El Necroamante

29 enero 2019

Miró su boca muerta: sus finos labios, frios como el hielo, opusieron la resistencia de los años.

-Te daré mucho calor.

Se había conservado mejor de lo que podía esperar. Finalmente se lengua venció la resistencia del muerto y comenzó a explorar la cavidad minuciosamente, dejandose llevar por el beso. Deslizo la carnosa humedad, jugueteando entre los dientes del difunto, hasta que venció las primeras reticencias que se autoimpuso. Un bulto empujaba en sus pantalones, clamando por salir.

-Soy tu mayor fan-le susurró melosamente.

Miró a su alrededor, la morgue vacía y una tenue luz medio iluminandolo todo. con rapidez se bajó los pantalones, giró el cuerpo inerte buscando el orificio trasero. Olió la corrupción del cadáver, aplicando un lubricante en el ano, se embadurno tambien el pene para que nada fallase y follase.

Su miembro rompió la barrera del dictador, era una diversión cara pero la disfrutaría, mientras mantengan el cuerpo para los fanáticos podría seguir con su polla al viento del fascismo

LaRataGris

Anuncios

Frío trabajo

22 enero 2019

Aquella mañana el frío había caído como un bloque de cemento, demasiado pesado y grande. De repente la cama ofrecía una poderosa fuerza de atracción, impedía que la gente apartase las mantas. Jorge se asomó como un caracol asustado, enseñando tímidamente sus ojos.

-¿Qué hora es?- Gwen tenía el despertador al lado, solo le faltaba la iniciativa de acercarse lo suficiente como para distinguir los números parpadeantes.

-Tu ya estas mirando, ¿por qué no te fijas?

Pero en realidad, el reloj, estaba a millones de años luz, sobre una mesita bañada por los sombras.

-Debe ser hora de seguir durmiendo- Con esa convicción, no era realidad pero la trataron como tal, se sumergieron de nuevo en su mar de tela. Se encontraron nadando entre besos y caricias.

No querían seguir dormidos, preferían jugar, pero lo que seguro que no querían era ir a trabajar, hacia demasiado frio.

LaRataGris


Carretera perdida

14 enero 2019

Su camino llegó a un punto muerto. Un no lugar que se abría carente de atractivo o promesas.

-¿Cómo es posible?- respiró en la soledad -¿Quien habrá construido una carretera a ninguna parte?

Tras él la huida fácil, podía regresar derrotado. Era tarde y se sentó a esperar, Como si eso fuese a generar una nueva vía.

Aquella noche, como en un cuento de navidad, le visitaron tres fantasmas. El primero le trajo una historia vieja y olvidada por la mayoría, el segundo solo se tomo una taza de café y cogió un poco de calor de una de las brasas antes de seguir camino, el tercero, de aspecto él mas terrible, deformado por los años y el peso de la realidad, fue el más amable de todos, aunque no traía nada que contar.

– Tendrás que equivocarte tu.

Al amanecer se despertó con el cuerpo pesado, cansado del duermevela de la noche. Por delante no tenía un sitio al que ir y nadie le esperaba detrás.

-Lo mejor- se dijo- será que Yo mismo me construya un espacio sin depender del camino de otros.

Se hizo a un lado y, aprovechando la estructura de su coche, levantó una pequeña casa en la que vivir. Tenia reservas suficiente hasta que el huerto diera sus frutos y, si alguna vez aparecía alguien más, habría espacio para todas.

LaRataGris


A cada amanecer

8 enero 2019

A cada amanecer se le pedía que la vida estallase, como en la parte alta de la montaña rusa, intuyendo una caída que nunca iba a llegar.

Queríamos la adrenalina sentados ante alguna pantalla: realidad, que sea virtual o no sobreviviremos, hecha a medida para sentirnos intensos pero protegidos.

Nuestra pesada coraza, perfecta para hundirnos en el pasmo de la desesperación, tenía que hacernos volar.

¿Qué pasa si te desnudas? Caminas ligero, no sabes flotar. La vida punza, ríe, te vomita y aprendes del aburrimiento, la espera, el silencio y los gritos de los amigos, un beso infectado y el miedo. Intensidad, riesgo, también descanso para que no se te quede esa cara de velocidad que tanto puede doler en su inexpresión.

LaRataGris


El vuelo del viento

18 diciembre 2018

Poca gente sabe que nosotros siempre hemos volado. Primero libres, era un sueño del que no podíamos despertar, más tarde llegó un viento, uno como no había existido jamas, y él empezó a mecernos con cariño.

