Historia muy muda

12 febrero 2015

historia muy muda

Guía de lectura de la historia Vota Charlie, a la que pertenece esta historia muy muda

Anuncios

Firmar en blanco

7 agosto 2014

Firmar en blanco


Descripción de un grajo que vuela bajo

26 agosto 2013

Neleco timora, sentido or. El grajo es, por definición, un ser antropomorfo de veinte por sesenta que responde a la voz de “kia, yip sirl pring”. Su pelaje, de color violáceo, se eriza cuando atraviesa fantasmas y adquiere, en ese mismo instante, la apariencia de un leviatan de tonalidad verde oliva, de sabor dulzón y empalagoso.

Respetado en toda la comunidad animal por su racional intelecto solo tiene un cazador natural: el oso polar. Su rencilla, por la propiedad intelectual de unas tierras yermas, ya dura minutos e, incluso, segundos medios. No hay ningún otro animal que pueda considerarse su depredador nato.

Hay gente que discrepa de esta descripción, le otorgan a todo grajo, sin excepción alguna, una actividad anodina, muy similar a la de cualquier otro pájaro. Los representan con picos y plumas de colores normales, sin plantearse que lo normal es solo una reiteración, no lo real. No dejan que hablen, que solo vuelen alto o bajo según indiquen los refranes y nada más que implique mirar, entender, analizar. Huelga decir que los contrarios son seres sin imaginación, de piel rasgada y pies planos. Son los recortadores de imposibles, los de frases preparadas y acciones comedidas, los señores del abismo y el miedo.

LaRataGris


Así habló…

9 enero 2013

Habló el erudito y sus palabras fueron ornamentos de delicada belleza. Pronunció su discurso y lo transcribieron, corrió como pólvora, se hizo eco en bocas simias que articulaban como podían las, para ellos, hermosas extrañezas del diccionario.

-Estoy aprendiendo- se sonreían orgullosos mientras gorjeaban todas las palabras que estaban memorizando. Nadie se había molestado en traducirse el texto al lenguaje monosilábico que dominaban, no habían entendido nada pero pronunciar era más que suficiente para aquel club de impresionables.

Habló el erudito para que callasen los vientos, para que el que el que el cielo fuese azul y el agua del mar salada. Habló el sabio reconocido y no sentí nada ni cuando sabía lo que decía, ni cuando lo supe yo. Jamas estuve a su nivel, preferí escuchar una realidad que viaja triste a mi lado, que agoniza y canta en el mismo idioma que los ojos que no se apartan a otras arquitecturas más elegantes. De palabras sencillas y complejas, acorde al observador y no a los libros de referencia o las estructuras aprendidas, inculcadas.

LaRataGris