Los ojos que vieron el futuro

12 marzo 2009

Los ojos de Alicia, que miraban embobados la pantalla de un televisor rectangular, comenzarón a llorar con el anuncio de una O.N.G. que preconizaba el futuro.

– Hambre si no ayudas.- Decían en un tono melodramático- Deforestación si no colaboras…- Y ella decidió que nadie lo haría, que no salvarían la imagen del niño desnutrido que se ahogaba entre las moscas del tercer mundo.

Se arrancó los ojos al no poder parar el llanto, los escondió en una cajita de terciopelo rojo que enterró en el tiesto vació de un helecho muerto.

Las orejas de Alicia, que escuchaban ensimismadas el dolby surround del mismo televisor de antes, comenzaron a pitar dolorosamente ante otro espacio publicitario que pedía- No apartéis la vista hacía otro lado, ayudadnos.- Y creyó lógico que nadie pararía el berrido lastimoso del fondo.

Y, junto a sus ojos, depositó las orejas y la nariz que podía llegar a oler la mierda, las manos que palparon el esqueleto del hambre, el corazón que duele y las vísceras que se enervan con las injusticias … Se quedó en algo menos que poca cosa, un amasijo indefinido que ni tan si quiera podía imaginar un futuro mejor.

LaRataGris.


Siempre más

5 marzo 2009

Vivían en la ciudad de plata siempre preocupados por no ser oro.

Vivían en la ciudad de bronce como podían o, más bien, sobrevivían.

Una al lado de la otra, separadas por un río de platino fundido; ensuciado con cuarzo, mármol y pirita.

Se miraban. pensaba la más pobre: ¿Quién fuera mi vecina, engalanada, siempre en fiestas?. Mientras, con voz sibilina, se oía entre las torres de tan noble metal: ¿Qué es lo que podría obtener de esa cochambroso lugar que alimente mis arcas?

Y cada día pensaba y cada día se oía hasta que, de noche, dos mensajeros, rompieron los reflejos y se encontraron con sus barcas a mitad de camino, entre ambas ciudades.

– Queremos ser plateados.
– Nosotros más poderosos- Y así quedo sellado un pacto. Los Bronceados, mano de obra más barata, construían un enorme puente que uniera las ventajas que tanto ansiaban, las que acabaron convirtiéndose en una plata cada vez más rica y un bronce como siempre había sido, pobre y desvalido.

LaRataGris.


Televisa audiencia para que no te entienda

26 febrero 2009

«Cuando la gente no te hace caso hay que cambiar de estrategia»- les dijo el señor Henkkujpers, y dicho y hecho:

Se presento el nuevo concurso informativo, el Telediario. Había siete u ocho noticias sobre las que el espectador opinaba en un nueve cero seis y, según los votos así serían las noticias del día siguiente. Podías ganar hasta un millón de pesetas, que al fin y al cabo lo pagabas en teléfono, de propina un piropiyo televisivo, que nunca va mal, por lo del ego («pues si chico, mi voz salió por la televisión y el presentador me dijo que tenía un cuerpo precioso»)

Con el tiempo la fórmula se fue consolidando y lo que nació como un programa piloto se transformo en un bonito show donde la única noticia que tenia cabida era: » Un pato ha cruzado la carretera», ya que siempre era la más aplaudida.

Al principio siempre cruzaba el mismo, pero después de muchos programas la gente se iba cansando de ver todos los días al mismo animal de plumas marrones llegando a la otra cera. Así que se fue de granja en granja, buscando aves que se situaban antge la carretera por si querían cruzar, y sino se les empujaba.

Todo el mundo se entristecía cuando el pato, tras siete horas de programa no llegaba al otro lado y había charquitos de sangre.

Por supuesto hubo uno de estos palmípedos que cayo en gracia. El día que cruzo casi nadie dejo de llamar para preguntar quien era ese ánade tan apuesto, (aunque en realidad lo llamaron pato). Así fue como nació el primer presentador pato.

Se llamaba, o más bien lo bautizaron, Alfredo Pato III, y se dedicaba a decirle «Cuac cuac» a todo aquel que telefonease para contarle sus problemas.

Como por ejemplo un día que uno le dijo- «Mi mujer me engaña»

«Cuac»- respondió.

