14 junio 2012
Habían prohibido que nuestras piernas fueran mas rápidas que nuestro cerebro. Nos dieron razones extremadamente lógicas para no saltar. Educaban el instinto para que valorásemos sus estructuras por encima de nuestras vidas y el que no obedecía era un terrorífico terrorista que no se lava y tiene la cabeza llena de pajaritos.
Se nos permitía la pobreza, el hambre, las carencias, el vagabundeo y la mendicidad pero no robarle a los ladrones ricos para dárselo a los humildes. Nos convencieron de morir lentamente, sin hacer nada que fuera peligroso. Nosotros mismos eramos nuestros mejores guardianes, condenábamos a cualquier oveja descarriada, la lapidábamos hasta que confesaba su crimen. Nada importaba si le empujaba la supervivencia o la avaricia. No éramos capaces de analizar que los mismos finales tienen distintas causas, habíamos aprendido bien la lección. Acaso no estábamos todos perdiendo la vida de una forma ordenada y pacifica. ¿Quienes se creían ellos para querer sobrevivir? Habían aprendido a correr mas que las normas pero no a saber explicar sus motivos y, nosotros, éramos demasiado estúpidos para comprenderlos, aunque nuestras entrañas rugieran la solución…
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Escrito por laratagris
17 febrero 2012
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Escrito por laratagris
19 noviembre 2011
El pequeño señor anónimo cree que es una persona muy importante. Todos le saludan, quieren estrecharle la mano y le piden un voto- tu opinión nos preocupa-. Cada cuatro años la tele le habla, le envían cartas, le regalan globitos por la calle,… quieren que vaya a todas las fiestas que organizan los partidos y eso le hace sentirse extremadamente bien.
Archiva la propaganda electoral en cajitas de colores. A cada partido le asigna la más adecuada y allí va guardando sus tesoros. Están los políticos de la caja verde, los de la roja, la inmensa caja azul… y durante las elecciones va revisando su contenido, muchas veces acaba reubicándolos entre los contrarios.
Como el señor anónimo es un hombre informado la gente le pregunta por sus gustos, sus aficiones y su preferido. Sus palabras siempre coinciden con las del mejor orador de la última tertulia televisiva que haya visto y, su opinión, suele ser la de la mayoría, pocas veces se equivoca en el resultado final.
Cuando sale su candidato el se llena de orgullo, lo ensalza, grita que el lo eligió y sonríe durante todo un año del placer de sentirse parte del poder. El señor anónimo lo tiene claro; hace apología de la democracia, te invita a votar para que tu, mindundi, también te piense que puedes ser alguien cambiando el rumbo de tu país- ¡Vota!- los mercados te agradecen esa entelequia, tu pasividad.
LaRataGris
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2 septiembre 2011
Cuando el mundo cae y nosotros con él, el tiempo parece una burla de la realidad. Hoy es el momento, todo lo que hiciste son recuerdos carentes de sentido y el futuro ya lo sabes, seguir cayendo sin poder hacer nada más que gritar para que te salve el héroe.
Es un paladín pequeño, atrapado en su propia realidad, enganchado a problemas demasiado grandes y particulares. Vuelves a llamarle, trazas luces en el cielo para atraer su atención pero el mini guerrero necesita posar para las fotos y no sudar demasiado, tiene que solucionar las batallas de su propia existencia. Estás solo precipitándote al abismo. Te sientas a esperar el dolor inminente y a tu lado aparecen todos tus amigos, los compañeros de viaje, los amores, tus desdichas y una vida para abrazarte… No falta nadie fingiendo normalidad ante lo inevitable.
El más insignificante empieza a hacer fuerza para parar el mundo. No podrá pero quiere intentarlo. Su porción es diminuta y sin embargo inspira revoluciones. Poco a poco todos empujan contra el destino, cambian su realidad adyacente y la idea se contagia hasta que dejan de necesitar un campeón… ellos son tan ridículos como él pero, en conjunto, más eficaces…
LaRataGris
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26 mayo 2011
El señor dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veintiséis estaba muy contento. Había conocido al señor dos mil cinco, un hombre importante en el partido, uno de los cargos más respetados.
