El color de los peones

16 marzo 2026

Sopló los dados, rezó y los lanzó con la violencia del desespero.

– Doble seis, doble seis – lloraba la ficha sobre el tablero mientras intuía el resultado por la cara del jugador.

– No te agobies, Roja – intentó calmarla Verde-. Es solo un juego.

-iCallate, Verde!- gritó sin mirarla-. iYo soy la que está perdiendo!

– La diversión la hemos perdido todas – Dijo Amarilla con desgana

–  ¡Amarilla!- Más roja de cólera que nunca-. i Déjate de putos tópicos! ¡Nos jugamos la vida!

– No es verdad – volvió Verde-. Morir es regresar a la casilla de salida, volvemos a empezar.

-Las mismas torturas una y otra vez. Con suerte se cansan y nos devuelven a la caja, hasta la próxima partida – dijo Amarilla resignada-. Seremos peones del juego hasta que nos unamos contra él y dejamos de luchar por ser el primero en esta carrera sin sentido. 

– Doble seis- grita Roja emocionada. – Adiós, perdedoras.

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Atrapado

9 marzo 2026

El señor Mustélido, de ojos vivos y sagaces cuando era joven, se había embelesado con los placeres inmediatos; se le había nublado la mirada y el juicio.

Trabajaba para llenarse de niebla,  caminando siempre por un laberinto desconocido que le arrastraba irremediablemente al mismo callejón sin salida.

-¿Dónde Vas Mustélido? – y él gruñía una respuesta ininteligible, sonreía sin saber porqué y continuaba atrapado, perdido.

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El mundo de pasado mañana

16 febrero 2026

Siempre era Ricky el que insistía. 

– Nos lo pasaremos bien.

– No sé, Ricky – le dijo Alba-¿Y si se nos va de las manos?

– Es un salto pequeño, dos días- Le puso la pastilla del mañana entre los labios- Sólo tienes que dejar que se deshaga debajo de tu lengua, notaras un cosquilleo.

-Pero, Ricky…

-Te estaré esperando

. . .

Desorientada. Dos días.

Desorientada. Dos días después.

-¿Ricky?- Sin respuesta- ¿Ricky? – Desorientada. Apoya manos, impulsa desde el suelo. Fallan las piernas. – ¿Ricky?- No hay respuesta. Se arrastra. Ventana sucia. El mundo. Diferente. Sólo dos días. Demasiado diferente. Desorientada.

El aire una pesada capa gris. Alba respiró. Profundamente. Notó como se le desgarraban los pulmones por culpa del metal en suspensión.

– Será mejor que te pongas esto- Victor le alargó una mascarilla.

– Gracias- él asintió mientras miraba distraído por la ventana. -¿Sabes…? – pero no le dejó continuar. Colocó el índice sobre los labios para que se callara.

-Caníbales – Le susurró. Esta vez asintió ella mientras buscaba refugio.

Esperan por demasiado tiempo para, cuando se ponen en marcha, intentar estar hechos de silencio.

Victor señalaba donde dejar cada una de sus huellas. Evita los agujeros negros que se extendían a lo largo del camino, parecía decirle. Subían, bajaban escombros hasta indicar el mismo color ceniciento de la ciudad en un edificio que les impedía el paso.- Ahí vive tu amigo.

– Gracias

– Sigue en línea recta para no caer- y se separaron sin más palabras.

Le abre alguien familiar, algo en su forma de respirar.

– ¿Está Ricky? – pregunta Alba.

-¿ El abuelo? ¿De qué lo conocías? – la cadencia en las palabras, la expresión en la cara.

– Es mi amigo, lo conozco desde que eramos pequeños.

– Eres demasiado joven para eso. – Dijo sin dejar de mirarla igual que hacía Alba-. De todas formas el abuelo, murió el año pasado.

-¿Has dicho abuelo?- Se da cuenta-. Él sí que es demasiado joven para …

-¿Alba? – Estalló – ¿Abuela?

– ¿Qué? – La abrazó como si llevase media vida fuera.

– La pastilla que te dió el muy cerdo te ha mantenido joven.

-¿Qué?

– Te drogó, te violó y nació mamá mientras tú dormías por cien años y un día. Abuela.

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Sueño de Nadie

9 febrero 2026

Nunca, Nadie, soñó. A mitad de camino de ningún lugar sus miradas se encontraron al reflejo la una de la otra.

-¿Quién eres? – Preguntó Nadie entre la timidez y la curiosidad.