Y-«Vale»- el hombre feliz y contento.

Epílogo: Así fue durante muchos programas en los que solo cambiaban la pregunta pero no la respuesta, al menos hasta que se lo comieron para que parte de el estuviera en todos. Y de esta manera, se creo al primer dios Pato, pero quizás sea esta otra historia a contar en otro momento y otro mundo.

LaRataGris.


Te escuchan

18 febrero 2009

Te preguntan qué quieres, lo que esperas de ellos (siempre son hombres), y qué esperas conseguir al trabajar con (para) ellos. Tú dices la verdad; mientes, sabes que estás mintiendo, pero dices la verdad, el perfil que buscan, la forma de poder comer.

Tu engaño va creciendo día a día, el cansancio se va haciendo un hueco en tu cuerpo, pero sigues con la amplia sonrisa que esta a punto de fagocitarte. Serás una boca que camina, que sólo habla para decir lo bien que te tratan, que no podrías estar mejor que con ellos, hombres, siempre son hombres que te escrutan con la mirada. Te ponen a prueba a cada segundo, no se te puede escapar una sola palabra más alta que la anterior, un soy feliz monocorde, nada de tristezas ni quejas que puedan salvarte.

Intereses comunes, aficionados a lo mismo porque si eres diferente no interesas y, entonces, dices la verdad a todos los que te escuchan.

LaRataGris.


El engranaje

13 febrero 2009

El catorce de septiembre del tres mil veinticuatro un coche se paró en medio de Vía Laietana. En un principio los que iban por delante ni se enteraron, seguían pisando el acelerador aunqeu no se movían del sitio. Detrás, un conductor tuvo que girar el volante para no comerse el parachoques de aquel Ford Juerga que intentaba arrancar sin éxito, el automóvil no le hizo caso.

Un policía que lo había visto todo, de lejos, se ordenaba correr para ir a ver si todo estaba bien, pero sus piernas prefirieron arraigarse en el suelo; solo podía mirar alrededor, a todo una ciudad que se había detenido bruscamente, a la par que aquel vehículo.

Las nubes desde el cielo, el Sol que no se decidía a seguir su curso persiguiendo a la Luna, las horas estáticas en un reloj, … Todo esperando que alquien le diese, de nuevo, cuerda a esta enorme atracción de feria. Pero nadie llegaba, y la gente se impacientaba, pensaban que los despedirían en el trabajo por llegar tarde, que morirían de hambre sin poder ir por comida. Murmullos que se elevaban, pitidos que luchaban por ser los más insoportables, gritos y entre ellos, uno que se impuso por su lógica- ¡Que alguien con móvil llame a reparaciones!- pero no tenían cobertura, se había esfumado con el movimiento – ¿Sirve una cabina!?- claro que sirvió.

Desde que el hombre que se había quedado enganchado en la cabina llamó, hasta que llegaron, sólo pasaron tres días. Con la habitual rapidez y eficiencia llegó un operario vestido con su mono marrón, llevando un maletín imitación de piel.

La gente, que había permanecido setenta y dos horas en el mismo sitio empezó a meterle prisa, sin conseguir nada a cambio. El hombre hizo caso omiso, incluso parecía ir más lento.

Se acercó al auto que inició el embrollo, abrió el capó y le echó una ojeadaa la motor, lo cerró. Miró dentro, debajo y finalmente quitó una piedra de la rueda trasera, la tiró a la papelera y todo regresó a la normalidad.

Cada instante, cada elemento volvió a girar en la dirección de siempre y, nadie, hablo nunca más de aquel incidente.

LaRataGris.


En el umbral de la eternidad

4 febrero 2009

El señor Jorge de Salazar y Vete al Cuerno, que ahora tiene setenta y siete años,, lleva cincuenta y uno buscando el elixir de la eterna juventud.

Comenzó cuando a los veintiséis se dio cuenta que se empezaba a quedar calvo. Después de algo más de dos décadas de desorden y descontrol se gradua, con bastantes méritos y en un tiempo récord, en bioquímica, medicina y genética. Tras esto nadie vuelve a saber de él.

Se encierra en un laboratorio del que sólo sale para comprar cobayas y otro material.

