La niebla

19 septiembre 2016

Todo había desaparecido engullido por una niebla espesa. Parecía viva, dispuesta a tragarse a cualquier incauto que se moviese ante ella. Al principio, una pretensión estúpida, quiso que nos buscásemos. Se escuchaba como todo el mundo gritaba el nombre de alguien que había perdido. Voceaban hasta quedarse afónicos y perder la esperanza.

-Si alguien puede escucharme- comenzó a oírse en susurros más espesos y pesados que la propia bruma- Me rindo, soy parte de la niebla.

Entonces retiraron el intangible velo. Apareció la figura de Don Amo, altivo, acariciando la cabeza de dos cachorros salvajes.

-Bien- aplaudió nuestra derrota, sus objetos humanos- Ahora a trabajar sino queréis que me vuelva a enfadar.

Los cuerpos, casi esqueletos tras varios días perdidos, sin comer, parecían moverse con el vaivén del viento. Finalmente conseguimos levantarnos con dificultad. Demasiado débiles hicimos un último esfuerzo por sonreír. Vi como brillaban los ojos de mis compañeros y, sin previo aviso, nos abalanzamos como habíamos acordado dentro de nuestra prisión, nos lo comimos.

– El engaño ha funcionado- gritó una voz desesperada. Ahora buscad sus máquinas, que no puedan volver a ocultarnos bajo su niebla prefabricada. Juntos somos mas fuertes.

LaRataGris

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Contabilizando el año

31 diciembre 2015

Contabilizando el año


Odios de verano

21 julio 2014

Odio el verano por que la gente sale en bicicleta, desempolva los patinetes y se transforman en domingueros de entre semana. No son los mismos ciclistas que viajan en invierno y saben no usar el coche, respetar y convivir. Son una cantidad ingente de locos que quedan al calor del buen tiempo para competir entre ellos, llenar las aceras y los vientos como si el verano fuese suyo.

Odio el verano por las playas llenas de cuerpos muertos sobre sus toallas de arena. Las mentes vacías, con el único eco de si la piel, la barriga, las tetas, los culos y la erosión muscular. Odio el olvido de las calas que colonizan, ensucian y olvidan otra vez. Volver a casa cansado, con el sol machacando y el alma pidiendo dormir, nada mas tras un día de no hacer, apelotonado entre sudores ajenos y una enoclofobia creciente.

Odio el verano por que los que nos quedamos trabajando tenemos que cubrir a los que tienen vacaciones. Más horas con más clientes preguntándote, por cobrar el mismo salario de esclavo. Más correr con más calor y menos vida. Viendo como mis cachorros con todo el tiempo del mundo para nada y yo nada de tiempo para ellos que dicen papa no te vayas a trabajar y papa se marcha.

Odio, odio el verano de una forma que no te imaginas, que no puedes entender, que no quieres por que el verano esta lleno de una alegría que yo, personalmente, desconozco.

LaRataGris


Desaprendiendo hormigas

9 diciembre 2013

Acercaos mis niños y niñas, escuchad sobre la imaginación y la creatividad que os están robando para que podáis ser buenas hormiguitas:

Cuando Alicia era tan pequeña como un ratoncito de tres años fuimos a una actividad organizada por la navidad, a los centros comerciales les encanta mantener a los cachorros entretenidos mientras los adultos compran y compran y compran infinito amor de consumo rápido. Ella, siempre que veía un enjambre de niños entretenidos, insistía en acercarse y jugar como una niña normal. Yo me quedaba a su lado mientras ella adornaba algún árbol con ceras de colores, hacía brillar las estrellas con purpurina o no decapitaba a tres reyes… Escogió un calcetín de los que cuelgan en las chimeneas de muchas series y se sentó junto a un grupo en edad escolar, de los que ya saben como van las cosas.

Alicia miró todos los materiales a su alcance y se decidió por un color tan negro que se comía todas las líneas del dibujo; convirtiendo su calcetín navideño en uno desparejado, corriente y moliente. Sus improvisados compañeros comenzaron a reírse, se daban codazos y señalaban aquella locura. Ella, sin darse cuenta, continuo hasta que todo fue una mancha y pudo dejar la cera. Acto seguido cogió un bote de purpurina y trazo varias cenefas que silenciaron las burlas. Ninguno de los niños adiestrados hubiese sabido hacer aquello. Les habían enseñado que el color, que el no salirse de la línea, que lo raro…ahora intuían sin saber por que, tenían que desaprender a ser hormiguitas.

LaRataGris