Mi propio enemigo

23 julio 2010

Mi propio enemigo


Princesa revisitada

20 julio 2010

Un día la Bella Durmiente se despertó harta de ser un estereotipo. Miró sus lacios cabellos rubios, los pómulos sonrosados y le preguntó a su espejo, espejito quién era la más bonita.-Blancanieves- respondió al instante- no cabe la menor duda-.

Suspiró aliviada. Ya no quería competir por ser la más hermosa, necesitaba que la valorasen por algo más y, con esa idea, abandonó su torre de marfil descolgándose por la ventana con una cuerda trenzada con su propio pelo.

Atravesó el patio da armas llevada por botas de siete leguas y se acercó a la sastrería del pueblo. Allí esperaba encontrar algún valiente sastrecillo que le tejiera un traje, símbolo de su transformación de mariposa a gusano. Pero se había ido a matar gigantes y el del emperador seguro que le cosía un vestido demasiado rimbombante y esperpéntico, para nada acorde con su estado actual.

Acostumbrada a no solucionar nada se derrumbó. Al fin y al cabo vivía en un palacio en el que, el día que se levantaba, ya lo tenía todo hecho. Aquella situación era demasiado para ella. Llorando en una esquina la gente se acercaba para ver qué ocurría. Apenados de ver una chica tan guapa llorando, con el maquillaje resbalándole por los pómulos le preguntaron qué le pasaba, si necesitaba algún príncipe azul que la rescatase. Entre sollozos explicó su historia, lo desgraciada que era por ser feliz y lo mucho que le gustaría dejar de comer perdices y ser una más del pueblo, igual que el príncipe que se convirtió en mendigo.

Hasta el gato se rió de su sombra mientras desaparecía raya a raya. Estaba sola, con la corona aboyada, la seda rasgada y la cara manchada de camino. Era un despojo sin dinero y con tanta hambre que se hubiese comido hasta un guisante que hubiese estado mil y una noches bajo cien colchones. Así que regresó por el camino de baldosas amarillas, pensando que la próxima vez le pediría a su papi un chandal de terciopelo azul, a juego con sus zapatitos de charol rojo. Se rizaría el pelo para poder jugar con sus bucles dorados y se entretendría en buscar nombres extraños perdidos en sopas de letras…cualquier cosa antes que volver a arriesgarse con la vida.

LaRataGris.


Continuará…

16 julio 2010

Continuará


Lavado de conciencia

9 julio 2010

Lavado de conciencia.


Mundos imaginados

2 julio 2010

Mundos Imaginados


Miedo a las utopías

25 junio 2010

Miedo a las utopías


Avaricia

22 junio 2010

Carlos llegó a la ciudad y se sentó en un rincón a llorar- No tengo nada, nada de nada, nada-. Era lo único que parecía saber decir y alguien sintiendo pena le dio de comer, otro donde dormir y un tercero una forma de ganarse la vida.

Al principio, contento, se levantaba temprano. Cada mañana iba a trabajar y urdía un plan para dejarlo rápido- Es tan poquito, muy poco, poquísimo- fue su nueva consigna llena de lágrimas y pesadumbre. Enseguida llegó más comida, una habitación más grande y un trabajo con más responsabilidad.

Un tiempo y la situación se repetía con otra frase distinta- No es suficiente…quiero más…¡inclinaos ante mí escoria!- cada vez más autoritario, ascendiendo sin piedad. Ya no necesitaba manipular a nadie, podía chasquear sus dedos y una cohorte de acólitos se inclinaba ante el poder de su dinero. Pero Carlos no estaba feliz. Su supremacía le llenaba de orgullo, era un chico de la calle que se había labrado un porvenir, era la persona más influyente, ya no de la ciudad, del mundo entero pero…él quería seguir subiendo y no le quedaban metas por conquistar.

Un día Antonio llegó a la ciudad con mucha hambre…Carlos ya se había suicidado y el grupo de trepas comenzó a moverse ocupando los espacios vacíos. Quedaba un hueco en la zona más baja, donde los mendigos intentaban inútilmente despuntar. Antonio se sentó en aquel espacio y se preparó un bocadillo con lo poco que había conseguido aquella mañana, no estaba demasiado bueno pero mataba el hambre. Después estuvo haciendo algunas preguntas, buscando la manera de ganarse la vida allí. Lo único que le decían todos era que si sabía llorar todo sería muy fácil para él. Así se conseguían las cosas. Y lloró un poco, todo aquello lo entristecía. La gente se acercó para darle una limosna que él rechazó- Vivir de la amargura sólo me puede traer más melancolía. -Gracias, pero tengo que irme- y se marchó mientras la ciudad esperaba que llegase un nuevo pilar para su pirámide. La maquinaria no se puede desequilibrar.

LaRataGris


Incomunicados

18 junio 2010

Incomunicados


Paradojas de la libertad: Pactos de silencios

12 junio 2010

Paradoja de la libertad: Pactos de silencios


El doblez de la bandera

8 junio 2010

El doblez de la bandera


Tlaxcala