Su dedicación al trabajo es asombrosa, casí no para a comer y mucho menos a dormir. Fallo tras fallo viendo cómo mueren sus conejillos de indias, va minvando su esperanza de ser joven, aún así sigue.

Hoy cincuenta y un años después del inicio de su gran epopea, cuando ya parecía haber perdido toda su fortuna familiar en una quimera imposible, hoy, por fín, una rata ha sobrevivido a todo el material inyectado.

Feliz, apunta la fórmula en una libreta, con todos los detalles de preparación, a fin de que no se le olvide.

Asegurada la fórmula prepara una gran cantidad destinada a su uso Casí tres garrafones de diez litros, el último no lleno del todo. La jeringuilla y todo esta dispuesto.

Cuando va a inyectarse el producto de años de encierro duda.

-» Y si no funciona con humanos. Podría haber creado mi muerte prematura.» Indeciso y temeroso pasa el resto de sus días sin comer, beber o dormir. Delante de los garrafones. Jactándose de que tuvo la inmortalidad en sus manos y se le escapó en el último grano del reloj.

LaRataGris.


Diseccionando un hombre

29 enero 2009

El sujeto a estudiar es un varón blanco de complexión media. Su cuerpo ha sido depilado por completo para facilitar la realización de las incisiones.

A primera vista se nos presenta como una persona normal: ojos grandes y azules, nariz aguileña, labios finos. Perímetro craneal cincuenta y seis, pectorales noventa y seis, cintura setenta y cinco, caderas noventa y ocho. Dentadura incompleta, faltan dos molares y un incisivo, las tres piezas, del maxilar superior. Temperatura del recto normal. Constantes vitales las características de alguien muerto. Hasta ahora no presenta anomalías.

Según veo en el informe su nivel de sangre, azúcar, testosterona es promedial.

Tras este análisis preliminar decido comenzar con las incisiones. Dejo al descubierto el cerebro, el cual esta dividido en dos hemisferios, descubrimiento que me deja perplejo. Un análisis más exhaustivo indica que tiene el peso correcto y esta formado por materia blanca y gris.

Decepcionado hasta el momento he de admitir que no puedo intuir nada que se aleje de lo común, así que decido continuar la autopsia abriendo en canal el pecho, siguiendo la misma tónica encuentro el mismo número de costillas que pueda tener yo, algunas, eso sí, fracturadas, seguramente debido al trato policial al intentar traerlo.

Ningún órgano descolocado, ni duplicado o triplicado o cualquier diferencia apreciable, ni siquiera en peso o tamaño … No encuentro motivo para seguir con el experimento, ya que seguramente se habrán confundido de cadáver y estoy diseccionando a una persona corriente.

Desanimado y sin saber qué buscar reviso la ficha de entrada del espécimen mientras llamo a los guardias que lo trajeron. Ambos confirman lo que ya he leido en el informe: apresado en un bar, vestía totalmente de negro. Inmensa cresta verde, tatuaje y dos pendientes.

Los datos que no se salen de lo establecido, las diferencias con un ciudadano indican la posibilidad de las siguientes hipotesis:

Primera hipótesis: Las personas son iguales a pesar de su vestimenta o aspecto físico.

Segunda hipótesis: Las personas que son privadas de su elemento diferenciador, como pueda ser vestimenta o pelo, recuperan su estado de normalidad

Las conclusiones que puedo deducir son obvias. Se desecha la primera hipótesis por improbable y pido otro espécimen pero que esta vez no le rapen el pelo.

LaRataGris


El cangrejo

21 enero 2009

Mucha gente lo cree;

el cangrejo camina hacia atrás.

Mucha gente lo sabe;

el cangrejo, realmente, camina de lado.

Muchas veces lo hace;

el cangrejo se queda quieto por joderlos a todos.


Fue un día cualquiera, entre semana. La gente corría de aquí para allá. En busca del coche, la moto, autobús o metro para no llegar tarde al trabajo. También Juan dejaba atrás los últimos jirones del sueño, caminando deprisa. Su automóvil se quedo en el taller y por primera vez en su vida el olor a transporte público anegaría su trayecto. Durante trece paradas sentiría agarrotarse su cuerpo oprimido por la marabunta que no deja moverse si no es en una misma dirección. Pasando, al fin y al cabo, desapercibido hasta que la megafonía anunció su parada y el lucho por salir.

