El valor de las cosas

10 julio 2020

El valor de las cosasds


Bonita

16 octubre 2017

Ya de pequeña sabías que aquella niña era especial. Parecía brillar Como una estrella que acaba de nacer. Desprendía un calor y una alegría que te obligaban a adorarla como a una diminuta hada de la felicidad.

Creció y, lejos de disminuir su belleza, aumentaba con cada segundo de existencia. Era una maravilla que atraía todas las miradas, a la que le regalaban los oídos, no siempre con las palabras más adecuadas. Pronto se fue acostumbrando a las obscenidades más diversas, en cuanto la lascivia sustituyo a la admiración y no le quedo más remedio que perder la inocencia.

No podía caminar tranquila entre tanto guapa y silbido, eso en el mejor de los casos. Por eso decidió mutilarse, se rasgó la cara hasta que la sociedad dejo de admirarla y pudo dedicarse a ser feliz. Ya no la culpaban por como la veían, empezaban a tratarla como a los demás y solo le había costado la cordura.

Las víctimas no son las culpables

LaRataGris

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El Cuento del Sultán

27 marzo 2017

-Niña,- la llamó el Sultán- ven aquí- La pequeña se acercó hasta el amo y con la sonrisa del miedo agacho la cabeza

-¿Si, Sultán?

-Has de explicarme una historia-y acto seguido se tumbó entre cojines y sábanas de seda- Cuéntame de nuevo como Simbad surcó los Siete mares.

Escuchó más de mil cuentos, en más de mil noches repletas de magia. Le gustaba tanto aquel entretenimiento que un día le supo a poco. Necesitaba escuchar constantemente la voz de Sherezade, incluso mientras ella dormía, a la hora de comer, desde el baño,…

-Tienes que decirme cual es tu secreto, ¿dónde guardas todas esas palabras que tejes para mi?

-No hay ningún secreto- le dijo la niña- están dentro de mi y solo dejo que mis labios no las retengan.

Pasaron dos días en los que el Sultán apretaba su barriga, intentado que no solo salieran flatulencias de sus entrañas. No consiguió nada, ni aunque comiese los más delicados manjares. Sus palabras, simplemente, no eran tan bellas como las de la niña.

– ¿Verdugo?-gritó-¿verdugo?- siguió gritando hasta que apareció con su hacha envenenada

-¿Sultán?- mostró su debido respeto-¿qué puedo hacer por vos, mi señor?

-Abre en canal a Sherezade, de la forma mas delicada posible. Busca en su interior donde esconde todos las maravillas que me cuenta

-Pero…señor- No sirvió de nada. El Sultán estaba tan decidido que la niña murió. Después mató al verdugo por, evidentemente, esconder para él lo que sea que tuviera Sherezade en su interior.

Muerta la niña el Sultán intentó recordar todos los cuentos, le dijo al escriba que los transcribiese todos. Pero no funcionaba por que él no sabía maravillar, solo maravillarse.

LaRataGris


Fuerte

4 abril 2016

-¿Papá?, entonces era mi niña, la luz de mil soles jamas podrían hacerle sombra,¿papa?, así me llamaba hace ya tantos años… Ya no me sonríe cada mañana.

Antonio se sienta junto junto a la puerta de la habitación y llora. Las sucias paredes del motel crujen de frio mientras resbaladiza escarcha acompaña sus lágrimas. Tras un rato las cucarachas regresan sabiendo que aquella roca del pasillo, en que se ha convertido Antonio, no les haría nada. Sin aviso previo la roca vuelve a moverse, limpiándose los mocos en la manga del jersey, y los insectos corren a esconderse en las sombras.

Toma aire- No estés- se suplica. Con los ojos cerrados, rompe la hoja de papel que es la puerta. cadáveres respiran con dificultad sobre la cama deshecha.

-¿Elisabet?- Ella mira como si estuviese justo detrás, fuera de la habitación, en un infinito cercano.

-No me mires, no me mires,… iNo! – Su rostro demacrado se desencaja – No me mires papá.

Los gritos despiertan al muerto. Con movimientos lentos intenta acercarle una bolsa de polvo maravilloso. Balbucea algo ininteligible y sonríe con su dentadura negra antes de hundirse en el cielo de la droga. Antonio recoge la bolsa del colchón y esparce su contenido sobre la cara del ex-deportista que estalla en una carcajada. Entonces se acerca a su niña que esta temblando, haciendo tintinear sus huesos al entrechocar unos con otros- iNo!-El grito no les inmuta. se han perdido en olvidados placeres. No ven la pistola, no intuyen las balas salpicándolo todo de sangre- Sus ojos-cae sobre su cuerpo inerte- sus ojos que parecían muertos ahora están muertos.-Con cuidado borra las huellas de aquella vida, hace desaparecer la sangre, y la tumba como cree que han de dormir las princesas- Nadie me vio entrar ni saldré sin ti.- y suena un tercer disparo.

LaRataGris

Dime una cosa, ¿te sonaba esta historia? En realidad es otro punto de vista para Débiles. Espero haberlo hecho tan bien como para que sólo te puedas enterar en este mismo instante. 8P