
Todo quiebra en algún momento, lo importante es levantarse.
– iAlto!- le gritó la reina de corazones a la abeja- ¿Dónde crees que vas con el néctar de mis flores?
El insecto paró sobre un tallo de hierba fresca y chapurreo en un idioma que le era ajeno a su majestad.
-Es comida para mis hermanas, es esparcir un manto de flores por todo el mundo.
-¡Detened a esa descarada!- gritó esta vez a sus soldados- ¡que no se lleve las semillas de nuestro mundo!
De infinitos lugares aparecieron ordenadas las fuerzas de seguridad. Cerraron el jardín de dentro afuera, también a la inversa. Taparon la luz del sol, frenaron los ríos que campaban libres por la tierra; detuvieron el aire pero no lo suficientemente rápido como para que la abeja no escapase.
Entendiendo que ya no podría volver dejó, como siempre, que de sus patitas fuesen cayendo semillas. A su paso se abrirían nuevos jardines, no delimitados por muros.
Mientras, la tierra de la reina de corazones, se marchitaría en su protectora prisión.
LaRataGris.
Te voy a contar una historia real, una historia que sucedió hace mucho tiempo y que jamas deberías poner en duda.
No seré yo quien te juzgue si quieres cuestionarla pero, no me podrás negar, que tal como te la explicaré pudo haber sucedido. ¿Acaso eso no es garantía suficiente para cualquier cuento?
Hace mucho tiempo vivió un niño gigante. Tan sumamente grande que cuando iba al baño y hacía caca, la mierda, caía al water generando una ola tan grande que sus efectos llegaban al mar. se formaban maremotos y los barcos tenían que salirse del agua para que la fuerza no los hundiera.
Era algo terrible, aunque el gigante no lo hacía con mala intención. Él solo era un niño pequeño que quería jugar, cantar y bailar.
Lo que pasa es que era un niño pequeño tan grande: de una altura tan descomunal, de proporciones tan infinitas, que si se resfriaba y estornudaba: un viento huracanado surcaba los cielos, despeinaba las aves, hacia volar los tejados, arrastraba a las personas que buscaban mejores tiempos lejos, en el sur.
Era algo horrible, pero un algo sin mala intención.
Solo era un crio con ganas de jugar, cantar, reír.
Y a la vez era un niño tan grande, tan tan grande que cada vez que jugaba a pilla pilla con las montañas sus carreras hacían temblar la corteza terrestre hasta que los humanos temblaban también, pero del susto, y empezaban una huida sin final, mientras gritaban: ¡Terremoto!
Pero de verdad que él no lo hacía con mala intención. El solo era un niñito que, como todos, necesitaba jugar, saltar, volar. Pero era tan grande, tan enormérrimo, que al bailar aspaventaba con los manos tapando y destapando el sol de forma intermitente. La gente, sin saber si era de noche o de día, se levantaba y se acostaba al ritmo frenético que marcaba el gigante. Nunca descansaban lo suficiente y luego se arrastraban imposibles durante lo que quedase de jornada.
Imaginate el panorama, desolador, gente zombificadapor el sueño. Pero ya sabes que no lo hizo con mala intención. Solo que era alguien tan grande, tan descomunal y gargantuesco, gigante, gigantesco, que no cabía en la tierra o no hubiese cabido si hubiese sucedido aquí y de esa manera.
Aunque es posible que solo sea un cuento extraño sobre un pequeño gigante con demasiado poder. Un cuento para antes de ir a dormir.
El gigante puede que no fuese tan grande, y podía parecerse a alguien ¿Llevaba nombre de amo?
De ser así no habría excusa para no poner remedio a sus atrocidades de ínfimo gigante.
Eso si, verdad o mentira, su mierda era peor que un maremoto y olía como cien mil rayos.
LaRataGris
Hoy es domingo en el centro comercial, deberían dormir las tiendas. Las arañas salen tranquilas de paseo; se asoman cucarachas en el almacén.
-Hoy no vienen los humanos- gritan las ratas-. Hoy esto es para nosotras.
Y corretean; orinando y cagando en cada esquina. Solo prohibida la zona de restaurantes, el ocio y algunos lavabos seleccionados.
No entienden de rebajas, de festivos especiales; normativas para que no pare la rueda: sin descanso, sin familia, sin amigos, sin casa.
“Gran apertura” se lee en todas las entradas, en carteles enganchados a farolas, se dice en varias cuñas de radio pero nadie avisa a los insectos no humanos.
Cuando aparecen los primeros trabajadores ven bailar felices a las pelusas del polvo, artrópodos paseando, insectos comunes recitando tantos cuentos como granos de arena hay en el mundo. Asqueados ante el espectáculo que les es negado deciden limpiar, chafar, destruir como si no fuera domingo. Que todo este perfecto para los compradores.
Mientras tanto, en otro universo, los empresarios, desde sus casas no quieren a las familias de sus empleados, no sueñan con amigos o un hogar ajeno; no les gusta que las arañas paseen sin bolsas de la compra o gastar su dinero.
LaRataGris