Lobo

9 abril 2018

Disculparemos su comportamiento pues es un lobo, de traje y corbata, de buenas maneras pero un perro salvaje. Eso ha de ser un atenuante, le puede el instinto, no lo culpabilicemos.

Tanto da que trate de aparentar elegancia, que bese el suelo que pisas o recite versos bajo tu ventana. Cuando veas su morro alargado husmeando, su pelo gris ceniza y los dientes apretados como trampas para osos, relamiéndose de hambre, aunque el miedo te azuce, no tengas reparos en señalar.

No es un cachorrito inocente ni en la primera dentellada. El lobo ha aprendido a esconderse en la manada, se justificara en su delirio- clemencia- aullara mientras culpabiliza a la víctima. Dirá de ti que eres humana, que por eso cometes errores, que nadie te tiene que perdonar, a él si, solo actúa según su piel.

El verdugo quiere que le veamos como a uno de los nuestros, tu, en cambio eres la mala. Pero no lo vamos a consentir, si tu eres una diabla nosotros también, cualquier cosa antes que un él.

LaRataGris

Cucarachas salvajes

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Historia de mis hombres lobo

7 julio 2015

Hay muchas historias, casi todas hablan de la luna, los instintos, la caza: son simplistas. Ser un hombre lobo es que se te hallan metido en el cuerpo quinientas veintitrés voces que no se callan jamas, te vuelven loco. Vives deprisa, intentando que la inercia te evite el tener que tomar una decisión de entre todas las opiniones que gruñen en tu cerebro. Caes hacia arriba, subes, flotas hasta estar tan alto que sólo te queda regresar. El suelo se acerca más rápido, más duro, más real…entonces todo se detiene menos las palabras y estas muerto, escuchando demasiados ruidos.

-Ya era hora de que te despertaras- no hay afecto en la mujer sin alma, hace tiempo que dejo de sentir- la policía me dijo que mi teléfono era el único que encontraron tatuado entre tus cosas, no esperaba ese honor.- Cierro los ojos intentando contener el resto de voces- pensaba que tu jamas te parabas.

-¿Tienes algo? Mi cabeza sigue igual de revolucionada tras la caída. No ha desaparecido ni una sola de las voces. Necesito algo que aplaque la realidad.

– No tengo nada. Tendrás que estar sobrio, al menos mientras estés en el hospital.

……

Para muchos salí siendo el mismo- ¡Hombre lobo!- me gritaban- salvaje hombre lobo- Yo era para ellos el instinto perdido, una pulsión de cadencias al caminar- Rock’n’roll hombre lobo. ¡ Rock’n’roll!-Pero yo había salido sin las voces.

Nunca les había hecho demasiado caso. Siempre he sido de seguir mi camino sin lazos, sin cadenas, sin pensar demasiado. Un salto al vacío cargado con una mochila y estimulantes: sonrisas histriónicas, de dientes apretados y aullidos de sexo sin amor. Exudaba placer vacío en el uso de cada una de mis relaciones. Jamas me arrepentí de irme sin pagar. Siempre les prometía la eternidad y otro día los cambiaba-¡ Rock’n’roll- volvían a gritarme y yo ya era otro hombre lobo, siempre en el filo pero aún por caer y necesitaba reencontrar a mi mujer sin alma para no volver a perderme.

……

– Sólo fuiste un día. Me sentía tan sólo en aquel hospital.

– Me llamó la policía pero en realidad yo ya no era parte de tu vida.

– y sin embargo sigo teniendo unicamente tu teléfono. Puedes arrancarme mi alma si quieres, igual que arranque yo la tuya. He estado limpio- Noto como aún le duele respirar.- Estoy fuera y aún no me he metido nada.

– Recuerdas cuando hombre lobo ya era demasiado salvaje- desliza suavemente las palabras, más para ella que para mi. Me habla en tercera persona como si yo ya no estuviese, pero tenía que convencerse de no darme una última oportunidad, ya habíamos pasado por demasiadas.- No le importaba si no abría los ojos, los apretaba dejando una pequeña rendija, como si quisiese ver lo que pisaba cuando en realidad era su inercia la que le llevaba a los garitos de siempre. – de repente vuelve a mirarme y se dirige a mi para recriminarme como la trataba-te acuerdas hombre lobo. No puedes ni imaginarte las noches en vela, llorándote.

