Libertad expresada
1 febrero 2009Diseccionando un hombre
29 enero 2009El sujeto a estudiar es un varón blanco de complexión media. Su cuerpo ha sido depilado por completo para facilitar la realización de las incisiones.
A primera vista se nos presenta como una persona normal: ojos grandes y azules, nariz aguileña, labios finos. Perímetro craneal cincuenta y seis, pectorales noventa y seis, cintura setenta y cinco, caderas noventa y ocho. Dentadura incompleta, faltan dos molares y un incisivo, las tres piezas, del maxilar superior. Temperatura del recto normal. Constantes vitales las características de alguien muerto. Hasta ahora no presenta anomalías.
Según veo en el informe su nivel de sangre, azúcar, testosterona es promedial.
Tras este análisis preliminar decido comenzar con las incisiones. Dejo al descubierto el cerebro, el cual esta dividido en dos hemisferios, descubrimiento que me deja perplejo. Un análisis más exhaustivo indica que tiene el peso correcto y esta formado por materia blanca y gris.
Decepcionado hasta el momento he de admitir que no puedo intuir nada que se aleje de lo común, así que decido continuar la autopsia abriendo en canal el pecho, siguiendo la misma tónica encuentro el mismo número de costillas que pueda tener yo, algunas, eso sí, fracturadas, seguramente debido al trato policial al intentar traerlo.
Ningún órgano descolocado, ni duplicado o triplicado o cualquier diferencia apreciable, ni siquiera en peso o tamaño … No encuentro motivo para seguir con el experimento, ya que seguramente se habrán confundido de cadáver y estoy diseccionando a una persona corriente.
Desanimado y sin saber qué buscar reviso la ficha de entrada del espécimen mientras llamo a los guardias que lo trajeron. Ambos confirman lo que ya he leido en el informe: apresado en un bar, vestía totalmente de negro. Inmensa cresta verde, tatuaje y dos pendientes.
Los datos que no se salen de lo establecido, las diferencias con un ciudadano indican la posibilidad de las siguientes hipotesis:
Primera hipótesis: Las personas son iguales a pesar de su vestimenta o aspecto físico.
Segunda hipótesis: Las personas que son privadas de su elemento diferenciador, como pueda ser vestimenta o pelo, recuperan su estado de normalidad
Las conclusiones que puedo deducir son obvias. Se desecha la primera hipótesis por improbable y pido otro espécimen pero que esta vez no le rapen el pelo.
LaRataGris
El cangrejo
21 enero 2009Mucha gente lo cree;
el cangrejo camina hacia atrás.
Mucha gente lo sabe;
el cangrejo, realmente, camina de lado.
Muchas veces lo hace;
el cangrejo se queda quieto por joderlos a todos.
Fue un día cualquiera, entre semana. La gente corría de aquí para allá. En busca del coche, la moto, autobús o metro para no llegar tarde al trabajo. También Juan dejaba atrás los últimos jirones del sueño, caminando deprisa. Su automóvil se quedo en el taller y por primera vez en su vida el olor a transporte público anegaría su trayecto. Durante trece paradas sentiría agarrotarse su cuerpo oprimido por la marabunta que no deja moverse si no es en una misma dirección. Pasando, al fin y al cabo, desapercibido hasta que la megafonía anunció su parada y el lucho por salir.
Al conseguirlo, cuando subió a nivel de suelo, no fue consciente del revuelo que había formado.
Pasmados, intentando comprender lo que sucedía, los que se habían bajado en aquella misma estación y todo aquel que entraba en el metro, miraron a un hombre desafiar las leyes universales. Juan, anodina mota de polvo, subía las escaleras, como si tal cosa, por propio pie. No usaba las eléctricas, algún ascensor !!!. Se limitaba a apoyar un pie tras otro en las frías baldosas que recubrían los peldaños grises y salio al aire libre, ante el estupor de los que allí se habían congregado.
Cuando por fin, alguien, reacciono gritando- ¡ Mirad es un hombre cangrejo! – el ya estaba oculto en el deambular errático de los transeúntes y no pudieron distinguirlo, actuando como actuaba, como uno más.
