El señor bebe

25 junio 2012

No hay viento en la nave estelar. Las bombas renuevan el aire de una forma suave y silenciosa mientras educadora nos cuida. Mañana llegaremos a la tierra. Miramos por las ventanas esperando ver algo diferente a lo que nos hemos encontrado durante todo el viaje pero solo hay estrellas sobre fondo negro, tampoco sabemos que buscar. Nuestro mundo es únicamente una referencia en los monitores, la descripción de algo que deberíamos amar pero no hemos vivido. Somos los privilegiados a los que nos pudieron pagar una buena guardería.

Educadora anuncia con su voz metálica la reentrada. Comprobamos que todo este listo y nos sentamos a esperar en unos pupitres que se nos ha quedado pequeños. El ordenador recita uno a uno el nombre de los supervivientes y nos ponemos en pie para recibir los diplomas. Siempre con sus frases amables le sonreímos a la pantalla con todos nuestros logros.- Jack, ven aquí pequeñín.- Acaricio sus teclas y dejo que me arrulle por última vez mientras se imprime el título. Quince flamantes bebes preparados para el futuro. Empieza a hacer calor y sabemos que ya estamos cayendo.

No reconocemos a nuestros padres. Los rostros que nos esperan envejecidos podrían ser los de cualquiera. Educadora nos indica a quienes abrazar, también indica los muertos de uno y otro lado durante la espera. Algunos se han quedado sin familia yo, en cambio, puedo querer a Amanda que me recibe con lagrimas en los ojos, papá no existe. Es un encuentro breve, un saludo ligero antes de empezar el colegio. Le entrego el diploma para que se pueda sentir orgullosa y lo enmarque, le doy un beso en la mejilla y me despido agradeciéndole mi educación. El único jardín de infancia con viaje final de curso a Orion, experiencias que nadie más me podía dar… que más da que sea un señor bebe de cuarenta y tres años a punto de aprender a leer y escribir.

LaRataGris


Mis castigos

23 septiembre 2011

De pequeño me castigaron por pegarle a un niño. Nadie me explicó que aquello que yo había hecho estaba mal, ni se preocuparon en saber por que lo hice. Simplemente me bajaron un curso durante un día. Me pusieron con los más pequeños y a la hora del pipí la señorita nos ordeno en una fila para abrirnos la bragueta y ponernos a mear. Yo ya sabía hacerlo solo pero estaba castigado por que aquel niño al que le pegue había intentado quitarme el bocadillo, así que me calle. Aún hoy recuerdo que me sentí humillado por que me ayudaron a hacer algo que yo ya sabía. Se que es una tontería pero me preocupaba más eso que el haberme llevado una condena por aquel ladrón.

Más tarde, aún siendo niño, había interiorizado el castigo. Domesticado pedí que no llamaran a mis padres cuando otro compañero me acuso de quitarle su juguete, preferí dárselo por que ellos no sabían que yo tenía aquel muñeco y pensé que me regañarían. La señorita, de verdad creyó que yo se lo había intentado quitar y le devolvió mi hombre desmontable.

Con el tiempo me he ido deseducando todo lo que he podido, he alejado de mi los castigos e intento escuchar para que el único recuerdo de mi infancia no sea ese. No he conseguido recuperar nada más de aquel naufragio pero me estoy construyendo una balsa para seguir escapando.

LaRataGris


Crecer a deshoras

13 septiembre 2011

No se ha hecho grande. Crece cada día sin que nadie se de cuenta. La miran de reojo calculan su altura, el peso y deciden si esta preparada para aprender lo que ellos quieren.- ¿Cuantos años tiene?- y se la llevan para enseñarle a marchitarse entre cuatro paredes. La maduran a golpe de tiempo.

Debe aceptar sus normas, sus mundos grises y deteriorados… que sonría para la foto y- sonríe, sonríe, sonríe…- Tendrá que abandonar las ideas geniales, la libertad, el sentir según necesite. La vida es mucho más compleja, jamás debe saber lo que le conviene y desde pequeña tiene que convertirse en un robot que no se cuestione lo que le pasa.

Yo tendría que colaborar, sin advertirle, sin explicarle la realidad. Que se sienta integrada, no hacerla pensar hipotecando su vida… me quieren hacer cómplice, me siento culpable, si educo por marginarla, si la dejo educar por engañarla… tienen un sistema perfecto en el que fagocitan la experiencia a base de normalidad. Lo normal se repite y lo justo pasa a un segundo plano.

Pero aún no han borrado sus cuentos, sigue dibujando secretos que sólo a mi me explica. Los guardo en una cajita para que no se los roben y les digo a todos que sigue siendo una niña para poder seguir jugando con ella, para no dejar de crecer juntos.

Si algún día olvida lo que fue abriremos el cofre de sus tesoros y recordaremos todo lo desaprendido.

LaRataGris