
Sólo son gestores.
Como un reflejo de su vida el viento sopla con furia. Balanceándolo mientras se sienta frente al abismo.
– ¿Te vas a tirar?
– No – mira a la ventana que parece hablarle con forma de mujer-. Sólo estoy reflexionando sobre mi vida.
– ¿Al borde de una cornisa?-hace una pausa en la que no espera respuesta y-. Te acabaras tirando.
– No,… solo estoy…
– Sí, sí; reflexionando. La vida nunca es lo suficientemente buena como para que no te deprima. Mira nuestro barrio; el edificio está que se cae hacia arriba, igual que nosotros. Los políticos van a lo suyo, el mundo apesta y ¿qué hacemos por cambiarlo? Continúa reflexionando al borde de un vacío de nueve pisos de altura ¿Quieres que te diga donde acabarás chafado? Un pasito y pum, el coyote no vuelve a levantarse.
¿Prefieres que me siente en la terraza? – dice apartándose.
– Me da lo mismo. Pero, si te tiras desde la azotea, avísame que recoja la ropa. Acabo de tender y el último ya se me la llevo por delante. No quiero tener que bajar a recuperarla de un charco de sangre ¿Sabes? La sangre se quita fatal.
– Eres más práctica que yo.
– No tengo tiempo para tonterías. Entonces ¿Qué? ¿recojo la ropa?
– No.
– Genial. Me voy dentro que tengo cosas que hacer. Si cambias de opinión avisame primero , estoy en el tercero cuarta.
-Puede que baje a visitarte.
– Pero si vienes deja tus mierdas fuera, necesito ayuda, no problemas.
– Lo tendré en cuenta. Y oye, si te parece bajaré por las escaleras.
LaRataGris

Cae otro número y cambiamos de año.
Pero cuidado que no hay borrón y cuenta nueva.
Que tengas una buena entrada de año.
LaRataGris
-¿Cómo te llamas?
– Euren – dijo la niña sin saber por qué quería poseerla.
– Es bonito, parece como inventado.
– Todos los nombres son inventados, Maurice- habló una sombra a la que sólo parecía escucharse cuando se movía el aire en lentas ráfagas.
De repente la sombra salió a la tenue luz. Tenia la cara marcada con el horror del fuego. -¿Qué haces en una calle tan terrible como esta, Euren? Pareces demasido buena niña para estar aquí.
– Mi madre quiere que le lleve su medicina pero no tiene dinero para pagarla.
– Dile a tú madre que aún eres pequeña como para pagar esa deuda.
-Pero, Tomo – babeo Maurice- yo no la veo tan pequeña, parece jugosa.
Tomo se detiene sobre sí mismo, saca un cuchillo, se lo clava a Maurice – Tu pareces muy muerto para tantas tonterías. Vete, niña. Tengo un amigo al que enterrar. y dile a tu madre que de momento es ella la que tendrá que pasar por su medicina.
Y Euren desaparece.
LaRataGris
Aquel invierno estaba siendo duro. Las cucarachas conocían aquella verdad incuestionable igual que la conocía el resto de seres vivos e incluso alguno inerte al que se le habían congelado los huesos de metal.
Por eso, por interés propio pero también por solidaridad, se arrimaron al sol que más calentaba y ofrecieron su esfuerzo.
– Las cucarachas no- espetaron los demás sin dejar de temblar. Todos coincidían en que eran asquerosas, repugnantes, infectas, vomitivas – No pueden formar parte de nuestra comunidad.
Pobres, se alejaron con las antenas bajas, directas al frío nuclear. Se hicieron mas piña con ellas mismas, se calentaron de una forma que las ricas comunidades desconocían. Sobrevivían y el resto no.
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