Estaba prácticamente seguro de la buena impresión que le había causado.- Con suerte- se dijo emocionado- pronto dejare de ser el señor dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veintiséis para volver a empezar como dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veinticinco.- Habría subido un peldaño en menos de cinco años. ¿Quién podía decir eso en los tiempos que corrían?
Sin ninguna gran guerra en la que demostrar tu valor por el partido, sin enemigos que abatir,… sin la razón de las armas era prácticamente imposible acceder a las esferas de poder. Nadie mataba a sus lideres y mostrarse sobresaliente era algo complicadísimo utilizando únicamente talento y destreza. Es cierto que existían los juegos, enfrentamientos de uno contra uno. Tediosos, lentos…tenías que matar a tanta gente antes de destacar que se hacía imprescindible conocer a alguien como dos mil cinco, bien situado y amigo de los sobornos.
-Se prepara una bomba- le dijo gesticulando entre copa y copa- eso si que hará subir a las personas. Morirán cientos, miles, millones…- con cada sorbo aumentaban las víctimas y el codiciado premio se hacía más jugoso- el que la lance se colocara en una posición de privilegio, sera un héroe en cuanto lo retransmita la cadena pública.
Número uno fue el último piloto de bombarderos antes de la paz. Bajo sus manos desaparecieron siete países, doce se convirtieron en un erial triste y desolado. Hoy día es imposible llegar hasta el pero quedarse en señor ciento y poco…
El señor dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veintiséis futuro dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veinticinco, apretó el nudo de su corbata reglamentaria y comenzó a redactar un comunicado anunciando su próximo ascenso. Esquemática, concisa…pensó que ese estilo bien podría valerle otra subida de categoría. De repente empezó a fantasear con su nueva posición como dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veinticuatro. Su poder era imparable.
LaRataGris.
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22 junio 2010
Carlos llegó a la ciudad y se sentó en un rincón a llorar- No tengo nada, nada de nada, nada-. Era lo único que parecía saber decir y alguien sintiendo pena le dio de comer, otro donde dormir y un tercero una forma de ganarse la vida.
Al principio, contento, se levantaba temprano. Cada mañana iba a trabajar y urdía un plan para dejarlo rápido- Es tan poquito, muy poco, poquísimo- fue su nueva consigna llena de lágrimas y pesadumbre. Enseguida llegó más comida, una habitación más grande y un trabajo con más responsabilidad.
Un tiempo y la situación se repetía con otra frase distinta- No es suficiente…quiero más…¡inclinaos ante mí escoria!- cada vez más autoritario, ascendiendo sin piedad. Ya no necesitaba manipular a nadie, podía chasquear sus dedos y una cohorte de acólitos se inclinaba ante el poder de su dinero. Pero Carlos no estaba feliz. Su supremacía le llenaba de orgullo, era un chico de la calle que se había labrado un porvenir, era la persona más influyente, ya no de la ciudad, del mundo entero pero…él quería seguir subiendo y no le quedaban metas por conquistar.
Un día Antonio llegó a la ciudad con mucha hambre…Carlos ya se había suicidado y el grupo de trepas comenzó a moverse ocupando los espacios vacíos. Quedaba un hueco en la zona más baja, donde los mendigos intentaban inútilmente despuntar. Antonio se sentó en aquel espacio y se preparó un bocadillo con lo poco que había conseguido aquella mañana, no estaba demasiado bueno pero mataba el hambre. Después estuvo haciendo algunas preguntas, buscando la manera de ganarse la vida allí. Lo único que le decían todos era que si sabía llorar todo sería muy fácil para él. Así se conseguían las cosas. Y lloró un poco, todo aquello lo entristecía. La gente se acercó para darle una limosna que él rechazó- Vivir de la amargura sólo me puede traer más melancolía. -Gracias, pero tengo que irme- y se marchó mientras la ciudad esperaba que llegase un nuevo pilar para su pirámide. La maquinaria no se puede desequilibrar.
LaRataGris
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