Parecía querer acariciarlo todo con sus lenguas ráfagas, de una forma suave y fascinante, por eso nos dejamos querer.

Era hipnótico dejarse llevar por sus vuelos erráticos, hojas de otoño danzando en un ballet improvisado. No había quien, en algún momento, no se quisiera mecer en el vaivén arrítmico de su ir y venir. Dejamos la vida por estar de su lado.

Un día, sin más, desapareció como había venido. Quería nuevas texturas que no eran las nuestras. Era un viento más grande que el que habíamos conocido. Cada día crecía más y nosotros, que habíamos dejado de volar por nuestra cuenta, le quedábamos ya pequeños.

Fue en ese instante en el que morimos. Unicamente sabíamos lamentar su perdida, sin darnos cuenta que ya solo recordábamos la manera caminar a una cárcel cercana.

LaRataGris

hulu


La Araña Invisible

11 diciembre 2018

En un rincón en sombra, casi invisible, Doña Fernanda la araña, espera paciente. El tiempo es algo húmedo y pocos insectos se quieren adentrar en su casa, pero ella no tiene prisa.

-¿Me permite un instante?- Siempre se desliza sobre sus invitados, con algún saltito si el hambre se le hacia una eternidad y su presa estaba a tiro.

Si que, al invitado, lo empaquetaba en un instante, lo envolvía en fina seda pero luego lo reservaba hasta que tu estomago le marcase el momento de secarlo poco a poco. Nunca perdía su amabilidad, ni la sonrisa, pero no era cosa de un momento.

La mariposa, no la mas bonita de su especie pero si de colores fantásticos, ella, que ya había perdido algunos amigos en trampas similares, contesto rápida.

-Lo siento, tengo prisa – y en su empeño se arrancó las delicadas alas.

Apenas podía volar. La gente miraba su cuerpo tullido, preocupada de lo mucho que se había estropeado- Ahora, eres tan fea como yo-le dijo el gusano. fea e incompleta

La araña en cambio, invisible en su atalaya, no se preocupaba por lo horrible de su presa, a ella le preocupaba quedarse sin comer y que el resto de insectos aprendiese a escapar .

LaRataGris


Piscinas felices

27 noviembre 2018

-Gwendolin, ponte aquí-. Llevaba dieciocho años siendo la madre perfecta de los piscinas. Conocía las sonrisas adecuadas, la pose correcta para resultar sexy sin ofender, podía ser amante de un marido y amiga de su mujer sin que los compradores sospechasen. Con su experiencia eran innecesarias las indicaciones de aquel niñato no dejaba de dar, al fin y al cabo no podía llevar más de un año de director artístico.

-Marco, tu a su lado. Coge una hamburguesa y ofrécesela.– La barbacoa había sido la única aportación real. No hace demasiado que se habían puesto de moda y habían sido todo un acierto. Le daban un matiz de verosimilitud a la fotografía.– Los niños que jueguen en la piscina.

Cada piscina se construía bajo la imagen de la familia ideal, ellos llevaban nueve años juntos.

Marco había empezado siendo padre en anuncios de clínicas de fertilidad. Para Oscar y Rosa Marín era su primer papel importante, aunque ya empezaban a estar mayores para ser niños, pronto pasarían a su condición de juguetes rotos, recordados con nostalgia y comparándolos con lo que habían sido veinte años antes, en la probeta.

Gwen ha sido chica de piscina toda su vida, era de los pocas que lograba mantenerse en el trono. Fue niña, adolescente, la adolescencia fue complicada; nadie te quiere en las cajas con esa edad, prefieren que te interprete una cría sin pavo. Por eso aprendió rápido a disfrazarse de madre adecuada, maquillaje disimulado y sutil, relleno en el bikini para que no tuvieran que esperar un desarrollo completo.

Genial, siguiente – A principio de año hacían fotos para las cajas de piscina del mundo entero. Ellos vivían en aquellos decorados artificiales. Se teñía el pelo para parecer distintos, combinaban distintos bañadores, distintas poses, distintos utensilios y siempre la misma familia, en todos las cajas, disfrutando del verano de un jardín prefabricado. Que felices eran en la perfección.

-Gwen- volvió a insistir, otra posición, todo tenía que estar a su gusto– ¿Gwen?-su nombre flotaba muerto, sobre las aguas tranquilas. Nadie podía moverse para salvarla, habían detenido el tiempo.

LaRataGris