– Yo…por aquella época, yo estaba

-¿Colgado? Hombre lobo siempre estaba de viaje. Sus amigos, los camellos, buscaban crédito entre sus bolsillos. Si encontraban algo le encendían hasta que eras tu el que amanecías muerto en un sueño.¡ Para mi estabas totalmente muerto!

– Ya nadie me quería pero mis despojos seguían pensando que si, eso era suficiente: soy cojonudo. y el espejo conspiraba para mantener la mentira.

-Un día tu reflejo me dijo que estaba esperando a que te relajases. Que eso te haría desaparecer y el podría ocupar tu lugar, el lugar de hombre lobo. Sera mejor que no vuelvas a perseguirte en los espejos o no sabrás si eres un vampiro que ha perdido su mundo izquierdo o es que ya no eres tu mismo.

– He cambiado, ya no soy Hombre lobo.

– Tu jamas fuiste Hombre lobo. Eras un perro jugando a ser, eras un medio hombre patético y deprimente, pero yo te quería y me hiciste daño.

– Soy otro. No volveré….- se va antes de que pueda acabar la frase así que marco un número de teléfono- soy hombre lobo, fucking rock ´n´roll hombre lobo. Las voces están de regreso.

LaRataGris


El hombre de dos corazones

18 enero 2013
ilustración de Maria Jose Daffunchio.

ilustración de Maria Jose Daffunchio

Hay una historia, tal vez dos, que hablan de ella. El resto, los enlaces con otros seres vivos, se han ido borrando en el mar de la poca importancia. En su vida se había cruzado con demasiadas personas irrelevantes, casi tan insignificantes como ella misma, y nadie había guardado algún recuerdo de sus encuentros. Así, si alguien se  interesaba, tenía que leer la historia en su viva voz, escuchar todos los laberintos recorridos hasta llegar al momento de su no muerte. Pero, ¿quién sabía de ella? ¿Quien le preguntaría por su no existencia?

Solo él. Tal vez recordase un algo, una anécdota, un beso furtivo que aun no ha malgastado, o caricias que no se confundan con otras caricias. Si es así no lo demuestra; baila sobre el mundo como si nunca hubiese coincidido con aquella sombra. Tiene dos corazones pero que importa quién se lo regalo o si aquellos besos son de otro, le alegra en los días grises y eso es suficiente. El nombre de la que fuera su dueña tanto da si ya no le pertenece, si puede venderlo por otro cualquiera más joven y fresco.

A veces, ella, fingía ser un alguien que no habitaba en su interior. Se daba importancia para que la mirasen y escribía capítulos que podían ser vagamente recordados. Pero no era su historia, era una obra de teatro en la que aparentaba conservar un corazón latiendo la misma pesadumbre, marcando los mismos silencios y amarguras. Esos días era poca la realidad que se le escapaba de entre los labios. Dibujaba un corazón sobre cartón grueso y lo pintaba de fuego antes de colgarlo bien visible en la solapa, que todos pudiesen respirar su personaje y lo quisieran aún sin conocerla. Cuando terminaba la pantomima quemaba su disfraz sobre el viento, para que una de las dos pudiese paladear la libertad, luego se condenaba a media vida de no coger las llamadas, enviar el spam a la papelera y a escribir una y mil veces ” Jamás volveré a salir de mi mundo”. Cuando vuelven a olvidarla construye otro pequeño poema sobre el cómo hacer llevadero lo insoportable. – Estas loca- por eso se fue. Se marchó llevándose hasta el hueco de su dolor. Llegó tan lejos que, a tanta distancia, solo podía odiarle- No me busques.

Las noches de luna llena el hombre lobo era amable- Ven- y ella rechazaba sus, para los tiempos que corren, buenas intenciones.  Solo quería comer un poco pero ella era demasiado complicada. Tenía que esperar la dulce muerte y no tenía tiempo de llorar otros huesos. Siempre que la segadora llamaba a su puerta era buscando a alguien con un corazón prendido a la solapa.- Los fantasmas- solía explicarle- no me pertenecéis.- De nada servía que insistiera en ser la misma chica, la muerte se iba sola, sin encontrar a la difunta adecuada.