Al conseguirlo, cuando subió a nivel de suelo, no fue consciente del revuelo que había formado.

Pasmados, intentando comprender lo que sucedía, los que se habían bajado en aquella misma estación y todo aquel que entraba en el metro, miraron a un hombre desafiar las leyes universales. Juan, anodina mota de polvo, subía las escaleras, como si tal cosa, por propio pie. No usaba las eléctricas, algún ascensor !!!. Se limitaba a apoyar un pie tras otro en las frías baldosas que recubrían los peldaños grises y salio al aire libre, ante el estupor de los que allí se habían congregado.

Cuando por fin, alguien, reacciono gritando- ¡ Mirad es un hombre cangrejo! – el ya estaba oculto en el deambular errático de los transeúntes y no pudieron distinguirlo, actuando como actuaba, como uno más.

-¿¡ Qué sucede!?- dijo el jefe de estación al ver que se iban acumulando viajeros ante las escaleras- ¿¡ Por qué nadie se mueve!?
-El,… el hombre cangrejo- parecía ser la única respuesta- un ser que subia bajando- logro articular alguna voz balbuceante- desapareció, mágicamente, al dejar atrás las escaleras- sentencio una tercera.

Lívido, sin poder asimilar aquel hecho extraordinario, corrió a su garita, para dar, nervioso, el parte de lo sucedido a sus superiores- Como nuestro señor Jesus, al caminar sobre las aguas, se ha obrado un milagro; en mi estación. ¡ Ha de ser el nuevo mesías! Y su gracia a tocado mí estación.
-Corte la corriente de las escaleras mecánicas- fue la orden tajante- Diga que hay una avería, que todos han de subir caminando. Llame a las demás estaciones, diga que hagan lo mismo- añadiendo, más tarde para si mismo- lo que menos necesitamos ahora es un loco con ideas propias sobre como subir unos escalones, podría hacer pensar a los demás y eso sería terrible para el orden establecido, terrible. La única solución sera instalar ascensores. Que no tengan otra vía de acceso. Nadie se quejara por tener que caminar y a la vez no podrán desviarse por otros caminos.

Al volver a casa, al día siguiente, y todas las veces que volvió a coger el metro, Juan no varío su itinerario, aunque nunca más lo miraron.

LaRataGris.


Al final del día

15 enero 2009

La habitación está totalmente a oscuras. O lo estaría de no ser por el leve chisporroteo de un cigarrillo. Juan, sentado en una vieja silla de madera, juega nervioso con las volutas de humo. Se levanta, dos pasos a la izquierda hasta chocar con la pared, cinco a la derecha esquivando la silla y lo detiene una de las largas mesas del comedor. Regresa a su silla, la aparta, se sienta en el suelo, apaga el cigarrillo, enciende otro, … muy nervioso. Durante treinta y cuatro años esperó aquel día, para después no tenía nada pensado y ahora todos quieren que decida, ¿cómo se dejo arrastrar?:

“Hoy a las 12:02 h. se acababa el mundo, la gente moriría en las calles mientras Los Verdaderos Adoradores del Nuevo Milenio se salvarían en el bunker de la comunidad. A la hora predicha se miraron unos a otros, sonriendo, llorando… ¡Habían sobrevivido! Una plegaria a Milenius Y abrazos fraternales.

El padre McAnna, salió con todo su dinero. En la nueva era ya no lo necesitarían, así que era mejor esconderlo antes de que sembrase desconfianzas infundadas en el grupo. Mientras, la comunidad esperaría hasta que volviese con la buena nueva del fin del antiguo caos.

A los dos días hartos de esperarle fueron al comedor, porque ya tenían hambre. A más de uno, mientras preparaba los piemientos le hubiera gustado decir qué pensaba, qué le parecía la situación; más sin un guia espiritual no podían más que realizar actos cotidianos, esquemáticos. Nadie les enseñó las palabras a pronunciar.

Cuatro días entre el comedor y el bunker, cuatro largos días de silencio, hasta que al fin- ¿ Y si volvió mientras ibamos a comer?, ¿ y si no se puede vivir fuera?, ¿ y si ha muerto en el cataclismo? – explotó Juan, provocando con su muestra de lucidez que los demás se arrodillaran a su alrededor, extendiéndole los brazos, susurrándole- Líder, líder, líder- y lo entendió en seguida.

