Norteños del sur

14 mayo 2018

Habían perdido el norte. Su brújula siempre marcaba una línea recta, de poco importaban los obstáculos o que eso les hiciera girar siempre en círculos.

Mokombo golpeó el cristal con la esperanza de que la aguja se moviera, aunque solo fuese un poquito.

No hubo suerte, estaba justo donde le señalaba y no le parecía el lugar adecuado.

-¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí?- se lo preguntaba a el mismo pero, Lola, viendo la desolación en sus labios le respondió con un abrazo.

Vamos a sobrevivir- y, en aquel momento, algo peor que la muerte es el no estar vivo, solo sobrevivir .

Ninguno de los dos fue consciente de lo que realmente duraron los días venideros. Fueron espectros haciendo todo lo necesario para levantar el campamento, fingir una ocupación, conseguir sobras y ropa usada.

Mientras, el niño, se perdía por cada rincón del yermo. Resultaba sorprendente que pudiese encontrar, ni que fuera, una sombra para cobijarse. Él aun no había renunciado a la esperanza.

Pasaba largas horas mirando el sur por el que habían llegado, ese era su norte, no este asentamiento en el que tendría que crecer.

Mantendría esa mirada hasta poder crecer sobre aquella idea. Toda su lucha sería por regresar a su destino, a la misma decepción que habían encontrado sus padres.

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Regicidio Vs magnicidio

22 marzo 2018

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¿Cucarachas votando?


Solitarios

12 octubre 2017

Lentamente fue tranquilizándose. se sentó en el suelo y le pidió a su corazón un poco de calma.

-¿Estas bien?- era como un maniquí sin rostro, inexpresivo, carente de emociones. Le sorprendió que aquel “objeto” fuese lo único que se preocupase por él

-Si- le respondió con el rostro deformado aún por el terror-¿Qué era eso?

-No lo se- el maniquí caminó por la pequeña habitación hasta que estuvieron pegados , algo no muy difícil en aquel cuchitril. Con movimientos mecánicos empezó a acariciarle el pelo, intentando espantar los malos pensamientos.- Yo he llegado como tu, sin saber ni el como ni el por qué. Pero ya he aprendido a no preguntar y quedarme en mi sitio. De tanto en tanto traen comida, a veces aparece alguien como tú, huyendo de él, relajate y el tiempo en el que sobrevivas estarás más contento. Ven, aquella esquina es la mejor donde estar.- Su dedo señala un recoveco en el que la oscuridad oculta sangre seca, huesos humanos y un hacha- Allí es donde preparo la comida que me traen, allí es donde despiezo la carne fresca. El amo siempre provee si no te quejas. Ven, seras feliz mientras estés vivo

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Manual de supervivencia: Respirar

13 agosto 2015

Manual de supervivencia: Respirar


Cenicientas del no future

8 julio 2013

Más allá del escaparate la tarde parecía apacible. El sol, soberbio, se entretenía en el cielo azul, calentando los nítidos cristales. La gente que vivía en aquella tienda se empeñaban en absurdos, tareas que mantuviesen contento al cacique. Limpiaban lo limpio mientras soportaban la tensión por si algún dragón rugía.

– Alto- susurro el amo- yo soy bueno. No os levanto la voz, sonrió,… debéis quererme- y al unisono aplaudieron su elocuencia por que, si bien era suficientemente amable, su contrariedad podía ser nefasta.

Inmediatamente volvieron a sus quehaceres hasta que el dueño se marcho. Un estruendoso suspiro escapo de cada cuerpo y los esclavos organizaron distintas brigadas. Con una agilidad desconocida deshacían lo mismo que se habían esforzado por realizar, hasta que el desorden fue exacto al del día anterior y pudieron descansar. Cuando volviesen a abrir seguirían siendo necesarios. Eran cenicientas sin sueños de príncipes, era suficiente con sobrevivir, existía el presente y su falsa promesa de seguridad.

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La vida fugaz

22 marzo 2012

Había sobrevivido a tantos días que se solapaban, conectados fuera de esa consciencia que nota el paso del tiempo, simplemente se sucedían sin que el pudiese saber en que mes había caído o que año había dejado atrás. Se despertó un minuto después de haber pasado por ese coma profundo que lo había mantenido tres lustros en una habitación de hospital, sin probar una gota de alcohol.

Se seguía imaginando fuera del local, abrazado a la niebla que anula los sentidos, pensando en la próxima copa mientras se decía demasiado sobrio. Le atrapaba la oscuridad de no poder mover los parpados, la rigidez de un cuerpo que se había dejado involuntario en una habitación estrecha. Notaba su aliento seco topando con el techo bajo. Su estómago rugía hambre de vida y entonces comprendió que solo anhelas lo que no tienes. Había brindado por todos los borrachuzos desaparecidos, había enterrado a todos y cada uno de lo miembros de su cuadrilla y ya no quedaba nadie para llorarle.

Le abrigaba una fría soledad mientras se consolaba creyendo que había escogido su forma de derrota. No podía estar seguro de nada, poca vida le había pasado ante sus ojos y nada podía recordar de los fragmentos que le faltaban. Pensó en gritar que aun estaba vivo, que le trajesen un par de botellas para aguantar bajo tierra, pero decidió que ya era tarde. Las paladas caían sobre la tapa arañando elegante madera. Se preguntó que perdería antes la conciencia o la razón que ya no poseía.

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Recuerdos por olvidar

4 septiembre 2011

La vida de Alberto era muy sencilla. Levantarse, ir a trabajar y volver a casa a dormir. No hacía mucho más y tampoco notaba que le faltase algo a sus monotonías. Se había acostumbrado a ser su trabajo y en el se perdía para no tener que pensar demasiado, al menos no en el. Se dedicaba a encontrar imbéciles. Le contrataban para llevar clientes a los sitios y los ignorantes eran más fáciles de convencer.

Les prometía un cielo, una pequeña satisfacción y un souvenir para que pudiesen recordar la aventura de la compra durante toda una vida por un módico precio. No tenía que insistir mucho entre los que necesitaban sentirse un poco más queridos.

Su mundo construido de carencias reflejaba una vida de lujos, un gran apartamento en el que no vivía, siete coches por conducir y ropa que no combinaba con el uniforme que usaba de lunes a sábado. Le ahogaba la abundancia sin que el pudiese hacer nada. Cada vez que caía muerto frente al televisor se convertía en su carnaza favorita, sus propios anuncios lo hipnotizaban y secaban su autonomía.

Lucia siempre llegaba un poco más tarde, con más cosas por olvidar. Abrazaba su vegetal y le susurraba como consuelo para ambos- Tuvimos suerte de sobrevivir.- Luego suele caer rendida a sus pies y juntos esperan que la alarma del móvil les obligue a levantarse. A la vez sueñan la época en la que resistieron, echan de menos sus excesos y la vitalidad de no arrepentirse. Cómo si sobrevivir no hubiese sido suficiente.

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