El olvido de las alturas

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El olvido de las alturas

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Olvidando sus penas

9 febrero 2012

Olvidando sus penas


Un plan perfecto

16 septiembre 2011

Irene trazó un plan perfecto para quedarse con su hija toda una vida. Pintaron un cuento de hadas y escaparon hacía dentro por cualquier camino alejado, zigzagueando a través de bosques y montañas, cruzando ríos y tres océanos hasta llegar a un rincón secreto y resguardado donde ser felices.

El planeta notó que desaparecían, que le quedaba un hueco en su estomago y las tripas le gruñeron de hambre. El rugido del vientre sirvió para adiestrar a sus cachorros en el odio. Olisquearon el viento y se lanzaron al infinito en busca de carne fresca.

Aullaron insultos y amenazas a las presas huidas. Crujieron los dientes y arañaron suelo y cielo con sus fuertes garras. Los gritos de la jauría oscurecieron las nubes hasta conseguir que llovieran salvajes sobre toda la tierra. Volaron por huecos insignificantes, pequeñas rendijas por las que nunca hubiese podido pasar un corpulento animal.

En la casita de Irene el techo se derrumbo bajo el peso de las gotas-palabras, los cristales se quebraron por el miedo y ella empezó a pensar que su plan, quizá, no era tan perfecto.

Cuando escapó no pudo llevarse demasiadas cosas. Algunas herramientas que le cabían en la mano y muchísimas ideas. Por encima de cualquier material recogió todas sus reflexiones, conocimientos e imaginación, lo guardo en su cajita con forma de cabeza y empezó a utilizarlo en cuanto vio los destrozos. Juntas construyeron un tejado de paraguas, sustituyeron los vidrios por burbujas de jabón y cerraron la grietas, por donde habían entrado las nubes de tormenta, con palabras de lucha y libertad.

Cuando los lobos notaron donde no podían seguir bramando se agolparon ante las fisuras tapiadas. Golpeaban sin piedad, intentando abrirse hueco hasta las dos mujeres que, asustadas, seguían con su vida normal para no perder antes de tiempo. Irene enseño pensar a su niña, a elegir, calcular y montar revoluciones perdidas que acabarían ganando. A cambio ella le dio felicidad, seguridad y amor.

Su mundo acabo precipitándose. Los perros del sistema intentaron separarlas, chillando que era mejor para que no sufrieran…Pero Irene y su hija habían trazado un plan perfecto durante el tiempo en que tuvieron para estudiar. Habían vuelto a escapar por un camino pequeño, habían regresado a su cárcel mientras los lobos se ensañaban con muñecos vestidos de ellas. Le sonrieron al mundo, le dijeron que ya las podía utilizar y, mientras eran perdonadas, tejieron una red invisible entre otros desheredados.

LaRataGris