Lobo

9 abril 2018

Disculparemos su comportamiento pues es un lobo, de traje y corbata, de buenas maneras pero un perro salvaje. Eso ha de ser un atenuante, le puede el instinto, no lo culpabilicemos.

Tanto da que trate de aparentar elegancia, que bese el suelo que pisas o recite versos bajo tu ventana. Cuando veas su morro alargado husmeando, su pelo gris ceniza y los dientes apretados como trampas para osos, relamiéndose de hambre, aunque el miedo te azuce, no tengas reparos en señalar.

No es un cachorrito inocente ni en la primera dentellada. El lobo ha aprendido a esconderse en la manada, se justificara en su delirio- clemencia- aullara mientras culpabiliza a la víctima. Dirá de ti que eres humana, que por eso cometes errores, que nadie te tiene que perdonar, a él si, solo actúa según su piel.

El verdugo quiere que le veamos como a uno de los nuestros, tu, en cambio eres la mala. Pero no lo vamos a consentir, si tu eres una diabla nosotros también, cualquier cosa antes que un él.

LaRataGris

Cucarachas salvajes

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Los dos extremos

5 febrero 2018

Sus padres, ¿cuanta culpa tienen sus padres? Al verlo tan pequeño e insignificante se dieron cuenta que no sobreviviría al mundo. Construyeron una réplica exacta a su pequeño niñito. Es al que llevaban de paseo, al que le dejaban revolcarse en barro y quedarse hasta tarde viendo programas que no debía ver. Es, en definitiva, al que acabaron amando más que a su propia vida.

Mientras tanto, el verdadero hijo, seguía protegido entre los barrotes de su cuna. Había comprendido la soledad que provocaba su prisión y complementaba sus biberones regulares comiendo cualquier insecto para hacerse más fuerte, mientras sus padres no miraban.

Con el paso de los años el replicante, de plástico y madera, se fue quedando pequeño.

Roc lo miraba desde el rincón conquistado. Se había escapado del pequeño mundo que tiempo atrás le regalasen.

Amplió sus pasos; primero por la habitación pero, ya, se movía libremente por toda la casa. Tenia sombras en las que podía ocultarse cuando salía de cacería. Desde ellas miraba la felicidad de aquel ser enfermizo que lo había suplantado, que lástima sentía por aquella debilidad.

Era un explorador nato. Ya no necesitaba alimentarse de pequeños bichos. Saqueaba la nevera sin que sus progenitores, que ya se habían olvidado de él, se enterasen, capturaba nutritivos roedores y pajarillos que se acercaban a los cebos que preparaba en las ventanas.

En su foro más interno deseaban que su niño sintético se hubiese vuelto real.

El tiempo siguió su curso y en primavera su padre pisó una de las trampas para ratones que había puesto en el recibidor. El olor de la sangre volvió loco al salvaje. Sin previo aviso saltó desde la oscuridad, dentelleando como un perro famélico.

Se había cobrado una deliciosa presa, demasiado grande como para esconderla.

Sus restos lo llenaban todo cuando la madre murió chillando, más por la visión que por el golpe rápido y certero que quebró su cuello. Solo quedaba él y él mismo, su doble, en una esquina que nunca había aprendido a usar. La sombra apenas ocultaba los temblores programados para este tipo de estímulos.

Se acerco hasta él lentamente, el miedo lo retendría la suficiente como para ir sin prisa, saboreando aquella sensación de triunfo. La sangre bañaba su determinación. Con instinto homicida clavo sus colmillos intentando beberse la parte que le pertenecía de aquella aberración, destrozando el cuerpo sintético, electrocutándose en el camino.

El uno sin el otro no era nada pero necesitaban vivir en dos extremos separados.

LaRataGris

Algo más suavito aquí: Payhip  o en Comic Square


El otro hombre

1 julio 2014

Penelope sabía bien como quererse. No necesitaba nada más que sus pensamientos; se tumbaba y se amaba salvajemente hasta acabar rendida, aunque no era sólo eso.

El otro hombre, el que vivía en la puerta de enfrente, no parecía contento con esa actitud. Había conocido a tantos otros hombres, era otro más desde su padre a su ex, pasando por hermano, amigos e incluso su madre había sido uno de esos otros hombres. Le decían que es lo que tenía que hacer, lo que estaba bien y mal, y uno tras otro era más represor, más exigente, más hombre,…otro más queriéndola bien educadita en la vieja escuela. Su vecino lo era, todo un incordio insufrible.

Al final, cansada, había llegado a un acuerdo con ella misma, les iba a dejar hablar siempre que no la tocasen, aunque pocas veces se conformaban con eso. Ellos querían protegerla, ese era el cuento que le explicaban, estarían guiándole hasta que encontrase su hombre diferente, el único e inalcanzable que, ella, tampoco quería. Se sentía hastiada de todo aquello, de las quimeras y la normalidad, unicamente necesitaba que una persona la quisiera y esa era ella misma. Ninguno de los otros hombres, solo Penelope sin querer huir.

