelo sin sustrato.

Sólo algunas semillas se escapaban buscando un fin del mundo más feliz. La chica planta siempre las despedía mientras soñaba un infinito diferente. Le dolían las raíces de pensar en selvas vírgenes, libres y poderosas. Por eso se arranco de raíz.

Al salir se le quebraron los brotes tiernos y el tronco intentó flexionarse para imitar un caminar al que estaba desacostumbrada. Se alejo tambaleándose de la paz de la prisión. Sin despedirse del jardín lloró pasos de barro sobre la ciudad dormida. No había rincones de vida en ella, todo era cemento vistiendo, encorsetando al mundo. La belleza natural se había sustituido por un traje de calles y avenidas a ninguna parte, no parecía haber salida para aquel laberinto gris. Cada giro la llevaba al mismo escenario, matizaba algún contraste, otro edificio, una tienda diferente, las farolas con más o menos intensidad pero siempre idéntica desorientación. Cansada de perderse se tumbó en un portal donde sus raíces no pudieron conseguir agua o alimento.

Se empeñaban en limpiar la ciudad de pequeñeces. Hordas de basureros amanecían barriendo lo que inmediatamente después ensuciarían sus propios pies. La gente rodeaba las parcelas que iban desinfectando y las volvían a infectar en apenas unos segundos. El saberse inútiles desganaban sus acciones que, como en todos los trabajos, se convertían en aparentar una actividad intensa disimulando lo estéril del resultado. Por eso nadie recogió las hojas secas de aquella mala hierva acurrucada en penumbras. Sólo cuando comenzó a moverse, y creyeron que podía ser un mendigo protegiéndose del frío, les preocupó que la pobreza pudiese ser contagiosa. -Señora, por favor, le habla un funcionario- de educación forzada. Un por favor cargado que a la menor distracción; si la respuesta no es rápida, adecuada, sumisa,…- igualese o regrese a su ghetto.- La gente le hizo un pasillo de insultos. Los gritos y el calor, alejada de la tierra, zigzagueo sin saber donde buscar esa normalidad que le pedían.

La furia nacía de cada esquina y la chica planta sintió que para poder seguir buscando la libertad tendría que atraparse de otra manera, vivir este otoño que se había eternizado. Pasar desapercibida mutilándose las ramas hasta que llegue la nueva primavera. Empezó a deshojarse y un manto marrón tiñó de bosque el asfalto. La piel dura se deshizo y sus ojos de luna lloraron miel y sabia en una improvisado y pequeño riachuelo.

Ella se volvía más normal, mientras su promesa de mundo palidecía. Las esporas que desprendían su cuerpo buscaban tierra para sobrevivir. Tristes de asfalto se agarraron donde pudieron. Se enredaban en el pelo, quedaban atrapadas en las grietas de la piel, invadían mucosas y órganos vitales…germinaban azaleas y jazmín bajo la ropa sintética, se teñían de fragancia y frescor mientras ella se volvía más chica que quimera.

La nueva humana caminaba entre los cuerpos florecidos de quienes podrían haber sido sus iguales. Ahogados por la explosión de primavera, se retorcían como sinuosos troncos caídos y todos los perfumes de la vida danzaban poseídos por una repentina alegría. Se paró para acariciar un rebaño de dientes de león, cogió un poco de agua entre sus manos y dio de beber a las malas hierbas. Los jardines aún cercados, ajenos a la revolución externa, seguían peleando por un puntito de sol. Ella sonrió acompañada de la soledad de las plantas y bailo con los colores extraños. La ciudad se había disfrazado de lo que fue y poco a poco se abriría un nuevo suelo para este bosque salvaje.

LaRataGris.