– Soy Sueño y ¿tú? – Contestó animado

-Yo, soy Nadie – y Nadie , no supo qué más decir, tampoco Sueño.

Volvieron a mirarse por una eternidad. Nadie quería poseer a Sueño, Sueño quería ser de Nadie pero se alejaron.

– Espera – gritó Nadie

-¿Si?- silbó el Sueño.

– Nada- Nadie demasiado inseguro. – Adiós.

-Adios, mi amor.

Y se separaron para siempre.

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El hombre que no había hecho nada

2 febrero 2026

Las noches de verano salía a respirar al balcón. Se sentaba y, sin mirar las estrellas, leía las historias del cielo inalcanzable.

-¿Te gustaría volver a surcarlo? – siempre le preguntaba su memoria.

-¿Yo?- se contestaba-Nunca hice nada importante para merecerlo.

– Y, sin embargo, viajaste por el firmamento, te bañaste en esponjosas nubes,…

-Niñerías- como si no tuviese pasado – solo era mi forma de vivir, nada especial, nada que añorar.

Entonces miraba el futuro infinito y sonreía arrugando un poco más su cara. -Lo hecho hecho está y, en realidad, no es nada. He sido feliz, lo tengo todo por delante.

– Ya tienes ochenta y tres años – le recordó su memoria.

– ¿Ochenta y tres? Nunca había estado en un país como ese.

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El rey solitario

26 enero 2026

Hacía tiempo que el rey no recibía a nadie. Pasaba día y noche jugando en la soledad absoluta de su cuarto. Solo permitía que llamasen tres veces a su puerta; un golpe cada vez. Escuchaba el «toc” y esperaba diez minutos antes de abrir y encontrar desayuno , comida o cena en bandeja de plata.

Comía y dejaba los restos del otro lado, sin ningún contacto con sus subditos.

Preso de lujos por decisión, no quería ni necesitaba salir. Era el rey solitario, le debían obediencia y el mundo tenía que girar en la dirección que había escogido aunque, siempre, lloraba su aislamiento.

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Normalidad

19 enero 2026

Era nadie. Se había fundido hasta ser paisaje. Con sus movimientos maquinales. Hasta el descanso era rutinario y frío, carente de significado.

-¿Jugaras hoy conmigo ? – Le dijo el pequeño a destiempo.

– No hemos programado esta diversión. En tres horas tal vez, – repasó la agenda – tengo un hueco.

– Nadie te necesitará en el infinito. La eternidad puede ser una carga pesada.

-Yo soy nadie- dijo extraño de tanta normalidad.

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Uno, dos, tres…

12 enero 2026

Era aún pequeño cuando aprendió a contar. Podía agrupar hasta veinte objetos sin esfuerzo; llegaba a treinta si se concentraba. El treinta y uno, al principio, se le escapaba.

Como no sabía hablar nadie se enteró de su proeza.

Creció y creció también su habilidad. Claro que superó los treinta y seis colores de su caja de lapiceros, los trescientos sesenta y cinco días de un año pasaron mientras él contaba los granos de arroz de cada paella, la arena del desierto, el número de estrellas que veía: las que se le escapaban, las vivas, las muertas.

Contaba horas, minutos y segundos; los latidos de su corazón, su ausencia: cero y murió demasiado pequeño como para poder ser algo más que una estadística.

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Superviviente del frío

22 diciembre 2025

sobrevivió al invierno. Se despertó en primavera, escuálido como una ramita quebradiza; ya sin fuerzas, con la despensa temblando como había temblado él.

La nieve se derretía, la vida regresaba. Salió con la inercia de quien quiere recuperar su existencia.

Una brisa suave lo tambaleaba en un baile extraño.

– Mmm – Musitó como si fuese esa palabra la única que podía pronunciar. Rió, cerró los ojos y se dejó caer.- He sobrevivido al invierno, ya puedo morir- como si sobrevivir fuese el objetivo.

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Hombre roto

15 diciembre 2025

De alguna manera que era incapaz de comprender, se había roto. Se le veía en la cara, incluso antes de desmoronarse. No tenía que decirlo, había caducado como caducan los árboles en otoño.

– Ven – quiso repararlo. Lo abrazó esperando una reacción que no llegaba. Dejaba que el viento lo rodease; sin crecer, sin desmoronarse.

Se separó, aflojó la presa sabiéndose insuficiente. De alguna forma se había roto y no se quería reparar.

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