
Word-Action

La antigua fábrica textil fue desmantelada en un suspiro. Sacaron los telares, despidieron a los trabajadores y el barrio perdió la poca promesa de supervivencia que le quedaba a la gente. Unicamente el impresionante edificio, bueno para nada, seguía en pie.
– Habrá que derruirlo- dijo el hombre del ayuntamiento.
– ¡No! – gritó el pueblo que no quería un nido de ratas como el resto de solares que iban apareciendo como calvas – Pedimos, exigimos, que se destine para uso del pueblo.
Y el ayuntamiento, con la mirada puesta en el horizonte de las cercanas elecciones, donó el recinto – Disfrutad del regalo , cortesía del partido Tal y Pascual.
Que giro inesperada cuando ninguna asociación lo quiso para alguna actividad bien intencionada y mal organizada. Cada metro cuadrado se destino a la gente que había perdido trabajo, la casa, la vida… Ahora tenían un sitio gratis en el que vivir y, entonces, el ayuntamiento, presionado por constructores y arrendatarios afirmó que eran mejores las ratas.
Echo a la gente, tiró el edificio y la especulación regreso al barrio.
LaRataGris
Estoy seguro de que me recordaras de otros cuentos que acabaron mal.
Me rajaron siete cabritillas, me llenaron de piedras y me tiraron al río. Tres cerdos me escaldaron; la niña de la caperuza roja convenció al cazador de que me disparase a bocajarro y otros mil historias de los que no salí vivo ni de milagro. Tengo el cuerpo rectificado, válvulas en la cabeza y el tabique de platino.
Estoy tan harto, tan sumamente harto que ahora ayudo a las ancianas a cruzarse de acera, sonrió a los niños, respeto para que todos se confíen y, cuando ya nadie se lo espere, estallará la bomba. Me lo llevare todo por delante.
Yo ya he vuelto varios veces de la muerte, he aprendido de mis errores. Veamos si tú, que te gusta tanto matar, sabes también resucitar.
LaRataGris
El teléfono zumbó sobre la mesa. Rosario tiró los cubiertos y se lanzó sobre él como si fuese importante. Sólo era Luis que le enviaba el mismo meme que ya había recibido siete veces aquella mañana.
Se lo agradeció con una carita sonriente y un pulgar hacia arriba, no importaba que a la tercera vez ya le hubiese empezado a parecer aburrido: un gato tocando la flauta.
También lo reenvió a todos sus contactos para no estar fuera de onda. La espiral de respuestas insulsas la atrapó hasta bien entrada la noche.
– No has comido nada – le dijo Alberto.
– Estoy ocupada. Ahora como.
-Vale, pero no olvides reenviar está historia a todos tus contactos o no podrás quitarte el mal olor de encima.
LaRataGris