– He de pensar, dejadme sólo. Mientras, adorad a Milenius – Y se quedó sólo, en el comedor, donde bajo luz apagada encendió un cigarrillo o dos, cabiló sobre este asunto y se dio cuenta de que, sin saber cómo, se había dejado arrastrar. Decidió que sus discipulos tendrían que trabajar para hacer más fuerte la secta, para construir un refugio mayor, para estar preparados para el próximo desastre, para que, a pesar de esas obras, sobrase dinero, para el ir a esconderlo, para que ellos viviesen mejor. Y dejó de estar nervioso porque él estaría bien.

LaRataGris.


La marca del hambre

24 diciembre 2008

Como si fuesen la luna y el sol, hay un pueblo africano en el que las mujeres viven un tiempo diferente al de los hombres. Ellas han escogido la noche, alumbran sus grandes ojos con tenues candiles y cosen durante las horas nocturnas por que su pena tiene que pasar desapercibida. Al menos así lo aprendieron de los lechosos principes de lejanos continentes.

– Que verguenza- les dijeron nada más llegar a sus tierras- Las madres africanas dejan morir de hambre a todxs sus hijos, ante las camaras. Cuando lo vemos se nos remueve el estomago.

Además habían esculpido la misma frase en una plaquita, a las puertas de la fábrica de camisetas, en la lengua del lugar, para que nadie pudiese decir que no la entendía.

Fue facil hacerlas sentir mal, al fin y al cabo era cierto que escaseaban los alimentos, y el orgullo las llevo a tejer para la factoria. Escondian las barrigas desnutridas con cada prenda que acababan, eran del tallaje ideal, justo el tamaño de un europeo medio servia para ocultar sus carencias.

Cuando ni astro, ni satelite coronan el cielo, justo en el momento en que se cambia la noche por día estan lxs niñxs en fila india. A duras penas se aguantan en pie, esperan frente a las puertas de las costureras el regalo prometido.

Solo una camiseta – ojala se pudiese comer- piensa más de unx. Aún así no dicen nada, recogen su premio y se marchan arrastrando los pies, cayendose siempre, a medio camino de la nada, donde se dirigian con poca decision. Sin fuerzas para levantarse, se quedan tumbados, como dormidos sobre el duro colchon de tierra. Al pasar las madres, viendolos allí tiradxs, los arropan o más bien esconden sus cuerpos bajo los pliegues de la ropa. Así nadie explica que mueren de hambre, ¿quien ha de morir jugando al escondite bajo el obsequio de las mujeres?

Amanace y el sol es tan apabullante que parecen ser dos los que brillan. La gente, acostumbrada, no le da importancia. Salen descalzos a la arena de la sabana, donde les espera el trabajo.

Esta tierra yerma en otro tiempo, florece hoy con una extraña planta hecha de tela. Como surgidas de las entraña más profundas del planeta, se esparcen montañitas de camisetas aquí y alla, sin orden aparente. Los recolectores comienzan su recogida con la tranquilidad de saberse poseedores de todo el tiempo del mundo.

Bajo cada montoncito aparecen los huesos de niñxs pequeñxs, como si se tratase de las semillas que el viento trajo. Tan normal como la vida nadie les hace caso hasta que un novato grita en un dialecto que pronto desaparecera- este aún esta vivo.

– Tapalo y deja que se seque- le contesta el resto. El hombre les hace caso y tapa lo más feo de su pueblo para que nadie sufra con su vision. Los lamentos del niño son ahogados por el santo sudario de marca.

Como un cuento que no tiene un final feliz, todo signo infantil se va desvaneciendo, como polvo esparcido. Las costureras dejan de coser. Lloran sus perdidas secando las lágrimas en la tela que les dio el hombre blanco. Sin nada que esconder, su trabajo se vuelve inutil y dejan de hacerlo sin más ya no reporta beneficios y la fábrica se traslada al pueblo de al lado, donde aún quedan niñxs pequeñxs a lxs que explotar, aunque sea de forma colateral.

LaRataGris.

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