Un día descubrió que podía vivir sin lo esencial. ¿Comer? ¿Respirar? producir era lo único que le exigía su empresario y se puso a trabajar como una mula.
Ni la muerte le detuvo- Se lo debo todo al amo- se decía circunspecto-. No necesito nada más si él es feliz.
Y no se mentía, se lo creyó incluso en su prematura muerte; a pesar de los dolores, a pesar del silencio. Fabricar, construir, obedecer… esa era su única vida.
Lo que más le costaba de empezar una y otra vez era el nuevo grupo que siempre se encontraba. Presentarse, explicar su puta historia y recibir el apoyo a través de las mismas frases manidas de siempre.
– Ojalá -pensaba- esta sea la última vez.
Pero tenía una facilidad pasmosa para recaer en los viejos vicios.
– Creo que han sido dos semanas sin meterme nada pero, un día, hace dos días, tuve una caída, un día de meterme todo.
José asentía comprendiendo las palabras, las compartía. El ya era uno de los habituales, la única cara conocida en esta sesión.
Los otros irían volviendo.
Pocos conseguían quitarse para siempre y, de no ser así, aparecía gente nueva: nuevos vicios; el grupo nunca era pequeño.
Un abrazo colectivo, una ronda de ánimos, de explicar cada avance; los muchos retrocesos.
Su vida era levantarse y volver a caer: una rutina a la que sin darse cuenta se había vuelvo adicta.
Por lo que pasó en Madrid ahora siempre llevo un par de folios en la cartera. Un lápiz y un bolígrafo; tiritas, hilo y aguja. Jamás me olvido de tener un libro a mano y una muda de recambio por si a la primera le da por hablar sola. Pasta y cepillo de dientes, un peine, paraguas; un frasquito con las lágrimas de un unicornio.
Si puedo me echo la casa a cuestas, el coche, un bidón de gasolina.
Estar listo para cualquier contingencia de la vida menos para lo de vivir.
No toda la clase obrera se sube a las vigas. No toda la clase obrera tiene un jefe. No toda la clase obrera construye rascacielos. Hay gente que hace de construir sueños su oficio. Que tiene que hacer frente a burocracias, enfermedades laborales, precarización y mafias de los grandes capitales como el que más. Que debe de enfrentarse al patriarcado, al racismo, a la lgbtifobia, al clasismo y a los prejuicios sociales. Detrás de cada dibujo, pintura o imagen hay personas trabajadoras, cuya fuerza de trabajo y vivencias les han llevado a convertirse en profesionales. Recordar esto nos dignifica.
Corría más que el pensamiento, o eso quiso. Quería llegar antes que el murmullo de palabras, que vieran con sus propios ojos que todo lo que les iban a contar no eran más que patrañas inventadas.
Pero se presentó tarde y sin aliento; rojo, destrozado. La gente lo miró de medio lado sin apenas fingir normalidad.
-¿Tú eres del que hablan las voces ? – lo señalaron
– Sí, pero; como podéis ver, no es cierto lo que dicen.
La quinta esencia, una de las siete maravillas del mundo, el primero en cruzar la línea de meta de los cien metros liso en un tiempo récord que no te creerías.
Menos de un segundo para cuantificarlo todo, añádele el valor numérico en uno, dos, tres fuego. Sé una de las tres personas de este mundo único destinadas a la gloria.
El resto son una masa informe, pura morralla.
Mira por encima de tú hombro, conviértete en infinito y te admiraran uno y un millón.
Valora tu estupidez, del uno al diez, ¿once? puede que más.
Aunque su nombre estaba escrito con letras doradas sobre la historia, en realidad, no era nada oficial.
Él mismo, pequeño como era, había cogido el espray y se había inscrito en el rincón que consideró más adecuado.
La historia oficial: ofendida, ofuscada; sacó el trapo, agua, jabón y quiso borrar la huella. Sólo quedo un insignificante residuo que no se veía en la distancia.
Un resto que se podía investigar, seguir su hilo hasta una historia alternativa que nadie iba a buscar y, aún así, allí estaba.
Las calles la recibieron frías y solitarias. Llevaba una mochila raída por otros vientos, llena de inútiles desilusiones que le trajeron cuando soplaban más favorables.
Lo único que pudo salvar del derrumbe de su casa fue un recuerdo, fue un reproche que dobló y guardó al fondo del macuto.
Cargada, con ese silencio del hambre, se alejo de la recesión que le había escupido del trabajo, de las facturas que la estrangulaban.
Los sueños eran baratijas que los prestamistas no admitían en depósito. Demasiado pronto tuvo que vender lo único que le importaba y se conformó con el frio y alguna fruslería sin valor.
-Vera- le dijo otro caído – al menos podemos intentar dormir calientes.- Y se dieron calor, juntándose para que no se escapase ni una sola brizna más de esperanza.
Respira y apartando la mirada de su audiencia dispara palabras a sus fieles.- Soplan vientos de cambio, sopla fragilidad. Construís castillos de naipes por mostrar su belleza al aire y caen en el mismo instante en el que son levantados. Soplan revoluciones sin que nos pongamos de acuerdo y cambia el viento y es otra reivindicación. Es otra gente empujando en sentido contrario.
Respira de nuevo, como si el último párrafo lo hubiese soltado de carrerilla, sin parar a tomar aire.
– Todos pedimos lo mismo, todas queremos mejorar pero el poder del viento es volátil.
Y calla. Cae fulminado por la oficialidad del ejercito rebelde que para esto si se ha puesto de acuerdo. Soplan en la misma dirección, lejos de las realidades cambiantes, a años luz de las mejoras.
Habían quedado en la vieja cafetería, la también vieja pandilla, con las mismas tonterías que ni la edad conseguía curar.
Sólo echarían de menos a Fran; murió hace un año por beber demasiado, esnifar demasiado y acelerar sin saber donde estaba el pedal de freno. Se reencontraron en su entierro, rieron más de lo que lloraron y se prometieron volver a verse cada trescientos sesenta y cinco días, hoy.
Estaría Joseph, aún enamorado de Lola. Hermosa Lola la llamaban, la llaman aunque del nombre solo le quede Dolores.
Por arrugada que estuviese, Joseph, seguía viéndola brillar como una estrella triste.
– Volverá a ser mía.
En su cabeza cuchicheaban por la parejita de moda: hablarían de sus cornudas parejas, de los niños -¡Que se jodan!- les gritaba.
Pero Alberto tenía su propia historia para estar cotilleando por ellos. Magda necesitaba cerrar antiguas heridas, Julian sólo tenía una vida mediocre y quería fingir que la existencia era ligera como entonces. Y la Hermosa Lola, ella quería que Magda supiese cuanto la amaba.
Todos necesitaban retomar la vida donde la dejaron; cuando nada era importante y todo importaba. Todos querían ser protagonistas de un momento mejor y a nadie le importaba ya el capitán del equipo de Rugby o la jefa de animadoras.
Cada cual tenía un objetivo que no lograrían, que los dejaría en en la misma vía muerta un año más.