Gigantes y personas

5 enero 2016

En el país de los gigantes casi toda la población es ridículamente pequeña. Sólo un uno por ciento puede presumir de ser tan brutalmente descomunal que el suelo tiembla de miedo cada vez que camina.

El resto vive supeditado a como se comporte la minoría, temiendo que un día se pongan a bailar o saltar a la comba sin aviso previo. La actividad del país gira entorno a los poderosos seres que, conscientes de su fuerza, exigen locuras a sus diminutos súbditos.

– Cada día estoy más cansada de estar oprimida.

– Os acordáis- dijo una niña pequeña- cuando entre todos los liliputienses consiguieron atar a Gulliver. Aunque luego se escapara por unos minutos fueron dueños de su destino.

-Tal vez…

– Más comida- grito el gigante

-Más madera- se fraguaba la revolución.

LaRataGris

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Gooooolpeados

20 abril 2011

Eran dos titanes temibles. De cuerpos desproporcionados, de fuerza descomunal. Uno representaba el bien, la lucha por lo que es justo y correcto. El otro era la maldad personificada, crueldad sin paliativos. No existían los matices en el combate, estabas a favor del bueno o del peor. Mientras tanto la ciudad quedaba arrasada en su enfrentamiento. Los gigantes sobresalían por encima de las nubes, se lanzaban edificios, ya sabes quien lo hacía con inquilinos y el que se preocupaba de salvarlos. Insultos, chanzas, odios viscerales y, en un momento dado, el maligno, sacó un cañón láser de efectos devastadores. Disparó apuntando a la tierra, dispuesto a acabar con todo la vida sobre ella. Su adversario buscó a su alrededor algo que pudiese salvar la existencia y, únicamente encontró una parabólica que arrancó con la esperanza de que el rayo rebotase sobre ella y desestabilizase al otro coloso.

Y a punto estuvo de llegar el impacto, colisionar con la antena y cumplir un cometido inverso al deseado por su desencadenante. Tal vez hubiese sido así pero, en el último instante, salió por una ventana el dueño de la parabólica. Gritando, exigiendo, obligando al Hercúleo superhombre a dejar el trasto en su lugar antes de que acabasen los penaltis….Así fue como el disparo puso un punto y final a la historia cuando el muy imbécil prefirió morir a vivir sin fútbol, necesitaba su droga más que la realidad.

LaRataGris