La habitación pequeña

21 mayo 2019

Ismael vivía en una habitación pequeña, llena de cómics, películas y libros. con todos sus tesoros construía castillos en los que esconderse.

En su mundo siempre sonaba algo de música, se podía tumbar mirando el cielo del techo, rodeado por sus amigos imaginarios.

Mas allá de la puerta, el resto de piso, era un lugar frio en el que convivir. Zonas comunes en las que tenías que desordenarlo todo de un forma exacta, para que nadie tropezase con nada.

El día en que cumplió cuarenta años, como si la vida se transformase, llegaron un montón de desconocidos a despedirse, cada uno con un regalo absurdo, algo que ya no cabía en su madriguera.

Tendría que desprenderse de algunos de sus tesoros para hacerle un sitio a un pisapapeles horrible, tarjetas y camisetas en las que se leía “demasiado viejo para la vida.”

Buscó algún rincón en desuso, quiso colonizar espacios comunes y al final tomo la decisión más acertada. Se deshizo de todo lo que le habían regalado, agradeciendo que fueran cosas tan inútiles que no le supusiera ningún problema el no quererlas.

-Ojala siempre me regaléis estas mierdas- les dijo antes de que la última persona, que llevaba veinte años sin ver, saliera para siempre de su vida.

LaRataGris

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Testimonio

14 octubre 2011

Hace ya demasiado tuvimos un éxito. Mucha gente gritó que estaba harta y nadie hizo caso. Aún así se juntaron, gritaron más fuerte y los que tienen el poder miraron para otro lado, esperaron que desaparecieran y dijeron- fijaos como no hacen nada por cambiar el mundo- El sistema tiene medios para que nos creamos esa patraña. La gente que podría arreglar algo no tiene intención de cambiar las cosas, esta cómoda, bien alimentada y puede pagarse todas las ficciones que desee ¿por qué iba a necesitar justicia?

Es muy posible que una manifestación a nivel mundial se quede en agua de borrajas, que siga todo su curso por que es lo que esta decidido y la desilusión haga que mucha gente se baje del carro. Aún así es necesario que se diga- de acuerdo, jamás me haréis caso pero eso no significa que deje de existir. No puedo hacer nada pero al menos mirame, no sigas jodiendo pensando que no nos damos cuenta…

Ya se ha dicho una vez lo habéis convertido en moda de paso para cubrir vuestras espaldas y aún así no habéis convencido. Seguimos estando en vuestra crisis aunque no queráis escuchar… dejadnos vivir de una vez.

LaRataGris


El rey ciego

14 agosto 2011

Todos los reyes son ciegos que no quieren escuchar. Si alguno toca algo de realidad, si huele la tristeza sobre la que gobierna, prefiere quedarse mudo a tener que paladear palabras que le obligarían, con su fuerza, a ser demasiado real, casi humano.

El día en que el rey ciego contó sus tres fortunas una vez más, poseyó a dos de sus cien concubinas y mató a un rebelde contrario a su bondad, ese día, se sintió envejecer. En apenas un segundo pasaron al menos veinte años que le volvieron rancio y deslucido.

Llamó al único consejero en que confiaba y vio que también se había gastado tras el cristal del espejo.- ¿Qué nos a pasado?- se interrogó sin fuerzas. Su reflejo, que llevaba al menos dos decadas preparando ese momento, sonrío sutilmente. Había ido añadiendo imperceptibles arrugas, cabellos desteñidos, caídos, ligeras lorzas y pequeñas flacideces que se habían unido para hacer el instante posible.

-Tu vida se acaba.- le insinuó con escasa delicadeza- alejate de tu castillo de nubes, conoce tu mundo y llevate el recuerdo de lo que gobernaste con sabiduría. Deja de ser uno de esos reyes ciegos.

Siguiendo los sugerencias del futuro monarca se desprendió de cualquier recuerdo del pasado y viajo de noche. Así podía volver a llenarse de los sueños que se escapaban de las casas dormidas. Empezó a ver su tierra a través de los ojos de sus súbditos, de las esperanzas e ilusiones con las que chocaba en su camino. Todo olía tan bonito y suave, tan distinto a aquel acumular sin deseo, que lloró superficialmente hasta el amanecer.

El nuevo día despertó con el ansia de ver todo lo que le habían prestado los ensoñaciones ajenas. Preparó sus cinco sentidos y descubrió que la vida de aquella pobre gente no era ni una simulación imperfecta de lo que había visto. Corrió hacía su palacio, sorteó a los guardias que, por orden de su soberano no le permitían el paso, y llego por pasadizos secreto hasta la habitación del rey. Allí intento explicar en balde que aquel sistema no funcionaba, necesitaban cambiarlo para que todos pudiesen vivir cuentos de hadas. Pero el rey ciego se había sacado los ojos, arrancado las orejas, cortado las manos, saturado de perfumes y tragado la lengua para no tener que sufrir como aquél rebelde que sería presentado al verdugo…

LaRataGris


Descorazonador

18 enero 2009

Descorazonador