Alguna vez estuvo tentada de no borrar el disfraz, dejarse atrapar por el frío toque. Pero no soportaba la idea de que alguien reconociese el cadáver de quien no era o, más bien, que no supiese el hombre de dos corazones a quien pertenecía. Aun esperaba que entrasen sus dos latidos para poder fundirse, jamás regresaba. – Sabes- un día la muerte tuvo un ratito- Llevo siglos viniendo a por tus extraños compañeros de piso. Nacen y desaparecen por arte de magia. Nunca puedo matarlos y tu quieres que te coja a ti por ellos, eres muy rara. No creo que vuelva nunca más por aquí a perder el tiempo.- También se fue el hombre lobo enamorado de la libertad. No le Prohibió seguirle pero ella tenía la cabeza perdida y no se dio cuenta. Tampoco le prometió no regresar. Se llevo la mano al pecho agujereado y sintió el recuerdo de una palpitación que pugnaba por volver a llenarla. Cogió tijeras, cartón, pintura y un imperdible. Escondió su vacio tras la manualidad y miro a su alrededor, no había nadie. En la calle la gente parecía ignorarla- son ciegos- le dijo el viento.

– Entonces, tu- pero se marcho deprisa por que no quería cuentas con ella. Había visto demasiadas veces como se había dejado amar con un capricho y luego había desaparecido, todos los ciegos lo habían visto. Nadie se le acerco y aquella noche durmió sola. Lo intento un par de veces más antes de escribir su nombre con cuchillas por todo el cuerpo. Pero ella cumplió su palabra, no apareció.- Llamas a la muerte equivocada- le dijo la puerta cerrada- ella no vendrá. Ni ella ni al que deseas- luego perdió un poco más la cabeza y se sentó a no esperar nada.

Cuando volvió el hombre lobo solo fue una pequeña visita por los viejos tiempos.- sigh, niña mía, que hambre me vas a hacer pasar, que bonito corazón de papel se te pudre a los pies. ¿Me lo dejaras comer esta vez?- con una risita juguetona le dijo que no- Bueno,- se conformo el animal- tampoco sería suficiente para saciarme, es pequeño como el de verdad. Busque a tu amigo para ver si él me dejaba arrancárselo.- De repente ella comprendió el horror y escribió el pánico de lo que pensaba en su rostro- oh, no te preocupes. Fui a matarle pero ya estaba muerto cuando llegue, ha pasado demasiado tiempo para únicamente dos corazones. Yo quería liberarte de su carga pero tú ya eras libre, no te hacía falta.

De repente ella había contado todas sus arrugas, había sumado los años, la espera y, todo, pareció demasiado para este final.- ¿está muerto?- susurro. Pero eso ya no iba a cambiar nada.

LaRataGris


Lobo feroz ( revisitando caperucita roja)

31 agosto 2011

Los lobos no tenemos nombre, nos acompañan adjetivos que nos definen e intentan diferenciarnos a los unos de los otros. Somos salvajes, sanguinarios, voraces, brutales y crueles entre otros muchos miedos. Pero nos cuelgan el apellido y luego nos confunden entre todos. Yo soy el lobo feroz, en realidad uno de tantos, y esta es la historia de siempre, mi leyenda. Se ha contado tantas veces, se ha hablado tanto de ella, que ya ha dejado de ser verdad. Son habladurías, estupideces, cuentos para antes de ir a dormir.

Caperucita era una presa fácil, tan roja en mi bosque de marrones y verdes. Se paraba a cada instante a mirar las nimiedades de las flores, cantaba y silbaba como si provocase mi hambre… yo tenía tanta que me la hubiese comido de un solo bocado, aún así fui paciente. Espere mi turno, a tenerla en casa de la abuelita, alejada del camino y del cazador. Me creí muy listo pero ella lo fue más. Todo aquel mostrarse, el llevarme por la senda de las prisas me dejo a merced del trampero. Ella fue el cebo y yo mordí sus tiernas carnes llenas de veneno. Cuando me quise dar cuenta estaba en una jaula, en dirección a un zoo en el que exhibir mi ferocidad. Allí me convertí en el malo.

Mi estomago seguía rugiendo por que le diera algo y los niños estaban lejos y apetitosos. Sus madres les advertían sobre mi, me provocaban tras las rejas sin acercarse lo suficiente.

Aquella historia me había hecho tanto daño, la había escuchado tantas veces que empecé a asumirla. Lloraba cada vez que intentaba cazar algo. No importaba la trampa que me habían tendido, las mentiras que contasen para justificarse. Yo las conocía y aún así me sentía culpable por necesitar comer. Les pedí que me atasen, que me lanzasen en una bolsa, con el estomago lleno de piedras, a un río profundo para no tener que seguir sufriendo. Pero mi pena no era importante, ellos seguían necesitando un enemigo sobre el que contar sus victorias y volvieron a alimentarme…

LaRataGris