Caídos
14 marzo 2012Entre crisis
7 diciembre 2011Marc era un superviviente. Cada crisis se volvía pequeño, respiraba de forma pausada y dejaba que su organismo quedase en estado latente hasta escuchar el regreso de las vacas sagradas. Dormitaba días, meses o años antes de volver a sentir la fragancia del dinero. Entonces regresaba con hambre de comérselo todo.
Conoció a Dalma entre crisis. Nada había cambiado desde la última caída del sistema pero, la maquinaria, buscaba vías para subsistir. Ofertas anticrisis, créditos para chucherías y el dinero negro… ella apestaba a despilfarro, la última juerga antes de volver a tropezar.
Marc aún se estaba desperezando con el tintineo de las cajas registradoras cuando Dalma llegó entre todos los compradores. Se paseaba contoneando las tarjetas de tienda en tienda. Compraba montañas de insignificancias para poder perder las baratijas más inútiles e irresistibles en un suspiro. El centro comercial hervía de gente como ella; sin poder pagar se endeudaban para escenificar una escapada de la miseria. Los peones más desfavorecidos sonreían a la masa vacacional tras el mostrador, con cuerpo de pocos amigos. Marc paladeó la piel forrada de joyas de Dalma y quiso saborearla para toda la vida. La invitó al banquete caníbal de sus cuerpos y juntos se compraron una casa, ropa adecuada y muchos y excesivos lujos. Se arrastraban hasta el próximo bache, se empachaban de capitalismo soñando que siempre podrían fingir lo que no tenían, que eran pobres circunstanciales, esporas apunto de germinar para dejar atrás su no-vida.
LaRataGris
Asumiendo imposibles
27 septiembre 2011Me cansé de perseguir estrellas fugaces, bañarme en los colores del arco iris, volar a la perdición, directo al octavo sol de la medianoche. Empezaba a necesitar que mi vida fuese más real. Palpar tangibles para soñar que aún era posible imaginar utopías.
Apague todas las luces de mis fantasías y me vestí de hombre normal para llegar hasta el corazón de la bestia. Necesitaba saber de que huía para aprender a seguir. Me mezclé con sus siervos, jugué con ellos y perdí todas mis posesiones; ojos, labios, oídos y pies. Sin poder caminar me arrastraron por sus pasadizos sin final. Hicieron con mis restos cualquier barbaridad y entendí que el mundo real es triste y desalmado.
Ya no soy un ermitaño asceta. Vivo tu mismo dolor pero yo grito en medio de tus apariencias. No escondo la derrota, no la justifico, aprendo de ella y entiendo que es necesario perseguir estrellas fugaces, bañarse en los colores del arco iris y volar directos a la perdición si esto nos hace más libres, si nos ayuda a dibujar nuevos mundos.
LaRataGris
Pequeños diminutivos
2 septiembre 2011Cuando el mundo cae y nosotros con él, el tiempo parece una burla de la realidad. Hoy es el momento, todo lo que hiciste son recuerdos carentes de sentido y el futuro ya lo sabes, seguir cayendo sin poder hacer nada más que gritar para que te salve el héroe.
Es un paladín pequeño, atrapado en su propia realidad, enganchado a problemas demasiado grandes y particulares. Vuelves a llamarle, trazas luces en el cielo para atraer su atención pero el mini guerrero necesita posar para las fotos y no sudar demasiado, tiene que solucionar las batallas de su propia existencia. Estás solo precipitándote al abismo. Te sientas a esperar el dolor inminente y a tu lado aparecen todos tus amigos, los compañeros de viaje, los amores, tus desdichas y una vida para abrazarte… No falta nadie fingiendo normalidad ante lo inevitable.
El más insignificante empieza a hacer fuerza para parar el mundo. No podrá pero quiere intentarlo. Su porción es diminuta y sin embargo inspira revoluciones. Poco a poco todos empujan contra el destino, cambian su realidad adyacente y la idea se contagia hasta que dejan de necesitar un campeón… ellos son tan ridículos como él pero, en conjunto, más eficaces…
LaRataGris
Cayendo
4 agosto 2009-¡Más deprisa!- gritaban desde arriba- ¡Corred o no llegaréis!
Y salíamos disparados sin fijarnos en los que caían. Sólo mirábamos el horizonte; la lejana meta a la que llegar para, desde lo más alto, dejarnos la voz chillando- ¡Vamos, cabrones, acelerad!
Pero nunca alcanzábamos la cúspide. Parecía suficientemente cercana como para que el desaliento no nos pudiese y, a la vez, jamás, podíamos tocarla. Llegar a ella era ver un pico más alto, escondido por las nieblas del ascenso. Su inquilino nos regalaba una corbata antes de irse y nos dejaba las instrucciones en un tono más apropiado, mirando siempre hacia abajo, preocupado de que nadie más se enterase.- Jalea a los galgos, que suban como balas. Solo cuando uno ocupe tu nuevo puesto podrás seguirme, subir un poquito más
Y veíamos pasar los años, las gentes, los caídos en contradirección. Siempre encontrábamos nuevos objetivos cada vez más altos, siempre más deseables porque en cada uno de ellos podías volver a bramar como te habían hecho a tí antes. Te desplomabas, solo que en la dirección correcta.
LaRataGris.

Escrito por laratagris 






