
Y el mundo se volvió loco porque todos queríamos la misma foto pero no todos podíamos pagarla.

Y el mundo se volvió loco porque todos queríamos la misma foto pero no todos podíamos pagarla.
Cogió un libro gordo y sesudo, de esos que desbordan palabras cultas, complejas de pronunciar e imposibles de aprender.
Lo abrazó sobre su pecho y, sin haber leído ni uno solo de sus puntos y comas, empezó a parafrasearlo mirando a cámara con su sonrisa seductora, con la mirada perdida en el infinito y la cara circunspecta.
De vez en cuando elevaba el tono, subía un brazo señalando el cielo y fingía pensamientos; se mordía el labio inferior y carraspeaba mientras pretendía mesarse una barbilla lampiña.
Cuando la pareció haber aparentando suficiente paró la grabación y se desconecto del mundo de la fantasía. Encendió la tele para ver que tal había quedado antes de compartirlo con la globoesfera y después se quedo la noche en vela para ver a cuantos les había gustado su faceta intelectualoide.
LaRataGris
Me llamo Adrián S. Rapidfire. Si fuera una peli mi apellido me auguraría una vida de aventuras:
En mitad de la nada; un rifle, una misión. Rapidfire
Puede que una comedia ligera en la que hacer broma sobre mi eyaculación precoz:
El Rapidfire.
Soy dentista en una ciudad pequeña, donde todos nos conocemos:
Buenos días, Adrián, me Canso de escuchar siempre las mismas frases hechas, de conversaciones banales.
Estoy lejos de ser parte de una película: vida anodina, historia de refritos televisivos.
-Adrián -me dijo Marcelo-, deberías hacer algo que dejara constancia de tu pequeña inexistencia.
Y yo, que era tan poca cosa que ni conocerme podía, decidí que tenía razón. Quiero ser algo más que un don nadie. Y aquí estoy, hablando de mi apellido, regando la historia con algún chiste rancio. Es lo único que tengo y ni la mitad es cierta:
Me llamo Adrián, Rapidfire me lo he inventado. No se me ocurre ningún apellido más molón que este para aparentar la molonidad que no poseo.
LaRataRapidfireGris
No hay nada peor para el poeta que verse encadenado a las palabras del hambre, cuando le exigen rectificar una rima y fingir un pensamiento que no le pertenece.
-Vigila cada paso, la dirección y el viento de libertad que escoges- le susurra Pepito Grillo con la fría hoja de una navaja acariciando su gaznate.
-Cuando eres parte de nuestra solvente familia- le recuerda el pragmático empresario- las apariencias lo son todo.
Y el asiente disimulando tristeza, simulando ardor por la pira funeraria.
– Ojala – quiere autoengañarse- resurja renacido como el ave Fenix.
Echa de menos su reclusión voluntaria, no quiere la prisión de un trabajo rimando tarjetas de cumpleaños y eventos varios. Prefiere el cálido frío de su casa, las voces melosas del hogar. Solo se siente un poeta fingiendo amor para que los enamorados compren colores y otros mentiras con las que amar, amad, más allá de lo que el querer permite.
Y finge y sonríe de verdad, esperando que esta vez el fuego no duela.
LaRataGris
En cierta manera podía entender aquella degradación, llenando todos los huecos de la vida, haciéndola insufrible. Era, evidentemente, culpa nuestra, por ser la escoria de la sociedad.
Nos comportábamos como borrachos enfadados con todo, la boca pastosa y un zumbido constante en la cabeza. La gente se entregaba al desencanto, no sonreía, no se arreglaba para aparentar cosas que no eran… el final se intuía cercano y doloroso.
Desanimados, con parsimonia, nos fuimos dejando al vaivén constante.
– ¿En que punto los amos se apenaron?- Nadie lo sabía pero no querían saborear la tristeza en su paladar
– ¡Arreglaos!-dijeron- ¡Apañaros un poco más!
Pronunciaron un mandato sin dobleces, nos vimos obligados a esconder la degradación.
La vida, a partir de ese momento, sería maravillosa para que ellos no sintieran la pesada carga, todo brillaría . Sonrisa, guiño, guiño.
LaRataGris
-¿Cuantos como yo habrán existido?- se preguntó número uno- No los uno que cuenta la historia, ni los que son honrados con estatuas. Ya se de los importantes pero, en total, ¿cuantos son realmente los que han existido? Contando incluso a los más fugaces, los que, para que se les acabase rápido su mandato, fuero envenenados nada más jurar el cargo. ¿cuantos?- según sus elucubraciones: contando los años transcurridos en civilización, la duración de los famosos, la hipotética resistencia al cuchillo en la espalda…pudiera ser que fuesen más de mil números uno.
Su salamandra, de un color rosado y diamantes incrustados, se revolvía en su regazo con cada una de las dudas del amo- que absurdo- soñaba las palabras- preocuparse por tales menudencias mientras ostenta un cargo tan excelso. A quien le importa cuantos fueron los número uno si sólo eres un pelele en un puesto creado para fingir que todo funciona bien, igual que siempre. A quien le importa quien fuera la salamandra primigenia si soy yo su sustituta, si soy yo la que esta aquí.
Pero de nada servía lo que ella pensase; Uno se creía demasiado importante y tenía tanto tiempo para no hacer otra cosa que pensar en chorradas que las preguntas seguían flotando en su cabeza.
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