-¿¡ Qué sucede!?- dijo el jefe de estación al ver que se iban acumulando viajeros ante las escaleras- ¿¡ Por qué nadie se mueve!?
-El,… el hombre cangrejo- parecía ser la única respuesta- un ser que subia bajando- logro articular alguna voz balbuceante- desapareció, mágicamente, al dejar atrás las escaleras- sentencio una tercera.
Lívido, sin poder asimilar aquel hecho extraordinario, corrió a su garita, para dar, nervioso, el parte de lo sucedido a sus superiores- Como nuestro señor Jesus, al caminar sobre las aguas, se ha obrado un milagro; en mi estación. ¡ Ha de ser el nuevo mesías! Y su gracia a tocado mí estación.
-Corte la corriente de las escaleras mecánicas- fue la orden tajante- Diga que hay una avería, que todos han de subir caminando. Llame a las demás estaciones, diga que hagan lo mismo- añadiendo, más tarde para si mismo- lo que menos necesitamos ahora es un loco con ideas propias sobre como subir unos escalones, podría hacer pensar a los demás y eso sería terrible para el orden establecido, terrible. La única solución sera instalar ascensores. Que no tengan otra vía de acceso. Nadie se quejara por tener que caminar y a la vez no podrán desviarse por otros caminos.
Al volver a casa, al día siguiente, y todas las veces que volvió a coger el metro, Juan no varío su itinerario, aunque nunca más lo miraron.
LaRataGris.
Al final del día
15 enero 2009La habitación está totalmente a oscuras. O lo estaría de no ser por el leve chisporroteo de un cigarrillo. Juan, sentado en una vieja silla de madera, juega nervioso con las volutas de humo. Se levanta, dos pasos a la izquierda hasta chocar con la pared, cinco a la derecha esquivando la silla y lo detiene una de las largas mesas del comedor. Regresa a su silla, la aparta, se sienta en el suelo, apaga el cigarrillo, enciende otro, … muy nervioso. Durante treinta y cuatro años esperó aquel día, para después no tenía nada pensado y ahora todos quieren que decida, ¿cómo se dejo arrastrar?:
“Hoy a las 12:02 h. se acababa el mundo, la gente moriría en las calles mientras Los Verdaderos Adoradores del Nuevo Milenio se salvarían en el bunker de la comunidad. A la hora predicha se miraron unos a otros, sonriendo, llorando… ¡Habían sobrevivido! Una plegaria a Milenius Y abrazos fraternales.
El padre McAnna, salió con todo su dinero. En la nueva era ya no lo necesitarían, así que era mejor esconderlo antes de que sembrase desconfianzas infundadas en el grupo. Mientras, la comunidad esperaría hasta que volviese con la buena nueva del fin del antiguo caos.
A los dos días hartos de esperarle fueron al comedor, porque ya tenían hambre. A más de uno, mientras preparaba los piemientos le hubiera gustado decir qué pensaba, qué le parecía la situación; más sin un guia espiritual no podían más que realizar actos cotidianos, esquemáticos. Nadie les enseñó las palabras a pronunciar.
Cuatro días entre el comedor y el bunker, cuatro largos días de silencio, hasta que al fin- ¿ Y si volvió mientras ibamos a comer?, ¿ y si no se puede vivir fuera?, ¿ y si ha muerto en el cataclismo? – explotó Juan, provocando con su muestra de lucidez que los demás se arrodillaran a su alrededor, extendiéndole los brazos, susurrándole- Líder, líder, líder- y lo entendió en seguida.
– He de pensar, dejadme sólo. Mientras, adorad a Milenius – Y se quedó sólo, en el comedor, donde bajo luz apagada encendió un cigarrillo o dos, cabiló sobre este asunto y se dio cuenta de que, sin saber cómo, se había dejado arrastrar. Decidió que sus discipulos tendrían que trabajar para hacer más fuerte la secta, para construir un refugio mayor, para estar preparados para el próximo desastre, para que, a pesar de esas obras, sobrase dinero, para el ir a esconderlo, para que ellos viviesen mejor. Y dejó de estar nervioso porque él estaría bien.
LaRataGris.

Escrito por laratagris 












