Lobo

9 abril 2018

Disculparemos su comportamiento pues es un lobo, de traje y corbata, de buenas maneras pero un perro salvaje. Eso ha de ser un atenuante, le puede el instinto, no lo culpabilicemos.

Tanto da que trate de aparentar elegancia, que bese el suelo que pisas o recite versos bajo tu ventana. Cuando veas su morro alargado husmeando, su pelo gris ceniza y los dientes apretados como trampas para osos, relamiéndose de hambre, aunque el miedo te azuce, no tengas reparos en señalar.

No es un cachorrito inocente ni en la primera dentellada. El lobo ha aprendido a esconderse en la manada, se justificara en su delirio- clemencia- aullara mientras culpabiliza a la víctima. Dirá de ti que eres humana, que por eso cometes errores, que nadie te tiene que perdonar, a él si, solo actúa según su piel.

El verdugo quiere que le veamos como a uno de los nuestros, tu, en cambio eres la mala. Pero no lo vamos a consentir, si tu eres una diabla nosotros también, cualquier cosa antes que un él.

LaRataGris

Cucarachas salvajes

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1 octubre 2017

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Un traje para el emperador

15 mayo 2014

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Co-acciones laborables

1 mayo 2013

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Perseguidos

28 septiembre 2011

Nos habíamos convertido en bichos raros. Ya lo eramos pero empezaban a señalarnos sin pudor, sin disimular una falsa indiferencia. Nosotros tampoco queríamos aparentar su normalidad. Eramos lo que se veía siendo felices y sin hacerle daño a nadie.

Una carta oficial, correctamente sellada y doblada fue la primera amonestación- somos más- parecían querer decir- depongan su actitud, intégrense, simulen, finjan… no busquen algo distinto aquí- Se habían repartido el mundo. Delimitaron las fronteras de cada continente, país, ciudad o pueblo. Fuimos bajando la escala. Nos olvidamos del barrio, la calle, el piso. Llegamos a buscar un lugar microscópico, un rincón de la casa al que no entrase la luz diurna, una insignificancia en la que escondernos para ser libres. Pero estábamos archivados, un caso al que perseguir por ser diferentes.

No nos amoldábamos a las situaciones predefinidas, necesitábamos una solución, ser números, grises, modélicos y silenciosos. Entonces llegó la amenaza. Iban a estudiar nuestro comportamiento, vigilarían nuestros pasos y cualquier error, por pequeño que fuera; llevar los zapatos desatados, tropezar, caerse, caer… caeríamos en alguna de sus trampas.

Desesperados buscamos tierras sin habitar, lugares vírgenes, sitios donde poder fabricar nuestra propia libertad. Pero no existían en los mapas, no los habían dibujado. El mundo era un padre protector y autoritario gritando que bajo su techo sus normas y, para asegurarse el respeto, había tapiado el cielo, su hogar era el infinito y no podíamos huir más que en círculos sinsentido.

Una segunda inspección sorpresa nos atrapó fabricando un cohete a la luna con cajas de cartón. Nos pilló pintando víveres y sueños. Destrozaron nuestras fantasías por que eran raras y distintas a las de los demás. No habíamos entendido las consignas así que nos construyeron máscaras de metal de sonrisas tatuadas, armaduras pesadas, ataúdes para moldearnos una nueva forma de ser.

LaRataGris