Feliz día del trabajador o… ¿debería decir del parado?
Tengo una uña más larga que el resto, apenas dos milímetros, pero se nota, y mucho. Si no, no me explico la razón por la que todo el mundo me lo dice, incluso gente que no conozco de nada, me para por las calles, sorprendidos de que sobresalga un poco más de lo normal. Muchos ha que me piden que me la corte, que las iguale, pero es que a mi no me apetece llevarla como ellos quieren. La miro una y otra vez, me pregunto si tendrán razón tantas personas diciendo lo mismo, supongo que sí (Ja!!!), que debería hacerles caso.
Cojo el cortaúñas varias veces al día, hago ademán de utilizarlo, me arrepiento, vuelvo a intentarlo. Así durante horas hasta que al fin me decido. Lo tiro al cajón del que salió. Aunque no pueden equivocarse, hay algo que no dicen cuando me aconsejan deshacerme de ella, y es que sin mi uña, su vida sería un poco más aburrida.
LaRataGris.
LaRataGris.
Si quieres, puedes olvidarte de los muertos de la guerra,
pero eso no hará que sea buena.
Se reunieron aquellas potencias demócratamilitares con el suficiente poder para destruir el planeta. Se dieron la mano al entrar mientras alguien fotografiaba.
Una vez en el interior la más debilucha tomó la palabra-¡Esto no puede continuar!-dijo- hemos fabricado suficientes armas como para, al menos acabar treinta veces con el mundo ¡Es necesario tomar una decisión!
¡Por suepuesto!- Chilló otra de mediano poder- Si bien es cierto que nosotros podríamos superar con creces esa ridícula treintena, no tendría sentido hacerlo. Así pues, creemos que la situación se ha vuelto insostenible y, quizás, solo quizás, habría que pensar en el desarme mundial.
¡Es posible!- Casi afirmaron casi todas excepto las dos de mayor potencia armamentística.
Esta pareja, escondida en sombras, cada una en la punta opuesta de la mesa decidieron comenzar su intervención al unísono, con igual tono megalómano, sin variar, ninguna, ni un ápice del mensaje de su contraria.
-¿Habéis pensado como nos desharíamos de nuestros ingenios?- El resto se miraron perplejos, levantando un murmullo que se preguntaba como lo harían- ¿¡Desmontarlas!? ¡No!, sería difícil y caro- Y los coros de balbuceos seguían por detrás: Sí, difícil y caro; mientras continuaban su discurso- ¿Lanzarlas a una fosa profunda para que estallen? ¡Tampoco! Nadie querría ser el primero y el explosionarlas a la vez lo mandaría todo al garete- Claro, al garete; se oyó- ¿Entonces? ¿Por qué no seguir igual?- ¡ MMM! Saborearon los demás- Esa es mi- Por que decían lo mismo pero se creían originales- propuesta; existe la paz y se nos respeta, no hay fórmula mejor.
Y tras la votación a favor se acabó la discusión y la cumbre. Se siguió evolucionando en materia de defensa para que fueran felices y comieran perdices, los de siempre.
La Guerra Inminente.
Nunca las usaremos- Dijo el imponente general- Si lo hiciésemos el desastre sería horrible. Puede imaginarse la destrucción… El miedo… las vidas… no, nunca las utilizaremos y sin embargo las conservaremos, haremos cientos, miles para que nuestros enemigos sepan que estamos preparados.
LaRataGris.
¿Qué es ese ruido?- se preguntó el señor Sánchez. Miró a su alrededor sin ver nada, se levantó y caminó un poco en la dirección que creyó correcta, desde donde pensaba que provenía el alboroto.
Conforme se acercaba no se sabe dónde, el jaleo se iba haciendo más intenso. Era como un discurso jaleado y vitoreado. Se escuchaba “Bla bla bla hijos de puta, bla bla bla cabrones malnacidos”. Se escuchaba pero no se oía lo que decían.
Y más fuerte gritaban, sin que nada se entendiese a parte de los insultos. Al verlos lo comprendió todo. De sus labios salían las lindezas más brutales, se reían unos de otros borrachos de agresividad, apoyándose en la manada para sentirse más fuertes. Eran revolucionarios como él. Sin miedo a decir la verdad.
-Hola- se giraron hacia el saludo con el ceño fruncido y una mueca de disgusto esculpida en el rostro.
– ¿Blá blaaabla, hijo puta?
– Blás bla puto cabrón.
– Nada, dejadlo- el señor Sánchez se alejó rápidamente, no quería enfrentarse a sus compañeros, todos luchaban por lo mismo y entonces,… ¿por qué se habían mofado de él?
Sin entender, y un poco más vacío, se sentó a descansar, ya lejos. Poco a poco fue atando cabos y pudo entender lo que había pasado.- No son como yo, ellos sólo quieren destruir, no quieren construir nada. Y mientras se comporten como crios gritando no habrá revolución.- Tanto daban sus ideas. Si eran un grupo u otro. Lo único que se podía hacer era huir de tus iguales para pensar en paz. Por desgracia, en cada esquina había niños jugando a ser mayores.
Los niños revolucionarios, enfrentados a los niños policías, los políticos que son niños que nunca dicen la verdad y las mierdas pinchadas en un palo que somos todos.
Ya no queda revolución, sólo agitadores.
LaRataGris.