 


La puta y la derrota moral

1 abril 2013

A veces se disfrazaba de puta barata, cuando le faltaba carnaval, cuando quería airear el coño de la forma menos sutil y mas placentera. Le encantaba hacerse ver, se contoneaba como una furcia de baja estopa y gritaba para que todos se acercasen a comerse los caracolillos de su sexo.- Vamos perros, hoy gratis y salvaje. Al que no le guste la libertad que se joda el solito.- Pero siempre era ella la que acababa bien jodida y en la cárcel por exhibición, escándalo publico, incitación a la prostitución y cualquier locura por la que pedir perdón. Al final decidieron que era demasiado reincidente, que ya no podía vivir en sociedad. Le recetaron pastillas, una camisa de fuerza para esconder su cuerpo, sus palabras, sus dolores… la derrotaron para que no fuese un estorbo, para que todos los vicios pudiesen seguir siendo oscuros y secretos.

LaRataGris


Machos alfa

27 febrero 2012

El señor Borrell, que se ha ganado el apodo de señor disfrazándose de macho alfa, bruto y salvaje, se sentó a mirar El infinito. No miraba las estrellas desde que era un crío enamorado que sólo tenía ojos para el escote de una cualquiera. Aquella noche no era muy distinta y sin embargo parecía como si la inmensidad quisiera llamar su atención- Borrell,- le susurraba- siéntete pequeño, tiembla ante mi grandeza-. Y claro, ya no creyó ser tan importante.

Pensó que era algo insignificante, una mosca a punto de ser aplastada y, como no quería morir, llamó al resto de machos alfa para explicarles como el universo le había revelado su poder y domnancia. El que mas el que menos, había sentido en algún momento de su vida aquella fuerza descomunal así que no tuvo que explicarles demasiado. Uno a uno fueron buscando en sus miedos mas escondidos, allí donde ocultaban los terrores que no creían propios de unos machotes como eran ellos y, acabaron admitiendo que se sintieron perdidos ante aquello, por eso jamas lo habían exteriorizado hasta entonces.- Nada podremos contra el universo si continuamos separados- era tan lógico que fundaron la U.A. inmediatamente. En su primera intervención, la unión alfa, se pavoneo y cacareo sus fuerzas para atraer el mayor número de cobardes, buscando protección, a sus filas. Todos los solitarios quedaron atrapados convencidos de que solos no podían nada. Constituyeron países, continentes y finalmente un mundo insultando al cosmos y su grandilocuencia. Fabricaron una flota de naves defensivas, cruceros protectores, cañones, proyectiles, palos y piedras que sirviesen de barrera contra la idea infinita y, con todo aquello, destruyeron la realidad para que nada ni nadie les pudiese vencer a ellos. El grupo les había salvado del rumor y, ahora que todos eran uno, otra amenaza empezó para que la fuerza siguiese teniendo sentido.

LaRataGris


El bosque salvaje

13 junio 2011

clorofila

Ilustración deMaria Jose Daffunchio y LaRataGris

Los bosques salvajes habían sido domesticados y sus rebaños vegetaban tranquilos en parques controlados. Apenas podían bañarse en sol, los rayos que llegaban tímidos quedaban atrapados en las sombras de los edificios y, las escasas caricias de luz, hacían que todos se peleasen por conquistar su roce. La vida se degradaba en aquel suelo sin sustrato.

Sólo algunas semillas se escapaban buscando un fin del mundo más feliz. La chica planta siempre las despedía mientras soñaba un infinito diferente. Le dolían las raíces de pensar en selvas vírgenes, libres y poderosas. Por eso se arranco de raíz.

Al salir se le quebraron los brotes tiernos y el tronco intentó flexionarse para imitar un caminar al que estaba desacostumbrada. Se alejo tambaleándose de la paz de la prisión. Sin despedirse del jardín lloró pasos de barro sobre la ciudad dormida. No había rincones de vida en ella, todo era cemento vistiendo, encorsetando al mundo. La belleza natural se había sustituido por un traje de calles y avenidas a ninguna parte, no parecía haber salida para aquel laberinto gris. Cada giro la llevaba al mismo escenario, matizaba algún contraste, otro edificio, una tienda diferente, las farolas con más o menos intensidad pero siempre idéntica desorientación. Cansada de perderse se tumbó en un portal donde sus raíces no pudieron conseguir agua o alimento.

Se empeñaban en limpiar la ciudad de pequeñeces. Hordas de basureros amanecían barriendo lo que inmediatamente después ensuciarían sus propios pies. La gente rodeaba las parcelas que iban desinfectando y las volvían a infectar en apenas unos segundos. El saberse inútiles desganaban sus acciones que, como en todos los trabajos, se convertían en aparentar una actividad intensa disimulando lo estéril del resultado. Por eso nadie recogió las hojas secas de aquella mala hierva acurrucada en penumbras. Sólo cuando comenzó a moverse, y creyeron que podía ser un mendigo protegiéndose del frío, les preocupó que la pobreza pudiese ser contagiosa. -Señora, por favor, le habla un funcionario- de educación forzada. Un por favor cargado que a la menor distracción; si la respuesta no es rápida, adecuada, sumisa,…- igualese o regrese a su ghetto.- La gente le hizo un pasillo de insultos. Los gritos y el calor, alejada de la tierra, zigzagueo sin saber donde buscar esa normalidad que le pedían.

