Así lo manda el rey

25 febrero 2020

Siempre habrá un grupo de rebeldes dispuestos a saltarse las reglas.

Claro que mucha gente las defenderá con vehemencia, se han de cumplir sin rechistar, así te lo dirán.

Tanto da si provienen de la bondad más absoluta o de un déspota sanguinario. Salvajes, sin sentido ni razón, las normas son sagradas.

Lo sabían al aprobar una ley tan injusta como la que habían redactado, cargando contra todo un pueblo, simplemente les dio igual.

Contaban con los borregos que siempre obedecían. Estaban incluso los que nunca dicen nada, los que no se ven afectados y corazón que no siente. Estaban hasta los hijos de puta a los que les va bien, parecían más bien corderos pero eran lobos.

Tenían todo un estudio para saber que no pasaría nada si aquella, o cualquier otra ley, se aprobaba.

Eran malnacidos, el poder no se iba a desestabilizar por si solo.

laRataGris


Enamorados

12 octubre 2015

Hay almas tristes amándote. Están enamoradas por que tu se lo has pedido. No eres nada sin ellas y eres exceso utilizando lo mucho que te quieren.

Nuestra historia de amor es como la de tantos. Tu estas ahí y yo he nacido para estar sobre tu piel. Siempre me dices: yo soy asín, quiéreme Y más vale hacerte caso que la policía del pensamiento finge mirar hacía otro lado cuando me vigila.

Soy prisionero de tus sentimientos, del no sentirte valorado. Eres tu o convertirme apátrida del corazón.

Tus amigotes te vitorean, quieren mansos borregos, limpios y calladitos para todo menos para proclamar a los cuatro vientos su amor. Aisch, como te quiero cuando me pones una pistola en la nuca, como me hacen amarte las amenazas.

LaRataGris


Caminos y direcciones equivocadas

27 octubre 2011

Caminos y direcciones equivocadas

 


El cangrejo

21 enero 2009

Mucha gente lo cree;

el cangrejo camina hacia atrás.

Mucha gente lo sabe;

el cangrejo, realmente, camina de lado.

Muchas veces lo hace;

el cangrejo se queda quieto por joderlos a todos.


Fue un día cualquiera, entre semana. La gente corría de aquí para allá. En busca del coche, la moto, autobús o metro para no llegar tarde al trabajo. También Juan dejaba atrás los últimos jirones del sueño, caminando deprisa. Su automóvil se quedo en el taller y por primera vez en su vida el olor a transporte público anegaría su trayecto. Durante trece paradas sentiría agarrotarse su cuerpo oprimido por la marabunta que no deja moverse si no es en una misma dirección. Pasando, al fin y al cabo, desapercibido hasta que la megafonía anunció su parada y el lucho por salir.

Al conseguirlo, cuando subió a nivel de suelo, no fue consciente del revuelo que había formado.

Pasmados, intentando comprender lo que sucedía, los que se habían bajado en aquella misma estación y todo aquel que entraba en el metro, miraron a un hombre desafiar las leyes universales. Juan, anodina mota de polvo, subía las escaleras, como si tal cosa, por propio pie. No usaba las eléctricas, algún ascensor !!!. Se limitaba a apoyar un pie tras otro en las frías baldosas que recubrían los peldaños grises y salio al aire libre, ante el estupor de los que allí se habían congregado.

Cuando por fin, alguien, reacciono gritando- ¡ Mirad es un hombre cangrejo! – el ya estaba oculto en el deambular errático de los transeúntes y no pudieron distinguirlo, actuando como actuaba, como uno más.

-¿¡ Qué sucede!?- dijo el jefe de estación al ver que se iban acumulando viajeros ante las escaleras- ¿¡ Por qué nadie se mueve!?
-El,… el hombre cangrejo- parecía ser la única respuesta- un ser que subia bajando- logro articular alguna voz balbuceante- desapareció, mágicamente, al dejar atrás las escaleras- sentencio una tercera.

Lívido, sin poder asimilar aquel hecho extraordinario, corrió a su garita, para dar, nervioso, el parte de lo sucedido a sus superiores- Como nuestro señor Jesus, al caminar sobre las aguas, se ha obrado un milagro; en mi estación. ¡ Ha de ser el nuevo mesías! Y su gracia a tocado mí estación.
-Corte la corriente de las escaleras mecánicas- fue la orden tajante- Diga que hay una avería, que todos han de subir caminando. Llame a las demás estaciones, diga que hagan lo mismo- añadiendo, más tarde para si mismo- lo que menos necesitamos ahora es un loco con ideas propias sobre como subir unos escalones, podría hacer pensar a los demás y eso sería terrible para el orden establecido, terrible. La única solución sera instalar ascensores. Que no tengan otra vía de acceso. Nadie se quejara por tener que caminar y a la vez no podrán desviarse por otros caminos.

Al volver a casa, al día siguiente, y todas las veces que volvió a coger el metro, Juan no varío su itinerario, aunque nunca más lo miraron.

LaRataGris.


En la caverna

14 diciembre 2008

En la caverna


Pensamientos compartidos

25 octubre 2008

Pensamientos compartidos