El candidato perfeccionado

10 febrero 2014

Me llama la atención como sucedió todo. Fluyó de tal manera que parecía escrito y, muy posiblemente, así fuera. Los amos llevaban demasiados gobiernos a sus espaldas y no es fácil dominar a quien no quiere ser esclavo. Habían pasado tantos años en los que cada cual asumía su papel sin rechistar que las bases empezaban a estar resentidas.

Podrían haber pagado un miniejercito que devolviera todo a su cauce, amilanar a los pobres que no pudieran contratar una defensa, matar a algún cabecilla, incluso. Pero ahora preferían ser más sutiles, más democráticos. Los dividían en mayorías, las enfrentaban entre ellas para que el enemigo común, ellos mismos, pudiese vivir tranquilo. Y, por si acaso no funcionaba la cosa, les decían todo lo que perderían; la libertad, el trabajo, la chabola,…Todo era perfecto en el paraíso hasta que, simplemente, siguió pasando el tiempo y se multiplicaron las penas.

Como si desde arriba ya no quisieran repartir caramelos, la gente vivía miserias y los medios de información comenzaron a espolearlo. Resultaba curioso ver como mordían la mano que les daba de comer. No importaba la tendencia política, los votos obtenidos, si formabas parte del partido, cualquiera, eras un corrupto. El pueblo se iba encendiendo con cada titular que leía, salía a la calle y el gobierno endureció las leyes contra las manifestaciones, cada persona era tratada como un potencial terrorista.

De entre todos los que se manifestaron hubo dos que estaban en todas las convocatorias. Tenían la palabra fácil y la acción llamativa. Gritaban muchísimo y la masa enseguida los llamó héroes. De entre todos a estos dos jamas les rozó una pelota, no les cayeron porras, sobrevivían a la guerra y tras alguna corta estancia en prisión anunciaron los cambios inminentes.- entraremos en la bestia- tuitearon– y la rajaremos.

Coincidió entonces que se retiraron los partidos tradicionales, seguían sin hacer ruido. Acabo la represión y las elecciones se les regalo al partido de los adalides. Lo cambiaron todo para que todo siguiese igual, incluso mi convicción de que todo, absolutamente todo, fue escrito, hasta los candidatos perfeccionados para el gusto global.

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El héroe invicto

3 julio 2012

Andres se había esculpido la resignación del que triunfara. Ahogaba sus días en una vida aburrida, a la espera de la próxima aventura que le rodearía hasta hacerlo crecer. Tenía una habitación vaciá para todos los recortes de periódicos que hablarían de sus hazañas. Un cómodo sillón sería su descanso de tanta lucha y ajetreo, cada día comprobaba que no se deteriorase, se sentaba a envejecer solo y cansado. Los tiempos mejores estaban por llegar.

Rara vez sonaba el teléfono. Le gustaba escuchar su timbre antiguo, estridente, monocorde. Imaginaba su oportunidad, soñaba que no la desaprovechaba mientras dejaba que el molesto ruido se fuese apagando en la sala a oscuras. Nunca salía por miedo a que ese fuese el momento en el que la vida le iba a sonreír y, si alguna vez se veía obligado a dejar la casa, siempre regresaba mirando el número de mensajes del contestador; con uno solo sonreía y se sentía tan feliz antes de borrarlo sin escucharlo. Su móvil recogía polvo sobre la mesa, rompía las cartas nada mas recogerlas, borraba los e-mails pensando que el que destruía era el definitivo, sin perder la ilusión de saber que ese era su momento pero el no había fracasado al intentarlo.

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Pequeños diminutivos

2 septiembre 2011

Cuando el mundo cae y nosotros con él, el tiempo parece una burla de la realidad. Hoy es el momento, todo lo que hiciste son recuerdos carentes de sentido y el futuro ya lo sabes, seguir cayendo sin poder hacer nada más que gritar para que te salve el héroe.

Es un paladín pequeño, atrapado en su propia realidad, enganchado a problemas demasiado grandes y particulares. Vuelves a llamarle, trazas luces en el cielo para atraer su atención pero el mini guerrero necesita posar para las fotos y no sudar demasiado, tiene que solucionar las batallas de su propia existencia. Estás solo precipitándote al abismo. Te sientas a esperar el dolor inminente y a tu lado aparecen todos tus amigos, los compañeros de viaje, los amores, tus desdichas y una vida para abrazarte… No falta nadie fingiendo normalidad ante lo inevitable.

El más insignificante empieza a hacer fuerza para parar el mundo. No podrá pero quiere intentarlo. Su porción es diminuta y sin embargo inspira revoluciones. Poco a poco todos empujan contra el destino, cambian su realidad adyacente y la idea se contagia hasta que dejan de necesitar un campeón… ellos son tan ridículos como él pero, en conjunto, más eficaces…

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