La diferencia entre la Lena deportiva y la Lena intelectual es sustancial. La una lleva ropa cómoda y pisa con seguridad; la contraría sonríe discreta, escondida tras las páginas de un buen libro.
Pelo suelto o recogido en un moño, cola de caballo o perfectamente despeinado de una forma premeditada, estudiada hasta la más mínima punta: otra Lena, la Lena princesa.
Ella habla del partido, ella del baile de electrones modificando el átomo. Te da, la Lena cocinera, el truco para que las patatas queden perfectas, crujientes y sabrosas.
se deja la vida entrenando, se deja la espalda y los ojos en una biblioteca. Duerme y sueña la Lena soñadora.
Hay tantas Lenas, tantas habitantes de la misma piel. Un cuerpo y complementos intercambiables para distintas actividades
-Elige- le piden.
El trabajo impide diversidad.
-Elige.
La gente quiere leerla de una sola pasada.
Es entonces cuando sale la Lena del vicio, la cocinera, bailarina, pintora y un largo etcétera.
Lena poliédrica, inclasificable.
Solo repudia a esa Lena trabajadora, la que solo sirve para una única cosa, encerrada y catalogada.
Si tu hijo cumple años y te pide un dibujo como regalo de cumpleaños se lo haces supercontento. Si en un verano te ha hecho ver cuatro veces la misma serie de principio a fin tienes claro que personaje va a salir.
Solo había que juntarlo con otra de sus pasiones y buscar un chiste malo.
Felicidades Pau, gracias por hacer mi mundo mejor.
Para yo quererte has de quererme primero. Que ya no estoy para sufrir y el mundo es demasiado amplio como para andarnos ahora con tonterías.
Que hay gente que no te duele, que hay belleza en aprender de la risa, que ya me produce demasiado espanto la barbaridad de que la letra con sangre entra.
Quiero disfrutar del camino, cantar, bailar, dibujar.
Tengo tantas luchas abiertas en carne viva que me duele tener que respirar por ti. Hay guerras importantes que no tienen nada que ver con tus delirios de divo caído.
Quiéreme y aún así no será suficiente, solo sera un paso.
Que yo también he de amar aquello que tu eres, sin esa condición no nos merecemos el uno al otro.
-Cuando yo era pequeño todo esto era campo- dijo el anciano señalando el infinito de la ciudad.
La frase se perdía con él, el último en ver la naturaleza salvaje. Ahora todo estaba ordenado y los recuerdos necesitaban el préstamo de los que vivieron en los viejos tiempos.
-Cuando era pequeño- se adaptarían las palabras al futuro-, siendo yo pequeño había un señor que decía: hasta donde alcanza la vista, todo era campo.
…
-Cuando yo nací,- si en algún momento todo cae, diré- hasta donde alcanzaba la vista se extendía una bulliciosa ciudad llena de vida gris.
Los escombros describirán en braille la opulencia de otros lujos, regresaran las plantas para reclamar su espacio, nos apagaremos poco a poco.
-Cuando yo paseaba sobre la piel de la tierra nadie recordaba. Importaban los macro intereses económicos. Un muerto de hambre o millones de ellos, insignificantes moscas ante la vida de un hombre rico.
-Cuando yo nací ya existían las frases hechas, hasta donde alcanzaba la vista el mundo había cambiado sin que nadie hiciese nada más que constatarlo.
-¿Andrea?- llamó con su voz ruda y penetrante-¿Andrea?- la modulo a una caricia de palabras dulces como el almíbar.
Así, durante cinco minutos. El amor sintético de Andrea lamió el cuerpo sin vida, desnudo contra el suelo, sin reacción.
-¿Andrea?- hizo un último intento antes de iniciar el protocolo de rescate. Un pequeño clic y sus pensamientos volaron hasta la mente colmena.
-¿Policía?
-Código seis. Se precisa ambulancia y agente
Acto seguido cifró algunas imágenes para que los nanobots llegasen con un mapa claro de la habitación.
Inmediatamente después activo las sinapsis del dolor y comenzó a llorar lágrimas artificiales sobre el cuerpo frio.
Cuando llegaron poco quedaba para los reanimadores. Trabajaron con alguna función básica, que a duras penas resistía, mientras sustituían carne por réplicas de cristal y cerámica. Como una autómata primero, comenzó a respirar de forma rítmica, moviendo su cuerpo de forma seca.
Su compañero hidráulico abrazo el cuerpo sintético que le devolvió el abrazo.
-Ya nada nos separa- susurró el autóma-ya no nos separa tu frágil carne de humana.
Ya no hay cajeros automáticos. Los bancos han ido desmantelándolos hasta que sacar tu dinero se ha vuelto imposible. Ahora la economía sólo es un blip informático, tu resguardo una tarjeta de PVC, personalizada con cualquier foto especial, descargada de la web profunda.
Vas con ella a todas partes; es tu seña de identidad, grabas tu huella digital, tu cara pixelada es la contraseña para que todas las fabricas sepan que construir y anunciarte.
Sin modo oculto, compras pequeños pecados, todo regresa. Uno y mil banners para que sigas comprando, compra: ¡Mueve el dinero! Muevelo aunque sea de forma virtual, ¡Gósalo, papito!.
Aunque quede alguno… ya no quedan cajeros: Los obreros no tienen de donde sacar, ni los sin techo tienen donde pasar la noche, ni a los revolucionarios les quedan símbolos capitalistas que destrozar durante las revueltas.
No hay cajeros y sin embargo estamos atrapados, como si existieran o como si no quisiésemos escapar.