La pequeña Muriel

6 marzo 2012

Había muerto la más pequeña de la familia. Apenas levantaba un palmo del suelo y, aunque ninguno llegaba más allá de los dos palmos, no dejaron de recordarle nunca lo insignificante que era. En el mejor de los casos la llamaban bicho ridículo mientras ella agachaba la cabeza avergonzada por haber nacido tan sumamente reducida.

Tanto se burlaron que, al final, decidió viajar hasta donde le permitiesen sus diminutas patitas, a algún país en el que el gigante fuese tan alto como ella y los enanos tan pequeños como quisieran, era algo que ya no le iba a importar.

Por donde pasaba, sin que se preocuparan por su talla o condición, todos la recibían contentos de poder escuchar historias lejanas. Se sentaban a compartir sus sueños y se quedaban admirados del largo recorrido. Su viaje crecía con cada legua y lengua en la que se repetía y, pronto empezaron a precederle las leyendas que se cantaban sobre la valiente Muriel atravesando el jardín sin ayuda de nadie, buscando un mundo mejor.

En su camino se había enfrentado a terribles peligroso, había trabado fuertes lazos de amistad con las diversas etnias con las que se cruzaba. Ya no le pedían que explicase el sinfín de desventuras, era el resto quienes se volvían eco de sus hazañas y le contaban lo que ella había vivido en primera persona para luego buscar la aprobación de la protagonista. Al principio no sabía reconocerse en todos los cuentos pero, poco a poco, su mente se trasladaba y tenía querer admitir lo mucho que había crecido. Con sólo un palmo de alto ya no tenia que seguir buscando nada. Regresó a casa sabiendo que en cualquier lugar podía ser tan inmensamente grande como era o tan pequeña como la hiciesen sentir, únicamente era cuestión de creerse en los demás o saberse capaz de caminar. Fue un dulce regreso reencontrándose con todos los nuevos amigos, llegando a casa a la hora perfecta de morir, siendo lo que quería ser, en el lugar adecuado.

LaRataGris


Crecer a deshoras

13 septiembre 2011

No se ha hecho grande. Crece cada día sin que nadie se de cuenta. La miran de reojo calculan su altura, el peso y deciden si esta preparada para aprender lo que ellos quieren.- ¿Cuantos años tiene?- y se la llevan para enseñarle a marchitarse entre cuatro paredes. La maduran a golpe de tiempo.

Debe aceptar sus normas, sus mundos grises y deteriorados… que sonría para la foto y- sonríe, sonríe, sonríe…- Tendrá que abandonar las ideas geniales, la libertad, el sentir según necesite. La vida es mucho más compleja, jamás debe saber lo que le conviene y desde pequeña tiene que convertirse en un robot que no se cuestione lo que le pasa.

Yo tendría que colaborar, sin advertirle, sin explicarle la realidad. Que se sienta integrada, no hacerla pensar hipotecando su vida… me quieren hacer cómplice, me siento culpable, si educo por marginarla, si la dejo educar por engañarla… tienen un sistema perfecto en el que fagocitan la experiencia a base de normalidad. Lo normal se repite y lo justo pasa a un segundo plano.

Pero aún no han borrado sus cuentos, sigue dibujando secretos que sólo a mi me explica. Los guardo en una cajita para que no se los roben y les digo a todos que sigue siendo una niña para poder seguir jugando con ella, para no dejar de crecer juntos.

Si algún día olvida lo que fue abriremos el cofre de sus tesoros y recordaremos todo lo desaprendido.

LaRataGris


Ajo gugu tata

28 julio 2011

Ajo gugu tata


Creciendo sola

27 junio 2011

Cuando Irene era pequeña, mucho más chiquitita de lo que eres tu ahora, diminuta como poca gente ha sido jamás, vivía en una casa tan grande que se podía perder intentando salir de una habitación.

También estaban allí un papa y una mama. O eso le habían dicho que eran aquellos señores que aparecían a la hora de cenar-somos tus padres- le repetían una y otra vez. Y claro, ella no tenía por que dudar de ellos.

Aunque, por lo que a ella respecta, Lola, su profesora, podía ser su madre. Siempre estaba jugando con todos los niños de la clase, les enseñaba a formar una fila y les regalaba pegatinas de colores si se portaban muy bien. También le ponía tiritas si se caía y le sonreía muy a menudo. Desde luego a ella le parecía mejor madre que la otra, como las que salían en los cuentos. Pero Lola le decía con una de sus grandes sonrisas- Yo no soy tu mami- y era algo que tampoco tenía por que cuestionar, al fin y al cabo, se lo explicaba alguien que siempre estaba por ella, nunca le mentiría.

Igual que Ismael tampoco era su padre. El le explicaba que eran hermanos, él el mayor, el listo, el que tomaba las decisiones. Por eso la llevaba y traía del cole, le preparaba la merienda, la bañaba,…la cuidaba hasta que llegaran los desconocidos a la hora de cenar.-Claro que lo son- tenía que confirmarle cada día- lo que pasa que trabajan mucho para que podamos ser felices. Seguro que dentro de poco nos habrán comprado toda la felicidad que necesitamos y entonces se estarán todo el día con nosotros- y por supuesto que ella no dudaba de esa verdad.