La furia nacía de cada esquina y la chica planta sintió que para poder seguir buscando la libertad tendría que atraparse de otra manera, vivir este otoño que se había eternizado. Pasar desapercibida mutilándose las ramas hasta que llegue la nueva primavera. Empezó a deshojarse y un manto marrón tiñó de bosque el asfalto. La piel dura se deshizo y sus ojos de luna lloraron miel y sabia en una improvisado y pequeño riachuelo.

Ella se volvía más normal, mientras su promesa de mundo palidecía. Las esporas que desprendían su cuerpo buscaban tierra para sobrevivir. Tristes de asfalto se agarraron donde pudieron. Se enredaban en el pelo, quedaban atrapadas en las grietas de la piel, invadían mucosas y órganos vitales…germinaban azaleas y jazmín bajo la ropa sintética, se teñían de fragancia y frescor mientras ella se volvía más chica que quimera.

La nueva humana caminaba entre los cuerpos florecidos de quienes podrían haber sido sus iguales. Ahogados por la explosión de primavera, se retorcían como sinuosos troncos caídos y todos los perfumes de la vida danzaban poseídos por una repentina alegría. Se paró para acariciar un rebaño de dientes de león, cogió un poco de agua entre sus manos y dio de beber a las malas hierbas. Los jardines aún cercados, ajenos a la revolución externa, seguían peleando por un puntito de sol. Ella sonrió acompañada de la soledad de las plantas y bailo con los colores extraños. La ciudad se había disfrazado de lo que fue y poco a poco se abriría un nuevo suelo para este bosque salvaje.

LaRataGris.


SlavAje

11 mayo 2008

SlavAje (slave salvaje)


Muchxs te diran que enferme. Que perdí la razón por alejarme de las obligaciones que se suponen inmanentes a la condición humana.

La verdad es que puede ser cierto. Aunque en realidad solo descuide las convenciones que nos hemos autoimpuesto y, al fin y al cabo,eso me hizo tremendamente feliz.

Fue camino del trabajo, pasando por una de tantas calles en las que comienzan las obras cuando se acercan las elecciones del municipio. Las escavadoras levanaban una fina capa de polvo ojizo que se iba pegando a los edificios. Todo parecía desgastado por el sol bajo ese manto de color.

Yo mismo me sentí viejo mirando los zapatos que se iban ensuciando como el resto de la ciudad. Sin saber por que me agache a quitarme el calzado que tanto me cansaba. Manche mis dedos en la tierra y dibuje tres rallas diagonales cayendo por cada una de mis mejilas.

Luego me quite la camisa para espolvorear mi tisico pecho con una poco más de rojoSlavAje

Cuando volvi a caminar lo hice desnudo, en una dirección completamente diferente a la que hasta entonces había seguido. Sin rumbo fijo los días se fueron suceiendo sin pena ni gloria buscando comida por cualquier container me había convertido en un nómada recolector No tenia nada y nada deseaba. Sin los estímulos a los que te invita la sociedad fui cada vez más feliz, unicamente con la libertad de no estar atado.

La gente con la que me cruzaba intentaba esquivarme, no sin antes dejarme leer en su rostro la pena, el miedo o asco que les embargaba con mi aspecto cada vez más salvaje. No querían alegrarse por mi, reconocer mi gozo y yo, a su vez, tambien comence a sentir lastima por ellos.

Sin que mi comportamiento fuese la causa comence a ser el blanco de las fuerzas del estado, aun cuando iba vestido. Comenzaron a perseguirme por alteracion del orden público al entrar en la zona alta. Me quisieron meter en la carcel al cogerme, pero acabe en un psiquiatrico donde me asearon y me enseñaron a ser feliz con la libertad controlada que el mundo me ofrecia.

Me escupieron de nuevo a la suciedad, no sin antes arrancarme la promesa de la integración- por que si no …

por eso estoy aquí, por que me aleje y regrese. Me cortaron las alas y yo solo pude esconder unn pequeño secreto bajo mi nariz.

Hunte mis fosas nasales con mi propia orina. Con las manos sucias de sujetarme la polla fui aspirando el hedor para no oler el de la ciudad. Me fui acostumbrando y para cuando la peste fue parte de mi pude olvidar que una vez fui feliz, me integre.

Así que ya sabes, si alguna vez te siente mal por lo que te rodea, no intentes cambiar, bañate en mierda y seras unx más. Al fin y al cabo las moralejas no son siempre lo que uno espera.

LaRataGris