Cada mañana mama despertaba a Ismael con una apresurada sacudida, le soltaba un -Te quiero, lleva a tu hermana al parvulario- junto a la ropa limpia y salía como una exhalación, dejando a los niños listos para que empezasen a prepararse.

Más tarde Irene se hizo más grande, mucho más grande de lo que le hubiera gustado y, entonces, tuvo que trabajar ella para comprarse la felicidad que los extraños no supieron regalarle.

LaRataGris.


Renacer físico

9 junio 2011

Cuando llegó a mayor, a una edad cansada y rígida, no supo continuar. Todo lo que había hecho pesaba demasiado en su espalda, lo aplastaba contra el suelo y le impedía jugar.

Intentaba tener un mismo ritmo y se quedaba sin respiración. Necesitaba renacer en un cuerpo más joven, poder saltar de nuevo hasta la luna como había hecho hasta hacía bien poquito.

Buscó en todos los libros una cura milagrosa para la vejez. Consultó a brujos, magos y hombres de ciencia… cualquiera que pudiese darle una solución. Pero se olvido de los niños. Ellos sabían como no crecer, como brincar y divertirse… eran lo que el quería ser y no se le ocurrió preguntarles.

Hasta el más pequeño sabía que eran pocos los que llegaban a la luna de un salto; que algunos subían por una escalera o montaban torres con sus bloques de construcción, lanzaban sus muñecos para que luego les explicasen lo que habían visto o simplemente la dibujaban del color de la noche…cualquier niño, por pequeño que sea, sabe que hay mil caminos diferentes, que si no haces algo es por que prefieres vivir una excusa.

LaRataGris.


Ícaro

27 mayo 2011

Cuando crecí, al perder mis alas y asumir derrotas, mis pensamientos se fueron deshaciendo. Empecé a caminar desorientado, incapaz de alejarme de las flechas que indican la dirección de las baldosas amarillas. Todas las teorías desaparecieron y la realidad me fue empujando para que no perdiese el tiempo y cumpliese mi objetivo en la vida. Había dejado de ser un niño.

Las responsabilidades, los compromisos eran cada vez más insistentes. Me pedían que hiciera, que dejara de hacer, que no me quejase, que sonriese, que asumiera sus ideas como propias y mi existencia no tuviese sentido sin que mi sangre no fuese las consignas de la empresa. Cada día era más largo y pesado que el anterior, ya no tenía fuerzas.

Consumido, en mitad de la oficina, cerré los ojos y deje que los recuerdos me hicieran llorar- Te quemaras-. De las ensoñaciones me traje las plumas olvidadas, las pegue con cera y salte al vacío desde la octava planta. Planeé cerca del sol y todo volvió a ser como cuando era pequeño, y volar aún no estaba prohibido.

LaRataGris.


Niños perdidos

8 octubre 2010

Niños perdidos


Mal envejecer

25 diciembre 2009

Mal envejecer


No a cualquier precio

31 octubre 2009

No a cualquier precio


Conserven la calma, ha sido niña

11 agosto 2009

Cuando naciste, antes incluso, cuando sólo eras un proyecto de ciencias en la barriguita de mamá, todos querían organizar mi nueva vida. En las historias no había demasiadas variaciones y en casi todas yo acababa con corbata y preocupado por la fragilidad de mi dulce niñita, esa eras tú. Te sobreprotegía mientras tenía que sonreirle hipócritamente a otros padres que sabían de verdad lo que era la partenidad, cuidar a pequeños dictadores que mienten y te toman el pelo, – Así que será mejor que te cortes la melena y sientes cabeza- me decían con voz seria quienes no veían más alla de los arquetipos.

Y entonces llegaste. Parecías tan delicada como me habían avisado, tan pequeñita… que supe que no tenían razón. No quería alejarme, necesitaba mirarte mientras dormías, abrazarte, besarte, pero no sobreprotegerte, tenía que verte crecer fuerte.

Desoyendo todo consejo me volví más radical en mis planteamientos. No sólo pensé en tu comida, en tu ropa, en tu futuro,… no era una cuestión del dinero que podia conseguir. Para tí quería un mundo nuevo y eso chocaba con todo lo que veía a mi alrededor. Aparté de mi cabeza todas esas estúpidas ideas racionales sobre adoctrinamiento canino. Te hice un hueco en mi corazón para no tener que encerrarte tras los barrotes de una cuna, no te alimenté del pienso de la farmacia, ni te ordené, ni te mostré el camino sujeta a los arneses de un cochecito y tú a cambio me hiciste tan feliz…

La gente nos miraba de reojo. Cuchicheaban entre ellos para ver si alguno sabía explicarles el por qué habíamos elegido criarte con amor y respeto. Hubiera sido tan sencillo preguntarnos como aburrido, así que nadie se enteró. Y mientras, tú fuiste creciendo aguerrida, independiente y libre, rodeada de todo el cariño que te podiamos dar tu madre y yo. No creo que sea necesario explicar nada más.

LaRataGris.